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21 de septiembre de 2013

A velocidad de tardón

Aún sentía el frío de la madrugada, a pesar que las cobijas de la cama me protegían de ello. La noche no hacía sus últimos despidos y algunas horas de pelea con el sueño, me conducían a seguir sosteniendo la idea de mantener mis ojos cerrados. ¡No confíes en que despertarás! Alguna vez escuche aquello. No confíes en que te vas a levantar de la cama a la hora indicada, en el minuto preciso, no confíes en esos cinco minutos más de sueño. Yo estaba apenas en el comienzo de ello, podía ver desde mi ventana la luz de los faroles y los conos de neblina que se formaban ahí. Eran las 5:03 am. Un freno exagerado de algún conductor que en demasía de copas o en demasía de adrenalina, optaba por acelerar su vehículo, me había despertado de aquel sueño sin recuerdo alguno, ese estado de olvido en el que muchas veces deseamos quedarnos. 

¿Conocen la rutina no? Las 5:00 am. avisan ya que te falta una hora para salir de la cama. Dicen que no hay nada mejor que saber que aún puedes seguir durmiendo. Voy sintiendo el peso del cuerpo, deben de haberlo sentido. Como cuando te tiras al mar boca arriba; el cuerpo cae ligeramente antes de salir a flote, viene una sensación de hundimiento producto de alguna  inseguridad inconsciente, luego de un silencio corto pero intenso sales a flote y solo miras la amplitud del cielo. Nubes que bailan con los vientos, como ideas que te revolotean en la cabeza. En ese momento, estas solo, lo sabes y disfrutas de ello, pero llega un ajeno que chapotea o te golpea y te vuelve a la realidad del mundo compartido, de las metas incumplidas, las obligaciones mañaneras y las que se quedaron con el freno acelerado. 

Son las 5:10 a penas y aún no amanece. La cama se convierte en tu guarida durante esos minutos. Levantarse, calentar un poco para ir a la ducha. Saber que es lunes o todavía miércoles dejar de tener mucho sentido, ves llegar a la mañana y un frío glacial te hace prometer que en 10 minutos te despertaras. Acá ya son las 5:12 el reloj ha decidido ir más lento. Muchas veces disfrute de esa sensación, cada minuto en el calor de la cama y con las promesas de despertar a tiempo. Muchas veces fueron promesas incumplidas y terminaron con una escena en donde salgo corriendo acelerado  para llegar temprano al trabajo. Las 5:30 van acercándome más. A las 6:00 tendré que salir de acá, lo sé, no aguantará el reloj una tardanza más, se torna inevitable no abrazar a la almohada por última vez. Estiras el cuerpo, recoges el segundo heroico y sales de la cama. La mañana tiene un color extraño cuando sales de cama, opaco, grease, triste. Hace frío y son las 6:30, sigo mirando mi habitación moverse a la velocidad de una mañana, se acomoda el saco, la camisa, mi corbata. El agua del baño se va preparando para mi llegada, mi cepillo ya tiene olor a menta. Todo se mueve, menos yo. 

Las primeras gotas en la ducha, son como las cachetadas que alguna vez te han tirado si es que andas algo desconcertado o mareado. Esas palmadas borrosas que te piden reaccionar. Cada gota fría te va despertando y alejando del calor inicial que tuviste en la cama. Te acuerdas la última vez que convidaste parte de tu cama, su calor y los gestos que ella hacía mientras dormía. Son las 7:00 y ya te andas acomodando la cadena, digo la corbata, vas a velocidad de tardón y corres para no perder la costumbre. Son las 7:20 y tú estas sentado en el autobús compartiendo espacio y aire con los demás. Sientes una ligera comodidad, un recuerdo de tu mañana. Los ojos pierden de nuevo su firmeza y caes en un sueño interrumpido por cada paradero que se asemeja al tuyo. 8:20 llegas algo tarde como para no perder la costumbre. El Guardián te saluda con la misma cortesía, pero en su mirada ves una expresión de sorpresa y luego sonrisa cómplice. Le agradeces mientras sueltas una pequeña risa. Te das la vuelta. El día parece más bonito que de costumbre, es mejor caminar más lento, visitar a alguna vieja amiga, disfrutar algo del sol que ha salido y tomarse algún jugo en el camino del regreso. Total los domingos no vas a trabajar. 

