Yo sé que andas por ahí,
que caminas también entre nocturnidades, yo visito tu casa desde mi ventana y
me voy contigo por otros lares, aunque siempre me olvide el equipaje pero nunca
me olvide el paraíso. Ese que se pinta a través de tus ojos, y que se muestra
de manera pintoresca a través de los míos. Yo pintare tus ojos en un papel y
culminare tu rostro en mi pared; mientras bailamos con el sol dibujado y la
luna curiosa, mientras caminamos entre calles silenciosas, donde rebotan
gotitas de viento, de tiempo, de sueño. Yo comprare espacios para soñarte en
plena sonrisa espontánea y para soñarme sin nada de cambio, sin nada
de vuelto. Luego, tú subirás de puntillas, flotaras en la nocturnidad del cielo y
respiraras en el silencio mientras llegues a la altura de mi cobijo y cantarás
en tono de susurro, hasta que te encuentre.
10 de julio de 2014
17 de junio de 2014
Solo tú
Ahora ya nadie me escucha, solo tú. Ahora es tu jardín mi
mejor amigo, y tu nombre el único que me espera. Ni los jóvenes, ni las
mujeres, ni la casa que compré, ni el auto que conduje, ya nada me pertenece,
solo tú, tú en mis mañanas y tú en mis recuerdos.
Tal vez no me siguen porque no saben dónde voy, tal vez no me ponen
atención por temor a entender. Quizás quieren olvidarse también de mí, quizás saben
que no tengo a donde volver, que solo me quedas tú jugueteando en mis
recuerdos, segura bajo mis brazos, ahora indefensos.
Es tan raro el amor, se la pasa hablando del futuro, y cuando este se va, se la pasa añorando el pasado; mi pasado que está lleno de ti, de tus risas y tus palabras, de esas caricias que dejabas caer en mi pecho ahora lejano.
Nunca podré agradecerte el tiempo que pasaste conmigo, las
cosas que construimos y las noches que dormiste a mi lado. Pero sobre todo,
nunca podre agradecerte que sigas aquí, que vengas fielmente a visitarme,
esperando el día en que durmamos juntos nuevamente, bajo el mármol que nadie quiere
mencionar.
19 de abril de 2014
Migajas, grillos y ella
Andaba sentado mientras se
escuchaba el desfile de los grillos alrededor de aquella pileta. Yo me iba
desarenando, desagregando, mis manos se disolvían ante mi atónita mirada.
Quería gritar, escapar, pero era un poco tarde para cambiar todo eso. Me estaba
convirtiendo en migajas de mí y las primeras hormigas curiosas ya habían dado
con mi paradero. Mientras ellas marcaban el camino y se llevaban los primeros
trozos. Yo pude verla a lo lejos. Ella tenía la sonrisa de una chica de
diecisiete, caminaba como mujer de veintiocho, miraba como de cuarenta y dos.
En su silueta desfilaban 25 firmes años, en su voz se escuchaban algunos más.
Era indescifrable su verdadera edad, pero no importaba en esta instancia. Mi fe
movió infinidades de constelaciones, tapó los hoyos negros, logró expandir y
juntar el universo, volver a encaminar nuestra creación y sin embargo ella sigue
tan lejana a mí.
Quizás no se comprenda bien. Era
jueves ese día en que la conocí. Ella tenía grillitos en la garganta que
ocultaban el verdadero sonido de su voz. Era inevitable nuestro encuentro, era
inevitable porque yo la busqué, le hablé, le sonreí y fui capturando como una hormiga cada trocito que ella iba cediendo al hablar, cada expresión,
tiempo, sonrisas, querer...
Era inevitable y era jueves ese día. Yo andaba con un charanguito jugando a acariciar sus delgadas cuerdas, repetía las canciones en coplas más pequeñas, melodías más cortas, buscaba comprimir sonidos, dejar los caminos entre las cuerdas de este instrumento. Ella encontró esos caminos y bailo también, entre mis cuerdas, entre mis dedos. Tenía zapatillas azules con unicornios del mismo color, sus piernas se recorrían con gusto, su vientre tenía un reposo, sus senos los fui escalando, en su cuello me deje resbalar y en sus labios fui armando mi carpa con sabanas de sus parpados. Descubrí sus sueños, me encanté con ellos, descubrí sus miedos y me espanté también con ello. Es cierto no está ni remotamente tan cercana a mí. El invierno queda en el camino, yo me desmorono, me desagrego y sigo sin poder lograr volver a capturar lo que nos unió en otros tiempos.
