23 de febrero de 2013

Sirena

Gota gota se arma el charco en tus pies. Me convidas la sangre del anterior agonizante, se siente su leve respiro a lo lejos y se ve en tus ojos el goce por su final. Hay un fondo de escena que muestra rezagos de su tragedia, de tus condenas.

Tu voz va calando como canto de sirena; nos va encantando y a su vez, poco a poco, nos va sumergiendo, despojándonos, sin darnos cuenta, de las defensas, quitándonos la fuerza para salir a flote. Ya en la inmensidad de todo, perdidos de la lógica, sólo oímos tu voz que nos convence a seguirte hasta que, nos sueltes para deleite tuyo.

A lo lejos se ve tu sonrisa partiendo, ya agarraste tu bolso y acomodaste tus atuendos, en el alboroto del lugar se ve los recuerdos de tu estancia, apenas si respiro, apenas si te miro, no hay fuerzas para detenerte, en tus ojos se ve el goce por mi final y en los míos queda el infame placer de saber que habrán mas condenados.

El vals escondido



Yo no puedo bailar solo, así que vamos paso a paso, danzando un valsecito escondido en cualquier bar de la capital mientras el ruido y la rutina esperan su oportunidad para abrumarnos, sigue mi paso si quieres escapar del calendario.

Yo no soy vencedor de grandes batallas, así que baja tus defensas mientras yo sigo con mis ataques timoratos frente a tus ojos, destruye los muros de tu fortaleza mientras buscamos refugiarnos en un abrazo breve y eterno.

Yo no soy el mejor de los ilusionistas, así que disimula un poco si me equivoco, si en mi torpeza fallo algún pase mágico o nunca encuentro conejos en mi sombrero, ayúdame a sorprenderte con la verdad que escondo detrás de más de cien mentiras.

Yo no soy lo que tú esperas, nunca lo he sido, soy como ese trago oculto que no figura en la carta del bar, ese que solo tú conoces, el que solo tú puedes pedir, el que espera por ti para bailar un valsecito escondido en cualquier bar de la capital.

17 de febrero de 2013

Tu salvación



No tengas miedo, yo voy a protegerte pase lo que pase. Supe que te defendería desde el primer momento en que te vi, eres tan hermosa que no pueden ni notarlo, eres tan guapa que me jugaría la vida por ti. No les hagas caso, ellos dicen que estás enferma, pero en realidad no pueden apreciar la magnitud de tu brillo, les falta esa facultad para poder mirar detrás de tus ojos o debajo de tus cabellos, no llores linda, yo te voy a cuidar.

Vas a ver, voy a convencerlos con mis mejores argumentos, no tendrán más opción que liberarte, y si no hasta he pensado en elaborar tu fuga. Mírame, regálame una sonrisa, yo soy tu salvación, el destino hizo que vinieras a mí, tengo que sacarte de aquí, aunque ellos crean que estás loca solo porque pasas todo el día sentada en ese rincón repitiendo esa canción tan linda que me gusta tanto, aunque ellos digan que asesinaste a alguien, yo no percibo una pizca de maldad en tu diáfana mirada. No temas, yo soy tu salvación, y te sacaré de aquí ya lo veras, y seremos felices, lejos de todo, solo déjame encontrar la forma de salir primero y ya lo veras, ya lo veras, seremos felices, yo soy tu salvación y tú la mía.

10 de febrero de 2013

Solo Para el Fumador



A Julio Ramón Ribeyro



Para quienes hemos renegado de casi todas las creencias que trataron de inculcarnos nuestros padres es necesario inventar pequeñas tradiciones que compensen esa necesidad primitiva del alma por los ritos y las ceremonias. 

Es por eso que todos los 4 de diciembre recuerdo la partida de mi escritor peruano favorito Julio Ramón Ribeyro, con una serie de detalles dignos de la más grande ceremonia católica. Primero llevo bajo el brazo alguna copia de “La palabra del mudo” o “Prosas Apátridas”, compro un paquete de cigarrillos y salgo a cumplir con mi aburrida rutina (valga la redundancia) recordando mis pasajes favoritos de su obra. Aprovecho cada pausa del día para hojear algo de lo que él escribió, pienso en lo que fue como persona y ensayo una imposible charla con él compartiendo el mismo encendedor. Al final del día empieza la procesión, el hombre que despertó en mí el gusto por los relatos cortos, los cigarros y las ficciones sobre los marginados tiene un busto poco conocido en un ovalo de la Av. Pardo, justo en el lugar donde se desarrolla parte de su cuento “El próximo mes me nivelo”. Este busto flota desolado entre la brisa que viene del malecón y los buses que van hacia la Av. Del Ejército, por eso desde donde el destino me haya ubicado ese día comienzo mi peregrinaje hacia esta plazuela invisible en medio de Miraflores. Voy fumando cigarro tras cigarro encendiendo el siguiente con los restos del anterior, pero siempre dejando por lo menos uno, una última bala para cuando llegue a mi destino.