7 de septiembre de 2013

Resfríos para comenzar

Porque en estos momentos recordar era volvernos a encontrar…yo me permito el recuerdo. El invierno en Lima se había vuelto agresivo, a pesar de ello, seguía prefiriéndolo en vez del verano. Yo andaba ligeramente abrigado y tú completamente. Tu nariz roja delataba la derrota ante este clima y tus ojitos chinitos complementaban la idea. Como recordar es volver a encontrarnos, me encontraste distraído como de costumbre y después de tantos días entre miradas y ningún atrevimiento por compartir el frío. Decidiste acercarte y preguntarme por los temas clase que llevábamos juntos. Mientras hablabas sin parar yo empezaba a grabar tus expresiones que me permitirían volver a encontrarte.

Ese día, a pesar de tu nariz roja, te encontraba realmente hermosa, me sonreías. Y entre mocos del resfrío y pañuelos que desechabas con gran velocidad iba componiendo tu primer poema. Yo te conversaba de lo aburrido de mi trabajo y tú atinabas a burlarte de mi sueño de ser un Ing. Civil que aspira ser un gran escritor. Mientras te iba replicando y buscando argumento que sustenten mis aspiraciones, el melodioso soplado de tu nariz nos iba haciendo coro en nuestra conversación y el despido se convertía en nuestra excusa de volvernos a encontrar. Había soltura y naturalidad en tu resfrío, no había permiso ni disculpa, apenas si lo notaba, eras tú la que descomponía, entre risas, mis equivocados sueños y yo, entre argumentos, iba provocando esa risa cada vez más.

Nos empezamos a recordar más seguido, mejor dicho a encontrarnos y todo ese mes nos acompañaron los pañuelitos desechables que cambiabas con total naturalidad. Siempre dejamos que nos acompañe, nunca le puse un pero a tu resfrío fatal, había hasta encanto en tu descuido y me encanta que, entre pastillas, maldecías tu debilidad.

Te mencione que no era de enfermarme mucho que eran pocas, las veces, que en cama termine y más de una vez, luego, te invite a ella y más de una vez, antes, no me atreví a hacerlo. Pero el relato no va por ese desenlace, sino cómo fuiste capaz de enamorarme entre resfríos, mocos y pañuelitos que componían un trío sin igual. Debo confesar que varios besos después yo también termine con resfrío y entre té de limón fui comprendiendo más tus locuras. Me prometías compartir la enfermedad y que ningún remedio nos iba a separar, pero al final nos terminó curándonos esas inyecciones que nos recomendó el doctor, no tuviste reparos en reclamar consuelo después de las inyecciones, tremendo dolor que nos aguantamos y tremendo consuelo que nos compartimos.

Mujer del resfrío ahora que la noche congela, vuelvo a recordarte, quizás con la excusa vieja,  de aquel refrán que invente al inicio. Encontrarte en este invierno que ya no compartimos y con esta enfermedad que los remedios no nos puedan separar. Debo confesar que jamás logre utilizar los pañuelos con tu naturalidad, siempre provocaron ese rubor desleal, que me empujaba a los baños y me ocultaba en el hogar.


No olvidaré como andábamos sin parar, yo botando papeles de tantos mamarrachos escritos y tú de tanta gripe. Había un desfile de papeles usados que se emparejaban en nuestro camino. Me contabas de aquel sueño que tanto te asustaba mientras iba dibujando tus ojos con las yemas de los dedos, pequeño retrato de nuestro encanto te decía, entre permisos que no íbamos dando. Había más porque reír me repetías con las nariz roja y yo te daba uno con la mirada perdida y los lentes caídos. Me resaltabas la gracia que te causaba mi mirar. Eres un soñador nato, se nota en tu mirada y lo gracioso es que ni te cuenta te das, me repetías entre chalinas y demás telas que te momificaban. Yo sólo atinaba a decir que todo era verdad, lo tuyo y lo mío mujer. 