Era inevitable y era jueves ese día. Yo andaba con un charanguito jugando a acariciar sus delgadas cuerdas, repetía las canciones en coplas más pequeñas, melodías más cortas, buscaba comprimir sonidos, dejar los caminos entre las cuerdas de este instrumento. Ella encontró esos caminos y bailo también, entre mis cuerdas, entre mis dedos. Tenía zapatillas azules con unicornios del mismo color, sus piernas se recorrían con gusto, su vientre tenía un reposo, sus senos los fui escalando, en su cuello me deje resbalar y en sus labios fui armando mi carpa con sabanas de sus parpados. Descubrí sus sueños, me encanté con ellos, descubrí sus miedos y me espanté también con ello. Es cierto no está ni remotamente tan cercana a mí. El invierno queda en el camino, yo me desmorono, me desagrego y sigo sin poder lograr volver a capturar lo que nos unió en otros tiempos.
Y tú qué sabes de mí, de los viejos
faroles, de las calles altas, de las ventanas abiertas esperando el viento que ya
ha pasado por los abandonos de las azoteas. ¿Qué sabes de mí? Sabes que a esta
altura no he aprendido a volar, a esta distancia no te puedo alcanzar. Acaso
has visto las lucecitas que escapan de los edificios sin temor a la neblina
acaparadora. Me ves que estoy en medio de la calle caminando desnudo, después
de haberte dejado casi todo en el cuarto contiguo. Disculpa si extravié tu risa
y confundí tu mirada, si éste vientre en el que reposo no es el tuyo, perdona
si esta noche de ventanas abiertas te sigo teniendo tan distante a mí. Es complicado
alcanzarte, quiero que lo sepas bien para cuando te animes a girar la mirada.
Es complicado alcanzarte si se están llevando migaja a migaja mi ser.
17 de abril de 2014
Sin pista de aterrizaje
Voy a viajar de
nuevo a tu risa y disculpa si la pista de aterrizaje está ocupada, si la
comitiva no está preparada para mi llegada o los climatólogos hablan de tiempos
difíciles.
Debo confesar
que poco me importa, prefiero buscar ese paisaje encantador que alguna vez compartimos
y caer entre tus labios dibujados con excusas al deleite y al gusto por tu sonrisa.
Buscaré esos mimos que complementan más mi dicha e iré por caminos extensos, siguiendo
las líneas naranjas que se escapan entre las nubes o iré en plena nocturnidad por
donde se junta la mar con la noche. Iré como te prometí aquella vez en que tus
ojos hinchados se despedían y mis manos temblorosas te acariciaban por última
vez.
Así que ya sabe,
viajaré hasta tu risa con alguna escala por tu nariz traviesa, me acomodaré en
el cobijo de tu pecho, bordearé tu cintura y en tu mirada me detendré.
En el camino,
soltaré el equipaje de recuerdos vanos para perder algo de peso, pero llevaré
la intención en los bolsillos de la camisa. Usted decida si me recibe, si en
una tarde cualquiera recoge un poco de esa nostalgia maldita y alza la mirada
buscándome, me acomoda la pista de aterrizaje, deja en el suelo sus recuerdos
vanos y nos largamos a disfrutar un poco de nosotros por otros lados.
20 de marzo de 2014
No te voy a dar los detalles (Confesión hallada en un Smartphone)
Cualquiera puede cometer un error, hacer el ridículo o
equivocarse en público. Sin embargo, en estos tiempos es muy fácil que esta humillación
se vuelva viral, cualquiera con un celular puede filmarte en tu momento de exposición
y ¡bam!, ya eres parte de una tendencia donde medio país se burla de ti. No te
voy a dar los detalles, seguro ya me reconociste y sabes de lo que hablo, en
fin, a mí me afecto mucho ser el hazmerreír de internet por esos días, mi comportamiento
ocasionó que me despidieran del trabajo y como en ningún otro lado me iban a
contratar por un buen tiempo, tomé el dinero de la liquidación y decidí viajar
a donde nadie supiera de mí y donde nadie hubiera visto jamás ese video.