Ya en el altar solitario de Julio Ramón, le enciendo un cigarro, se lo pongo como humilde ofrenda y repito las frases que he ensayado todo el día, le cuento alguno de los argumentos que se me han ocurrido pero que por flojera nunca concreto, él no contesta, curiosamente esta mudo, y ya algún cabo de servicio comienza a verme inquietamente decido emprender la retirada hacia mi casa para no tener que darle explicaciones por mis actos.

Todos los 4 de diciembre por las noches, espero que mis padres se duerman y abro las ventanas de la casa, enciendo un cigarrillo tímido con la esperanza de que nadie lo perciba, me quedo al borde de la ventana cerrando la noche con alguna frase de Julio Ramón en la cabeza. Pienso en escribir este relato mientras las cenizas de cigarro caen hacia la pareja de adolescentes que empiezan a descubrir el amor bajo mi casa, ellos protestan por mi falta de consideración y por mi voyerismo, y yo les pregunto ¿Qué hacen tan tarde metidos en mi cenicero?


9 de febrero de 2013

Trueque


No te cuestiones y permite que la noche se consuma con nosotros, las sábanas pueden ocultarnos muy bien y tus manos ya me saben detectar. Ya entendimos que si el corazón tiene alguna cuestión, será por alguna aceleración, lo demás, es narrativa que hoy no deseamos leer.

Puede haber muchas despedidas pero el secreto que guarda tu sonrisa en cada partida, lleva escondido los actos prohibidos por él, pero no hay nadie más invitado a la alcoba y menos a quién ahora te espera en la puerta de tu casa para invitarte a cenar o pasear por otros lares.  No te preocupes, sé respetar los procesos y dejar al tiempo enseñar.

Después que el viento transcurra y entre los labios te quede parte del  recuerdo, no temas de pasear por acá, estaré sin cuestiones dando abrigo entre mis sábanas, cada vez que el condenado se olvide los detalles, haremos trueque pecado por pecado y sin peticiones de amores paganos, seremos amantes cada noche que él nos dé la espalda.

No te preocupes



Es cierto que tus manos buscan mi cuerpo, mientras mis ojos buscan tus ojos; que el tiempo es corto y las excusas necesarias. No te preocupes y deja suelto el corazón, tú y yo sabemos que la pasión es una necesidad, pero el amor es un bien suntuario. 

Ya no hay palabras entre los dos que falten, ni besos, ni caricias que nos queden por inventar; pero sobran tus reparos y ese amor que andas jurando a otro que te espera desconociendo parte de la historia. No te preocupes, eventualmente, ira entendiendo la profesión de compartir, de compartirte.

Y cuando todo haya pasado, no temas que pueda buscarte, trataré de ser tu cómplice en esta mentira, siempre al alcance de tu mano o de todo lo que quieras, siempre callado y a la disposición de tu horario. No te preocupes, solo aspiro a amarte cuando me lo permitas y puedo sufrir mil noches de soledad por una contigo.

3 de febrero de 2013

Días después


Quizás tu mirada se halle perdida en la rutina, quizás te encuentres, luego, en las mías. Puede que mañana sea una mañana difícil para los dos. La sentencia de la claridad de las cosas que nos condena a una sonrisa pausada y a una mirada compasiva. No prometo volverte a buscar, ni te diré si me detengo un rato durante el camino. El viaje será largo y cada vez más distante. Distante a esa casualidad traviesa que nos permitiría volver a cruzarnos. No te preocupes por mi falta de abrigo o mi desorden que no sigue a la rutina. He aprendido algunas cosas nuevas en estos tiempos. Entiendo también tu partida. Sé que es la conclusión de varios días analizando. Algún día volveremos a llamarnos para contarnos de los días sin mí, sin ti o quizás nos extraviemos en el tiempo y quedemos como un recuerdo borroso que tan sólo se sabe que se sentía bonito. Mañana viene también ella y no le hablaré de ti como lo hice de ella ante ti, sólo para aminorar los errores dados, para no volver a pisar los mismos hoyos del que tanto nos costó salir en otros tiempos. Mañana, será mañana lo que nos prometa algo mejor para los dos.