1 de mayo de 2012

A velocidad de tardón

Aún sentía el frío de la noche y las cobijas de la cama me protegían de ello. La noche no hacía sus últimos despidos y algunas horas de pelea con el sueño, me conducían a seguir sosteniendo la idea de mantener mis ojos cerrados. ¡No confíes en que despertarás! Alguna vez escuche aquello. No confíes en que te vas a levantar de la cama a la hora indicada, en el minuto preciso, no confíes en esos cinco minutos más de sueño. Yo estaba apenas en el comienzo de ello, podía ver desde mi ventana la luz de los faroles y los conos de neblina que se formaban ahí. Eran las 5:03 am. Un freno exagerado de algún conductor que en demasía de copas o en demasía de adrenalina, optaba por acelerar su vehículo, me había despertado de aquel sueño sin recuerdo alguno, ese estado de olvido que muchas veces deseamos quedarnos. ¿Conocen la rutina no? Las 5 am. avisan ya que te falta una hora para salir de la cama. Dicen que no hay nada mejor que saber que aún puedes seguir durmiendo. Yo siento el peso del cuerpo, deben de haberla sentido como cuando estas en el mar haciendo el muertito y el cuerpo cae ligeramente antes de salir a flote, una sensación de hundimiento, el cuerpo se hace pesado por la primera sensación de inseguridad, luego viene el silencio y sales a flote y solo miras la amplitud del cielo. Nubes que bailan con los vientos, ideas que te revolotean en la cabeza. En ese momento, estas solo, lo sabes y disfrutas de ello, pero llega un ajeno que chapotea o te golpea y te vuelve a la realidad del mundo compartido, de las metas incumplidas, las obligaciones mañaneras y las que se quedaron con el freno acelerado. Son las 5:10 a penas y aún no amanece. La cama se convierte en tu guarida durante esos minutos. Levantarse, calentar un poco para ir a la ducha. Saber que es lunes o todavía miércoles, ver como va llegando la mañana y un frío infernal te hace prometer que en 10 minutos te despertaras. Acá ya son las 5:12 el reloj ha decidido ir más lento. Muchas veces disfrute de esa sensación, cada minuto en el calor de la cama y con las promesas de despertar a tiempo, muchas veces fueron promesas incumplidas y terminaron en un corrida acelerada a dar un examen o para llegar al trabajo. Las 5:30 van acercándome más. A las 6:00 tendré que salir de acá, lo sé, no aguantará el reloj una tardanza más, se torna inevitable no abrazar a la almohada por última vez. Estiras el cuerpo, recoges el segundo heroico y sales de la cama. La mañana tiene un color extraño cuando sales de cama, opaco, grease, triste. Hace frío y los las 6:30, sigo mirando mi habitación moverse a la velocidad de una mañana, se acomoda mi ropa, mi corbata. El agua del baño se va preparando para mi llegada, mi cepillo ya tiene olor a menta. Todo se mueve, menos yo. Las primeras gotas en la ducha, son como las cachetadas que alguna vez te han tirado si es que andas algo desconcertado o mareado. Esas palmadas borrosas que te piden reaccionar. Cada gota fría te va despertando y alejando del calor inicial que tuviste en la cama. Te acuerdas la última vez que convidaste parte de tu cama, su calor y los movimientos que hacía mientras dormía. Son las 7:00 y ya te andas acomodando la cadena, digo la corbata, vas a velocidad de tardón y corres para no perder la costumbre. Son las 7:20 y tú estas sentado en el autobús compartiendo espacio y aire con los demás. Sientes un ligero acomodo, un recuerdo de tu mañana. Los ojos pierden de nuevo su firmeza y caes en un sueño interrumpido por cada paradero que se asemeja al tuyo. 8:20 llegas algo tarde como para no perder la costumbre. El Guardián te mira con la misma complicidad. Y te dice: Feliz día del trabajador. Le agradeces mientras sueltas una pequeña risa. Te das la vuelta. El día parece más bonito que de costumbre, es mejor caminar más lento, visitar a alguna vieja amiga  y tomarse algo en el camino del regreso. Total hoy no vas a trabajar.

30 de abril de 2011

Admisión

Las manos me tiemblan como de costumbre. Ayer quedaron los últimos repasos de historia, filosofía y lengua. No se me ha ido de la memoria los ejercicios de geometría, trigonometría y aritmética. Repase lo último de biología y química. Este es un día clave, puede determinar el giro sobre cómo piensas llevar la vida de aquí en adelante. Mi padre siempre me dijo que iba a tener buenos frutos ser el primero en clase y que los esfuerzo que uno se tomaba, eran premiados, luego, o mejor dicho reconocidos en trabajos futuros. Pero, primero lo primero, no hay que saltar peldaños, las cosas de a pocos.

