Las cucarachas sobreviven al minuto, corren entre las sombras porque cada paso puede significar la captura de una suela o de un diario enrollado. Cualquier día puede ser el último, pero el hambre las hace correr ¿Cuántas bocas tiene que mantener la cucaracha promedio? Puedo verlas en la oficina, saltando por los escritorios, entre papeles que no entienden, por los teclados y los cables que facilitan su escape de algún oficinista frustrado. Se mueren, las matan y las mato, algunas pocas huyen, pero siempre están, a la vuelta de cualquier hoja, al abrir el cajón más olvidado del escritorio, o detrás del libro que necesitas para tu informe. Las cucarachas no guardan luto en su guarida, las que sobrevivieron vuelven a la carga inmediatamente después de digerido su almuerzo, parece que salieran más de las que entraron, se dispersan por todas las direcciones con menos probabilidades de sobrevivencia que las anteriores. La matanza espera otra vez, alguna pasa cerca y mi zapato no le muestra misericordia.
Maldita sensación la que me deja la cucaracha en el pie, si parece que aun estuviese ahí, moviéndose para sobrevivir, intentando seguir corriendo para esconderse en algún ducto de ventilación o en cualquier agujero donde no la alcance una extremidad asesina. Maldita, maldita sensación, me pica el pie y ahora parece que muchas cucarachas suben por mi pierna. Debo disimular la sensación, mi jefe me ha notado algo inquieto, yo he notado muchas cucarachas en su escritorio, pero siempre las extermina con el diario de la mañana o con una contundente pisada. ¿Cuántos hijos habrá tenido la cucaracha que está bajo mi suela? ¿Cuántos días de vida habrá cumplido?, no importa, solo sé que me ha dejado una maldita sensación en el pie, que durara todo el día aunque me quite el zapato, aunque me rasque mucho la pierna, aunque el jefe me note inquieto, aunque me llame a su oficina y me diga que mis números siguen muy mal, que ya no vendo, que no respondo, que las metas me han dejado muy chiquito, que no le importa si tengo 2 hijos y uno en camino, que no es su problema si voy a cumplir 45 años, que no le interesa saber si estoy sobregirado en 3 tarjetas de crédito.
Yo puedo verlo levantar su pierna, prepararse para una contundente pisada, trato de huir pero ya todo está perdido, mis amigos siguen afuera, corriendo por migas de alimento, ojala los acompañe una suerte mejor, nada puedo hacer ya, solo espero dejarle a mi ex jefe una maldita sensación en el pie
25 de noviembre de 2011
21 de noviembre de 2011
Silencios compartidos
A Christian y las ausencias.
Quizás el tiempo nunca nos convenza de que las cosas tenían que terminar así. Es probable que andemos algo despedidos de este mundo con cada pérdida. Posiblemente haya momentos en que simplemente quieran negar todo y a todos. Puede que mañana cueste más la mañana y que su nombre sea el remolino que nos lleve a un pasado que se añora. Llorar no es un pecado, ni cosa de niños, es la expresión de la impotencia, el grito reprimido por tiempos de fortaleza, es el reclamo no oído por tantos días interrogando, es demandar por llevarse a quien amamos, ese intento de apagar los silencios, esos silencios que tanto compartimos. El dolor será bienvenido porque es en respuesta del amor más bello que se tiene y porque será un pasajero inconstante sin habitación ni abrigo. No preocupar, la sonrisa será producto de la satisfacción que nos da haber entregado dedicación y amor a quien nos dio lo mismo y más. La calma posterior se dará por esa extraña sensación para algunos y certera expresión para otros de que aquella persona sigue presente entre nosotros. No dudar de la futura tranquilidad y recordar siempre que el sueño será vuestro refugio para con ellos y los logros la mejor expresión de las promesas cumplidas. Ayer dejará de ser un ayer del olvido y tus lágrimas y su despido serán los protagonistas que confirman de que la vida es bella compartida y la despedida sublime cuando se acepta más no se entiende.