Kuala Lumpur, el nombre se me hizo tan familiar y tan
extraño. Malasia, nunca encontré razones de porque elegí ese país, solo entré a
la agencia de viajes y me pareció que la vendedora me reconoció del video, me
puse nervioso y escogí el nombre más lejano y menos extraño como destino.
No te voy a dar los detalles, pero fue muy tedioso el viaje
de Lima a Kuala Lumpur (con todo y escalas), una vez ahí no supe que hacer, me
perdí con el idioma y aunque ya nadie me reconocía ni escondía una burla
volteando el rostro, me aburrí rápidamente de esa ciudad, entre a otra agencia
de viajes, la vendedora no parecía reconocerme, más tranquilo busqué un destino
con mejores referencias que mi actual parada y compré solo un pasaje de ida
a Beijing en el vuelo del 8 de marzo a las 00:00.
El avión salió poco antes de la 1 de la mañana, éramos más
de 200 pasajeros y aproximadamente 15 tripulantes, no te voy a dar los
detalles, pero alguien en el avión me reconoció, me miraba y trataba de ocultar
una sonrisa burlona sin conseguirlo del todo, posteriormente pareció no
importarle y estalló en carcajadas, comentaba con las personas cercanas a su
asiento y entre todos me miraban y reían seguramente recordando el video aquel
que me hiciera tristemente célebre. Enfurecí como nunca lo había hecho en mi
vida, la carga de todos estos últimos días post-video pareció acumularse a 10,000
km sobre el mar. No te voy a dar los detalles, pero tomé el control del avión, lo
que pasó después ya ni yo puedo recordarlo, solo sé que en un impulso
autodestructivo fallé en mis maniobras de piloto primerizo, y caímos al mar. Algunos
murieron instantáneamente, otros se siguen aferrando a la vida entre los
escombros, yo nunca había sentido tanta tranquilidad, mi cuerpo va a la deriva,
entre los restos de un avión perdido y uno que otro cadáver, sin
preocupaciones, sin horarios, sin gente que me critiqué o se burle de mí. ¿Alguna
vez te sentiste tan libre?, yo nunca. Escribo estas líneas en mi Smartphone por
si es que alguien las logra encontrar entre los despojos de la nave para que no
queden dudas de mi accionar. Ahora me voy en tranquilidad, flotando sin ningún motivo,
sereno y suave hasta que mis extremidades se rindan y pueda por fin descansar.
24 de febrero de 2014
Entrelineas
Ella dijo algo, no sé muy bien qué, pero ella mencionó algo.
Entre tantas líneas y entre tanto ruido, ella soltó algunas palabras que nunca
llegué a entender, pronunció algún murmullo y luego continuó con la charada que
jugábamos esa noche y que yo nunca llegué a entender. Yo estaba tan perdido en
mi discurso, haciendo malabares con las palabras y con las citas de autores
desconocidos, mientras ella jugaba a adivinarme el pensamiento y se adelantaba
a mí, lo suficiente como para mencionar unas palabras lejanas que nunca alcancé a escuchar, que quedaron flotando entre
nosotros, listas para que cualquier buen cazador las atrapara, aunque a mí se
me escapaban entre los dedos.
Ella calló algo que quería gritar, y yo nunca tuve palabras
para rellenar nuestro silencio, ni para tentar a su lengua o ablandar su
corazón. Y al final de la noche más larga de ese año, nadie mencionó las
palabras escondidas bajo los argumentos, ni buscamos en la sombra del otro el
final de todos los silencios.
4 de febrero de 2014
El libro de los finales perdidos
Esta no es una teoría valida, ni tiene forma de rebatirse.
Tampoco es el resultado de un largo estudio o reflexión filosófica, simplemente
es mi esperanza que busca un poco de consuelo esta noche larga y con memoria. De
todas formas, nadie sabe a ciencia cierta que hay detrás de todas esas variables
que no podemos cuantificar. Si el destino está escrito o si el tiempo es
irreversible, siempre serán enigmas para nosotros.