Siempre he visto a los chicos cuando van a dar examen de admisión, llevan consigo el peso de la incertidumbre. Hasta el más seguro cree que existe una posibilidad de que algo salga mal. Para mí es un día de repaso, sólo tengo que recordar bien las cosas que estudie en este tiempo.

La mañana se me va haciendo rápida mientras aprovecho el baño que me despierte del todo, mientras acomodo mis cosas. Escucho los sueños de mi familia, quizás por ahí anduve yo. Hoy me voy a sus espaldas entre puntillas me escapo de su posible sospecha. Ya listo con lo necesario salgo de casa, apresuro el paso. Ahora último ando con la sensación de persecución , ando creyendo que en cualquier momento mi futuro puede cambiar. Quizás por eso salgo mirando para todos lados y mirando mi reloj seguido. Justo antes de llegar a la esquina me encuentro con Carlos, él me sonríe, pero no se acerca a saludar apenas si alza la mirada al pasar. Tiene su lápiz 2b y su carné de postulante, lo veo algo seguro, quizás esta vez entendió cual era su mejor estrategia para ingresar. sin darme cuenta él ya se había ido, preferí repasar una vez más las informaciones de literatura, no era mi fuerte así que tenía que estar preparado para ubicar bien mis respuestas. Era importante el manejo del tiempo, cada pregunta tenía un valor y yo quería que valgan todas, la mayoría, para eso me había preparado, todo lo estudiado estos años volvían de golpe. fui primero en el colegio y lo sería también en este examen y en el que sigue. No soy un perdedor, simplemente me acomodo a las circunstancias.

Ya había llegado, todo estaba cerrado, toco la puerta y le pido entrar, me había demorado un poco y estaba nervioso de que el tiempo me falte, casi sin repetir el permiso pase empujando al portero, mire por todos lados y ubique el lugar donde me iba a sentar, acomode mis cosas, saque el lapicero, prendí el celular y llamé. ¿Aló?¿Carlos, me escuchas? No te preocupes, habla bajo, pero pronuncia bien. Dime la primera pregunta, empecemos por letras ¿te parece? Sabía que todo esfuerzo tenía recompensas y yo estaba preparado para este examen. Carlos había entendido cuál era la estrategia para ingresar. Ya estaba acordado, él me paga el próximo examen y todo empezaba de verdad. Iba a ser el primero. Me escape de puntilla de su posible sospecha. Entendí cuál era mi primer peldaño.

9 de marzo de 2010

Parte de un cuento II

¿Ya sabe? Ella ya sabe que te quieres despedir, sabe de tu sueño, sabe que has asumido su sacrificio, has determinado su sentencia, ¿ella lo sabe? Y tú como piensas llevar esto de la mejor manera, cuáles son tus argumentos para con ellos, para con todos, sabes que va a llegar el día en que miles de flashes te apunten directo en las pupilas dilatadas y que estarán atentos a lo que vayas a decir, ¿acaso has preparado un discurso? ¿Gritaras arengas al amor? ¿Dirás, madre yo te amo ante el estupor del mundo? Quieres que te entiendan, buscas que lo hagan, o sólo esperas que los resultados sean lo mejor posible para tus sueños, pero… y los argumentos, la historia para la noticia. “Mujer mata a su madre porque le hacía la vida imposible” o “El dinero y la ambición sucumbieron en la joven que mando a matar a su madre” y que tal suena “Joven determino el sacrificio de su madre como parte de la satisfacción que necesitaba” van a poner al costado (loca) jajaja, no creo que funcione, ni tu sueño, ni tu hedonismo, ni los conflictos de las ideas que te planteabas. Tu visión de la vida se oponía ya a la existencia de ella, era un conflicto que iba a terminar en un salto de calidad, en una nuevo forma de vivir sola y amándola con más fuerza. ¿Por qué ese tarareo? A quién le cantabas esa mañana en que nadie y mucho menos tu madre presagiaba los acontecimientos funestos, cómo era la canción… yo intuía que esto mi amor se rompía y esto es siempre así. La verdad es que todo fue tan extraño, tan extraño al fin, voy buscando el polvo de dios, yo bebía para irme de aquí, cada vez que pienso en vos fue amor, fue amor… ah claro cómo olvidar esa canción, si la cantaste muchas veces junto a ella, inclusive fueron a su concierto, tu compraste las entradas y las pagaste con tu primer sueldo. Y ahora… que más se puede decir, había una necesidad que marcara ese sacrificio, que determinara esa acción, acaso fue sólo un impulso, ¿una locura?...jamás, yo solo quise que ella sea feliz y yo también.