20 de noviembre de 2011
NS
Y tú estas parado en medio de todo, mientras la cabeza no hace más que girar. Quisieras entender muchas cosas y sabes que aún hay experiencias que faltan consultar. Fracasos y victorias con quien compartir. Pero tú estas parado en medio de todo con un silencio desalojado
Ahora en el norte mi corazón se ha calmado pero a su vez, se han ausentado las gracias que me motivabas. Sé que estarás en el rinconcito de mi todo y abrazaras con fuerza mis nuevos sueños. No suena la campana, ni cantas en las mañanas, la tetera no hace su canto en la cocina tan tuya y desde le alto no suena tu voz llamando...¡Hijo! Ya caigo en la idea de ese mañana distinto y me levanto una vez más de un sueño postergado.
11 de noviembre de 2011
#todoslosdiassoniguales
Todos los días son iguales
Detrás de un vidrio el cielo cambia de color, o eso parece
Los amantes se besan, el miedo reza por perdón
Las sombras se transportan, cruzan miradas, mezclan sus cuerpos
No sienten nada
Es la hora en que algunos entran y otros salen de sus empleos
El reloj de la oficina marca la pauta, dicta las acciones, escoge las derrotas
Entre alertas, rumas de papel, excusas, motivos y distracciones,
Se pasan la mañana, la tarde, la noche
Mientras los jóvenes crean mentiras con esperanza
Los viejos se resignan a esperar en sus celdas que algo termine
¿Cuál es el grado de mortalidad de la rutina?
Los viejos se resignan a esperar en sus celdas que algo termine
Mientras los jóvenes crean mentiras con esperanza
Se pasan la mañana, la tarde, la noche
Entre alertas, rumas de papel, excusas, motivos y distracciones,
El reloj de la oficina marca la pauta, dicta las acciones, escoge las derrotas
Es la hora en que algunos entran y otros salen de sus empleos
No sienten nada.
Las sombras se transportan, cruzan miradas, mezclan sus cuerpos
Los amantes se besan, el miedo reza por perdón
Detrás de un vidrio el cielo cambia de color, o eso parece
Todos los días son iguales.
Detrás de un vidrio el cielo cambia de color, o eso parece
Los amantes se besan, el miedo reza por perdón
Las sombras se transportan, cruzan miradas, mezclan sus cuerpos
No sienten nada
Es la hora en que algunos entran y otros salen de sus empleos
El reloj de la oficina marca la pauta, dicta las acciones, escoge las derrotas
Entre alertas, rumas de papel, excusas, motivos y distracciones,
Se pasan la mañana, la tarde, la noche
Mientras los jóvenes crean mentiras con esperanza
Los viejos se resignan a esperar en sus celdas que algo termine
¿Cuál es el grado de mortalidad de la rutina?
Los viejos se resignan a esperar en sus celdas que algo termine
Mientras los jóvenes crean mentiras con esperanza
Se pasan la mañana, la tarde, la noche
Entre alertas, rumas de papel, excusas, motivos y distracciones,
El reloj de la oficina marca la pauta, dicta las acciones, escoge las derrotas
Es la hora en que algunos entran y otros salen de sus empleos
No sienten nada.
Las sombras se transportan, cruzan miradas, mezclan sus cuerpos
Los amantes se besan, el miedo reza por perdón
Detrás de un vidrio el cielo cambia de color, o eso parece
Todos los días son iguales.
7 de noviembre de 2011
El cielo y el infierno
A la Mila.
En el cielo las calles son anchas, y están rodeadas de campos verdes sin fin. Hay muchos árboles y poca sombra por el placer de recibir directamente los rayos del sol en el pecho. El suelo es suave, las piedras no duelen, no hay pasos en falso y nadie jala de la cadena opresora.
