21 de noviembre de 2011

Silencios compartidos



A Christian y las ausencias.




Quizás el tiempo nunca nos convenza de que las cosas tenían que terminar así. Es probable que andemos algo despedidos de este mundo con cada pérdida. Posiblemente haya momentos en que simplemente quieran negar todo y a todos. Puede que mañana cueste más la mañana y que su nombre sea el remolino que nos lleve a un pasado que se añora. Llorar no es un pecado, ni cosa de niños, es la expresión de la impotencia, el grito reprimido por tiempos de fortaleza, es el reclamo no oído por tantos días interrogando, es demandar por llevarse a quien amamos, ese intento de apagar los silencios, esos silencios que tanto compartimos. El dolor será bienvenido porque es en respuesta del amor más bello que se tiene y porque será un pasajero inconstante sin habitación ni abrigo. No preocupar, la sonrisa será producto de la satisfacción que nos da haber entregado dedicación y amor a quien nos dio lo mismo y más. La calma posterior se dará por esa extraña sensación para algunos y certera expresión para otros de que aquella persona sigue presente entre nosotros. No dudar de la futura tranquilidad y recordar siempre que el sueño será vuestro refugio para con ellos y los logros la mejor expresión de las promesas cumplidas. Ayer dejará de ser un ayer del olvido y tus lágrimas y su despido serán los protagonistas que confirman de que la vida es bella compartida y la despedida sublime cuando se acepta más no se entiende.

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