24 de febrero de 2010

Una parte de un cuento

Tú estas sentada, miras el reloj y sientes el golpe que va marcando con el pasar del tiempo. Sabes que no puedes fingir y que no quieres evitar lo que sucede atrás, tienes noción de los aconteceres, es más, participaste en el repaso, fuiste firme cuando los miraste a los ojos repitiendo estar segura de todo y les exigiste actuar con cierto cuidado y con la misma firmeza la miraste a tu madre y le diste aquel beso de judas que más luego te iba a sentenciar. Ahora miras el reloj que va avanzando y atrás continúan avanzando los desconocidos, tú tienes un crucifijo donde pides, no el perdón, sino que guíen el alma que va yendo, porque sabes que no es cuestión de falta de amor, si no de entender mejor las cosas. Ahora suena el televisor que usaste como distracción, aumentaste el volumen para no tener que escuchar ese suplicio, aunque sabías que más era un sacrificio preferiste evitar la suspicacia de la conciencia. De seguro que esto luego será tu condena, pero tú prefieres mirar ese vaso de manera más positiva, y ponerte en el mejor de los casos, donde nadie se dará cuenta que hubo algo que gesto esa noche, mientras atrás se oye un grito que exige tu presencia. Ahora el celular suena, alguien llama, dice que todo acabo y un silencio te reclama mientras tú, totalmente calmada vas visualizando tu futuro sin lo matices de lo negativo, no sientes que amas menos, todo lo contrario esto un sacrificio que hace ella para ti, es así como demuestra cuanto es que te esta amando, tú meditas, miras al cielo, le agradeces la corona te que queda como herencia y ahora en plena noche de los aconteceres, mientras otros se dan besos de buenas noches, tú le lloras junto a tus cercanos y eres partícipe del acto fúnebre hasta el momento que vayas a la cama y la expresión de tu rostro vaya cambiando, ¿qué es lo que se ve en plena oscuridad de tu alcoba? ¿no es acaso una sonrisa? niña traviesa, das la gracias en tu rezo por tanta dicha permitida y entre los últimos pedidos para el cielo pides que cuide esa alma que le envías.

Nota: Este escrito pertenece a un cuento mayor que va agarrando forma con el pasar de las líneas, ya se verá como termina.