Yo he decidido creer, como cuenta aquel viejo manuscrito,
que en algún lugar del mundo alguien está escribiendo el libro de los finales
perdidos; y están contando nuestra historia tal cual empezó, pero con un
desenlace diferente. Esa persona conoce mis errores y tus silencios, y sabe que debí decir y que debiste hacer, describe el beso que nunca te di y reproduce nuestra primera charla después de hacer el amor. Él me puso el coraje que me
faltó esa noche en la que hablé demasiado y dibujó tus manos alrededor de mi cuello
como nunca lo hiciste.
El libro tiene todos los finales que hemos perdido, ese
donde tú y yo criamos dos niñas preciosas y todo lo que buscabas te lo pude entregar. También escribe, porque no, otros
finales nuestros, con otros personajes y en otros escenarios, el romance que
viví en Buenos Aires, tu aventura con el vecino de enfrente, mi relación con la
amiga de mi hermana, tu amorío con aquel compañero de la infancia. Y en alguna página, o en cualquier capitulo, debe contar la
historia que estamos viviendo, todo lo que hemos pasado después de la noche en que el camino se bifurcó y la mala
fortuna de morir sin tu amor.
23 de enero de 2014
Encontrando la cordura
Serán tus ojos los que hoy fulminen cualquier
curiosa búsqueda de los míos. Y serán tus palabras las que hoy convenzan a mi
locura.
Tendremos que hacer una tregua para que me
permitas el escape sin daños, ni afectados, una tregua que no te permita que
seas mi victimaria, ni que disfrutes de mi agonía por culpa del rencores o
vanidades.
Te lo diré una vez y cogeré mis argumentos para
darme el envión a la salida,
me prometeré no volver y sabrás que esta si es
mi despedida.
Te lo diré otra vez, si la casualidad nos encuentra
a la salida
y así sabrás que hoy no te estaba jugando una última
mentira.
Y si mañana llegan los últimos mensajes de esta despedida,
si mañana llegan recién a calar en tu
nostalgia.
Sabrás que yo anduve queriéndote de a poquitos;
cada vez más intenso, cada vez más sostenido,
pero también sabrás que en la nocturnidad de lo
acontecido
yo me fui con las derrotas sumadas,
con los versos restregados
y ese querer loco que poco a poco,
entre tanto golpe, entre tanta derrota
fue encontrando su cordura.
21 de enero de 2014
Frases en tu espalda
De noche vuelven las líneas, de noche se esconden y se guardan en tu piel, entre tus hombros, tus muslos, tu vientre. Frases que te recitan y te retratan en la oscuridad. Frases que se me resbalan de la yema de los dedos y te llaman, te jalan, te aprisionan hacia mi piel desnuda y te cobijan con tus encantos, tus cantos, tus tantos. De noche se esconde tu sueño para dejarte correr y no te aprisionen con tanta rutina. De noche, hoy que andamos convidándonos la alcoba, vamos dejando que nos callen los argumentos. Tu risa, mis besos y los mañanas inciertos.
4 de enero de 2014
Mierda
Este mundo esta tan hecho de mierda, que no nos podemos
imaginar los delitos que han cometido nuestros vecinos, las transgresiones que
han hecho nuestros padres, y los secretos que esconden nuestros amantes. Basta con
mirarse uno mismo para encontrar todos esos actos horrendos que nunca nos
atreveremos a confesar. Políticos, médicos, asesinos, militares, religiosos y
quinceañeras, todos aportamos un poco más de mierda al presente, hacemos daños
y somos egoístas, atropellamos al prójimo por avanzar así sea un solo centímetro,
jugamos con el alma y los corazones de nuestros hermanos, nos engañamos y
olvidamos nuestras acciones porque nadie podría vivir con tanta culpa.
Llenamos la pantalla de poesía, flores y colores, para
cubrir la hediondez que llevamos por dentro, crímenes, odio, envidia y rencor. El
peor se aprovecha del malo, y al menor descuido somos víctimas de cualquiera,
sin excusa suficiente y sin demasiada razón. Las heces nos han cubierto y forman
parte de nuestra alma y de la sociedad, juzga mal y acertarás, prepárate para
lo peor, y no confíes nunca en mí.
Y en esta tierra perdida, en esta ciudad que apesta y se cae
a pedazos, nace tu amor como una flor rebelde, que brilla más entre las sombras
de tanto odio y crece ingenua y frágil retando a la oscuridad. Y en esta tierra
sin dios, sigue creciendo, la flor que estas cultivando, para mí, para mí, para
mí.
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