En el infierno todo es oscuro, cada sombra amenaza el abismo o una recia pared fría. Se debe andar a tientas, confiar de los demás sentidos para alcanzar algunas gotas de agua o unas sobras de comida. Nadie parece escuchar tu llanto, todos los días son iguales, la rutina ofrece pocas salidas y el dolor se multiplica cuando en el vientre algo crece, algo que lastima.
En el paraíso la compañía llena las tardes y se juega hasta que el sol se oculta, los hermanos corren, mamá regala cariño y papá estrena una mirada de amor puro. Las nubes están al alcance y se ha derrocado a la tiranía del tiempo.
En el tártaro se está solo, no hay lazarillos ni señales de aviso, se aprende con cada golpe, se cae con cada enseñanza. El ruido confunde, las personas son ecos, reflejos de algo que se siente pero no se ve. Los días y las noches se mezclan bajo la capa de la oscuridad agresiva, que todo oculta, que con todo amenaza.
En el sueño no hay dolores, no hay quejidos, no hay motivos, no hay miedo. Despierto, el dolor nace en cada esquina, los colores que antes fueron confunden los sentidos debilitados por la vejez, se lucha pero se pierde siempre, cada batalla y siempre la guerra, donde espera la muerte, el sueño y el paraíso al fin.
En el infierno todo es oscuro, cada sombra amenaza el abismo o una recia pared fría. Se debe andar a tientas, confiar de los demás sentidos para alcanzar algunas gotas de agua o unas sobras de comida. Nadie parece escuchar tu llanto, todos los días son iguales, la rutina ofrece pocas salidas y el dolor se multiplica cuando en el vientre algo crece, algo que lastima.
En el paraíso la compañía llena las tardes y se juega hasta que el sol se oculta, los hermanos corren, mamá regala cariño y papá estrena una mirada de amor puro. Las nubes están al alcance y se ha derrocado a la tiranía del tiempo.
En el tártaro se está solo, no hay lazarillos ni señales de aviso, se aprende con cada golpe, se cae con cada enseñanza. El ruido confunde, las personas son ecos, reflejos de algo que se siente pero no se ve. Los días y las noches se mezclan bajo la capa de la oscuridad agresiva, que todo oculta, que con todo amenaza.
En el sueño no hay dolores, no hay quejidos, no hay motivos, no hay miedo. Despierto, el dolor nace en cada esquina, los colores que antes fueron confunden los sentidos debilitados por la vejez, se lucha pero se pierde siempre, cada batalla y siempre la guerra, donde espera la muerte, el sueño y el paraíso al fin.
27 de octubre de 2011
Mil y una noches
¿Quién lleva la cuenta de los latidos de tu corazón?, ¿Quién mide la distancia que hemos recorrido juntos?, ¿Quién caza en el viento las palabras de amor?, ¿Quién organiza las miradas que se buscaban para poder vernos a los ojos?
¿Quién juzga los celos, quién guarda las lagrimas, quién arbitra las peleas, quién asegura el futuro?, ¿Quién cobra los minutos, quién clasifica los mensajes?, ¿Quién descubre las estrellas que miramos, quién eclipsa tu luna y mi sol? ¿Quién recicla los días, quién promete las noches, quién cuida el espacio, quién persigue al tiempo, quién asesina las dudas, quién fue testigo del primer beso?
Quien cuenta los días me ha dicho que llevamos mil noches y una noche juntos.
¿Quién juzga los celos, quién guarda las lagrimas, quién arbitra las peleas, quién asegura el futuro?, ¿Quién cobra los minutos, quién clasifica los mensajes?, ¿Quién descubre las estrellas que miramos, quién eclipsa tu luna y mi sol? ¿Quién recicla los días, quién promete las noches, quién cuida el espacio, quién persigue al tiempo, quién asesina las dudas, quién fue testigo del primer beso?
Quien cuenta los días me ha dicho que llevamos mil noches y una noche juntos.