26 de diciembre de 2009

Mi gato el hereje

Siempre tuve gatos y en su mayoría negros. Mi primera gata era negra y una gran cazadora. Sospecho que por ella los demás fueron escogidos con ese color, aunque esa preferencia nunca le gusto a mi madre, ni a sus amigas. Todas pegaban el salto cuando veían a mi gata pasar por su lado, gritaban por el hecho de que daba mala suerte y no faltaba una que mencionaba la cercanía con el inframundo. Actualmente mi último gato también es negro y es el más parecido a la primera, es un gran cazador de palomas, la angelicales mensajeras de la buena nueva. Estas representantes del señor tienen los días contados por acá, mi gato, el supuesto enviado de Leviatán, para agazapado y apenas siente el pisar de la gran representante de la paz y no cuenta ni los segundos para lanzarse y hacer con su presa una verdadera masacre. Simulando a sus ancestros se lanza y defrente los muerde en la yugular hasta ir dejándolas sin aleteo alguno que permita su huida. Ahora último ando pensando que hay algo de verdad en ese supuesto, cuando lo veo disfrutar de su presa y relamerse con gusto al final de la jornada. En estos días lo vi medio misterioso, andaba mirando desde la ventana a todos, principalmente a mi tía, que con gusto navideño iba decorando la casa y a la vez comentando sobre la importancia de la navidad. Me causaba gracia ver a mi gato como si le interesara la historia, las orejitas las tenía paradas y cuando veíamos alguna película navideña aparecía sentado cerca al televisor. Debo decir que es un gato hermoso, negro como la noche y majestuoso como sólo los felinos saben hacerlo, aunque es el más huraño de todos los gatos que he tenido igual acepta caricias de los más cercanos. A este gato no le llegamos a poner nombre debido a que nadie lo trajo y nadie quiso responsabilizarse de él. Yo había perdido un gato un mes antes y todavía sentía la pena de su partida, por lo que tampoco quería ser su dueño oficial, ni encariñarme mucho. Recuerdo que un día mi tía mando a arreglar el jardín y lo jardineros dijeron que había un gatito llorando en el centro, sospechábamos que los muy sabidos nos lo habían traído, pero el cariño que tenemos por los gatos negros nos evito poder devolverlo, por tal motivo el gato se quedo, pero a diferencia de los anteriores él vivió en el jardín y no en la casa. Su nombre fue Micho ya que nadie le puso otro y el gran micho desapareció un 24 de diciembre, no lo vimos durante todo el día y nos dio pena pensar que se había perdido, pero a las doce apenas empezando el esperado 25 apareció cerca al nacimiento mirando concentrado el pesebre, pareciera que esperaba el nacimiento del niño, una de mis sobrinas se acerco al pesebre y puso al niño y mi gato que por navidad sospecho decidió compartir en casa con nosotros, se quedo mirándonos concentrados mientras todos nos deseábamos una felices fiestas.
Al día siguiente cuando mis sobrinas se levantaban para abrir los regalos, se dieron con la sorpresa que la mayoría eran para ellas, emocionadas abrieron todos los juguetes y empezaron a jugar, nosotros los más viejos bajábamos a tomar desayuno hasta que escuchamos la voz de una de mis sobrina que gritaba Jesús no tiene cabeza, Jesús ha muerto, todos asustado por tal herejía nos acercamos a ver qué pasaba y vimos la cabeza del niñito fuera del cuerpecito, mi hermano fue a reclamar a la pequeña, pero un olor fuerte nos hizo caer en el asombro, el niño del pesebre que ahora andaba descuartizado olía a orine y a orine de gato. Mientras mis sobrinas gritaban que ellas no habían sido me acerque al jardín a ver al micho y lo encontré en el centro relamiéndose mientras se comía otra angelical presa.

28 de julio de 2008

De vuelta a casa

Adonde fuiste, yo deje las llaves y dije que me iba a comprar unos tiempos mejores, y tu me dijiste; claro, tu descuida, que yo te espero un rato más. Solo fue una excusa para salir de ese lugar, del cuartucho a donde te lleve, a donde me lleve, cuando coji mis maletas, unos libros y unos cuantos ignorados escritos, de esos que algún día te dedicaré y me largue de casa tirando la puerta, tirando el pasado, maldiciendo el presente e ignorando totalmente el futuro. No había mucho tiempo para pensar, era hora de actuar, como lo había hablado muchas veces en los encuentros entre amigos, iba a llegar el momento en que ya no iba aguantar mi rutina y mandaría todo a la mierda, era tan simple, sonaba tan simple, y era mi excusa para sufrir un poco, para escribir un poco, para vivir un tanto, ahora claro nada es como un escritor lo planea, y se siente mejor cuando lo escribes que cuando lo vives, todo cuesta, la habitación, la comida, las mujeres y los amigos, toda salida tenía un valor que ya pasaba lo simbólico y todo eso me mandaba a trabajar y a dejar de escribir, recuerdo que te dije que me esperes un rato y nunca más te volví a ver, claro tu si me querías y yo no te quería, no de esta manera, tu cuidándome, dedicándote a mi y yo mal viviendo a tu lado, por eso me largue y te deje como último recuerdo la cuenta de aquel lugar, claro a ver si así terminabas por odiarme tanto como yo lo hacia, ahora buscando mi final me encontré con la puerta de mi casa, la llave de mi habitación, la computadora donde escribo y te escribiré poemas y unos padres permisibles que me sonríen cuando paso de volada a dar los últimos exámenes de la carrera, prometo llamarte solo déjame encontrar tú número.

