5 de septiembre de 2008

Pretérito

Padre me dejó un cd de tangos, yo por negligencia no tendré a quien dejárselo, tal vez por ahí aparezcan algunos sobrinos que lo rematen al peor postor, no lo sé. Pero estaba escuchando ese cd cuando decidí escribirte y proponer volvernos a ver, como se dice por los viejos tiempos, por volver a inhalar ese aire de cuando teníamos 19 y 23. Supuse bien con que te casaste, al único que se le ocurre envejecer solo es a mí. Con permiso de tu esposo, y yo sorprendido porque hayas tenido que pedirlo, llegaste al viejo café de la esquina, quizás la única razón de que no me mude del centro.

Nos vimos y saludamos, con risas arrugadas y cansadas, con dientes algunos postizos, con plata en el cabello, con tus intentos de ocultarla. Dos whiskys, ¿ya no bebes?, bueno pasemos al café. Disculpa no sabia que ahora te molesta el tabaco, a mi me molesta el hígado, pero ese canalla se cansa antes. Y sí, el hígado o los pulmones o el olvidarme de las cosas fueron las causas de que te escriba, sentí angustia ¿sabes?, tuve miedo de olvidarme de ti como de algunos meses en París. Aunque antes no tosía tanto y bailaba mejor. Parece que si te fue bien, escuche algo de tu esposo ¿muy exitoso verdad?, y 2 hijas, vaya supongo que tan bellas como su madre. No, no tengo empleo, vivo de lo que tengo en la cuenta, menos mal siempre fui ahorrador, bueno pero ahora es tu turno de hablar no, eso sí cambie, antes no paraba de hablar, interrumpía, pero dale, empieza...

Sí, ya te tienes que ir, se hizo tarde y para nuestra edad, te acompaño al taxi, no, no es que haya estado callado, no, es solo que pensaba en lo que me decías, sí claro te escribiré mas seguido, sí cuidare los pulmones, sí el hígado también. Claro, dos besos, uno por mejilla como la canción y como antes. Adiós.

Como la canción, por lo menos, y lo único que fue como antes, es que si te interrumpía era porque me compenetraba en tus asociaciones de ideas, me unificaba contigo. Ahora cómo buscabas que yo pudiese hacer eso, si de hipotecas no sé nada, mucho menos de adolescentes rebeldes, de las otras mujeres de tu esposo. Cómo podría interrumpirte en ese mundo tan ajeno, que parecia estar en una mesa de restaurant extranjero, cosmopolita, mas no en este cochino café de la esquina. Vaya que paso el tiempo, eso si te dije, vaya si la vejez es cruel con uno, eso lo pudiste ver, y es que fui negligente no solo en llenarme de amores imposibles sino en quedarme como me dejaste, tú cambiaste mucho, se podría decir que envejeciste con tu cuerpo, es difícil intentar ser como antes cuando eres ama de casa, es difícil madurar, como tú lo llamas, cuando siempre eres el borracho de las 6. Tus ojos siguen claros y no lloro porque ahora tu mejilla este arrugada o tu cabello pintado de un color diferente, ni siquiera me entristece que tus manos ya no sean suaves, que tu sonrisa esté fría, que ante el cd de tangos en el café no se te encrespe el alma, no lloro porque no bailemos esta noche, lloro porque nunca más serás esa que volaba bajo, que me interrumpía, que yo le interrumpía, ese sueño de martes que venia, esa usurpadora de Abril. “Perdón si me vez lagrimear, los recuerdos me han hecho mal”. Calla ya ese maldito cd de tangos.

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