21 de octubre de 2011
Medio beso
No es por testarudo que me pasa, más bien es por ingenuo, por buscar cenizas donde no hubo fuego, por alegar a un sentimiento que nunca compartiste. No es tu culpa, es que a veces no comulgo razones y me deslumbra alguna excusa o cualquier quizás. Ahora que todas las mañanas rozas la felicidad y vas ligera entre la brisa, le refutas a él con mis argumentos y le ensañas los juegos que te enseñé cuando parecías seguirle el ritmo a mi corazón. Quizás fue culpa de mi imaginación que cuenta sus propias historias si no le pones freno, si dejas las miradas a medias, si me abrazas más tiempo de lo razonable, si el olor de tu cabello se filtra por mi nariz, si invades cada sueño, cada pesadilla. Cómo explicarle al amigo, que no llevas la cuenta de tantos brindis que le invito al olvido en tu honor, cómo huir de los lugares que tienen tu nombre, si todo estuvo siempre lleno de tu ausencia, cómo evitar la esquina del primer beso si en cualquier rincón hubiera deseado dejar constancia de nosotros. Cómo escapo de ti, si ya no hay donde encontrarte, si nunca existieron frases privadas de amantes, ni señas cómplices, cómo dejar de morir por el recuerdo de tu sonrisa, por una fotografía, medio beso y 3 calles que cruzamos juntos de la mano.
19 de octubre de 2011
Re: Guilliver
Aunque no venga con prisa y no tenga espacio en las trincheras, para quedarme a descansar en plena balacera de los quejidos, por más que nade entre sueños distantes y me construya universos nuevos entre utopías hermosas e ideales románticos. Por más que no pueda convencer sobre que la vida tiene poesía y aun así vuelva a escribir y a compartir el alma junto al dolor del vecino, del amigo del ajeno y de coronas y pedidos siempre sea un agradecido. No puedo estar detenido en un sistema que me acaba ni actuar de la misma manera que todos persiguen por eso no me busque en las bancas de las iglesias rezando y confesando quizás ande admirando estructuras o contradicciones del hombre o mejor búscame tarde con los amigos, puede que temprano brinde con mi asesino y aunque entre preguntas lleguemos a algunas respuestas que te convenzan de que tienes mejores argumentos que tu primera mentira y quizás entre las más interesantes este el hecho que no quede más que agradecer esas palabras mi estimado hermano menor.
a Gulliver
Correr más rápido que la prisa,
Jugar detrás de las trincheras.
Construir universos de tiza,
Naufragar en balsas de madera.
Convencer con el verso a la adversidad,
Llorar por la pena del vecino,
Ser rey y mendigo en la misma ciudad,
compartir el pan con tu asesino.
Columpiarme por las hojas del tiempo,
Buscar preguntas en las respuestas,
Ir de turista a todos los templos,
Engañar con más de trescientas mentiras.
Sin ti mi vida sería más idiota,
O quizás menos exagerada,
Gracias por las excusas,
Y Feliz cumpleaños Hermano Mayor.
Jugar detrás de las trincheras.
Construir universos de tiza,
Naufragar en balsas de madera.
Convencer con el verso a la adversidad,
Llorar por la pena del vecino,
Ser rey y mendigo en la misma ciudad,
compartir el pan con tu asesino.
Columpiarme por las hojas del tiempo,
Buscar preguntas en las respuestas,
Ir de turista a todos los templos,
Engañar con más de trescientas mentiras.
Sin ti mi vida sería más idiota,
O quizás menos exagerada,
Gracias por las excusas,
Y Feliz cumpleaños Hermano Mayor.