10 de junio de 2008

Sea fuerte mi niña

Dónde estas niña, a donde fuistes a jugar, devuelveme el zapato abierto pa que te lo cuece, ya va ser tarde y al colegio hay que ir, en donde, pues te escondes eh, ya apurate nomas, ya estas tarde ya, tome su leche y corriendito te vas hasta tu colegio, agarrate de la fátima cuando bajes el serpentin, y dile a tu maistra que no pues pude ir, por que hoy es día de cocecha y el Braulio quiere que le ayude, oye vente pues, que hace llorando ahi ah, que temes mi niña, ayayay julita nunca tu quieres ir al colegio, trajendo nomas excusas paras, ya, vaya, corra, corra, yo no voy a estar aca ah, solita te quedas, y ahi va venir el pishtako, asi que ya, saliendo, nada de llorada, como pues, si ahi van los niños felices, juega con ellos, no te me quedes pensando en tonterias, que jaloneadas te voy a dar si me entero, mira que la maistra me cuenta, asi que vaya y luego aca ya se pone a jugar o me ayuda con la tostada, cuantos niñas corren felices al colegio y tu aqui que te quedas, que pues crees, que nadie ha pasado por esto, vamos fuerza colorada, ya no se deje, y también defiendase si la tan molestando. Así pues tiene que ser, ya corra que espera, y no me da un beso, ya nos vemos niña, sea fuerte, muy fuerte, que con eso andaras.

30 de noviembre de 2007

MARÍA...

En el medio del bullicio María esta sentada, totalmente distraída y nadie se da cuenta de ella, y Maria esta mirando el recuerdo, fijando sus ojos a través de la puerta mirando como un pedazo de papel con el viento empieza a bailar, Maria también quiere bailar y empieza a recordar algo que le saca una sonrisa y la alegría de Maria me contagia, sonrío sin tener mi motivo, a veces nos dan ganas de sonreír y lo malogramos buscando sus por qué. A mi no me dio tiempo de eso porque al momento había una lágrima en el rostro de María, que le estaba pasando porque el cambio tan repentino y porque nadie se daba cuenta de ella. María se seca la lágrima como acomodando un mechón de cabello y luego mira hacia todo lados para ver si alguien se ha percatado de ello, pero nadie se da cuenta de ella, todos están en sus mundo o de invitado en el mundo de otros, sólo yo estoy mirándola y de eso se da cuenta ella, quien me mira sonriendo mientras su ojos buscan en los míos su desahogo, un rayo de sol cae en el ojo derecho de María y una lágrima recorre su mejilla, ella voltea y se esconde en sus brazos.
-A muerto su madre, es lo que escucho a mi costado. Ella es amiga de Maria y también se percato de mi mirada, yo no dije nada, me quede callado, mirando a su amiga y en sus ojos el reflejo de María llorando entre sus brazos , ya no era el único que se daba cuenta de ella, éramos cinco los que la mirábamos, pero María ya no se conformaba con una lágrima ahora lloraba como una niña, como buscando el consuelo de su madre en el recuerdo, y todo ya se daban cuenta de ella; algunos decían que la conocían y prometían total vigilia, otros que la conocían de la misa y que a su madre se parecía, mientras habían algunos que mencionaban estar trabajando con ella y que a su familia mantenía. Ahora todos la conocían y contaban lo que sabían de ella, mientras las preguntas salían de momentos: Ahora ¿qué pasara con ella? ¿El mundo se le habrá caído? , pero ella no escuchaba a nadie, se perdía entre sus gritos de desahogo, yo tampoco decía palabra alguna, sólo me quedaba mirándola buscando las preguntas de ella, ahora Maria tiene miedo a los almuerzos, a esa silla vacía, y a esa cama en dónde de niña le pedía a su madre que le abrazara para ya no tener miedo.
Maria seguía llorando y sus brazos los confundía con el de ella y empezó a abrazarse más fuerte mientras empezaban a volver a sus mundos, a sus preocupaciones, quejándose del privilegio perdido de haber dejado de ser niños, pero sólo falto que ella alzara la cara y todos volvimos a ser pequeños, pero ella ya no lloraba como niña, tenía mirada de mujer, había algo extraño en ella, sacó media sonrisa y se paro mientras se escucho muy bajo:
-tengo una familia que cuidar. Así salió Maria dejando a todas nuestras preocupaciones convertidas en nimiedades. Yo veía su silueta partir, pero se detuvo un momento y empezó a bailar, María bailó cerrando los ojos, mientras su sonrisa aparecía y sus lágrimas se iban, una de ella mojo aquel papel que también estaba bailando y ahí la música desapareció y junto con ella.