5 de octubre de 2011
Que nadie pida los vueltos
Y quizás tus ojos se encuentran en la casualidad de las miradas y entre ellos me puedo perder, quizás una tarde, quizás una noche. Y en una madrugada puede que sueñe contigo y en otra, ande buscando otros motivos. Quizás te lleves tus ideas en el camino, quizás te niegues sin querer queriendo, puede que tengamos argumentos distintos y aun así nos busquemos los deseos y una mano traviesa nos descubra. Quizás escuchemos las historias que no queremos y las preguntas se compliquen en el camino. Yo busco entre momentos tu risa y que tu risa le convide a la mía. A veces pido tu última mirada, para despedirnos sin más remordimientos, aveces llamo para la última almohada, para saludarnos con excusas nuevas y deseos viejos. Y quizás tus ojos nos eviten la casualidad, quizás me haga esta vez el dormido para no volver a joderte la paz y nadie pida los vueltos.
No digas que no
¿Y tú eres el artista de tu propia composición?
Recreas el desenlace de tus días y terminas en la cama descansando de nada. Saboreas el mundo que te es tan distante, idolatras teorías que tanto desconoces y le prendes la vela al crecimiento ficticio de una economía que te es ajena.
Y duermes tranquilo por la última donación que hiciste conmovido por la petición de alguien que carece.
Y sueña feliz porque mañana es un nuevo día en que puedes cumplir con las expectativas del trabajo.
¿Y tú eres libre para elegir?
¿el último celular, la última red social, el último dios, el único sistema, la salvación?
Sin depender de los miramientos y condicionamientos que te llevaron las teorías, la filosofía, las últimas leyes y ahora las noticias y twiter que te hacen consumir...y ahora el mundo respira mejor y es una herejía creer que no.
Y ahora tu economía se lleva mejor y es una mentira decir que no.
Y ahora tú te sientes mejor y es una negación de tu verdad decir que si.
29 de septiembre de 2011
Juanita de mi alma
Un día como hoy yo fui en busca de ti, soñaba con despertar y llevarte de la mano.
Un día como hoy te descubrí sin mí, tenías los ojos idos de besos ausentes. Tenías la sonrisa expresada por sueños constantes, teníamos los brazos cansados de luchas incesantes, teníamos los sueños sumados por los mismos pedidos…
Había que prometernos una vez más que tú conmigo y yo contigo sería por siempre por más que sabíamos que nos mentíamos.
Un día como hoy el año acabo y no había luz que prenderte, sólo reclamamos un último pedido…que tú siempre sueñes, ya no sientas, no me llores .
Un día como hoy se acabo la voz y tu silencio interrumpió el mío.
Un día como hoy existen las mismas preguntas y la misma promesa Juanita de mi alma.
19 de septiembre de 2011
Mi salud que aqueja
Yo tengo la salud del enfermo y no por eso me quejo
llevo el virus del insatisfecho que exige siempre algo nuevo
y no por eso convenzo.
Yo tengo el abrigo del pobre y no por eso me quejo
comparto la pobreza del alma y convido de la mía
y no por eso me entienden
Yo tengo la curiosidad del ignorante y no por eso me quejo
interrogo al erudito y me confundo en su contradicción teórica
y no por eso te entiendo.
Yo tengo la salud del enfermo y por eso me quejo
agonizo las plegarias del autómata y recito el grito de la rutina
tengo la salud del enfermo y gotea de la heridas mi ignorancia maldita
mi salud es la del enfermo, no se cura con monedas, ni glorias.
Necesito saber, querer y actuar...necesito la cura.
llevo el virus del insatisfecho que exige siempre algo nuevo
y no por eso convenzo.
Yo tengo el abrigo del pobre y no por eso me quejo
comparto la pobreza del alma y convido de la mía
y no por eso me entienden
Yo tengo la curiosidad del ignorante y no por eso me quejo
interrogo al erudito y me confundo en su contradicción teórica
y no por eso te entiendo.
Yo tengo la salud del enfermo y por eso me quejo
agonizo las plegarias del autómata y recito el grito de la rutina
tengo la salud del enfermo y gotea de la heridas mi ignorancia maldita
mi salud es la del enfermo, no se cura con monedas, ni glorias.
Necesito saber, querer y actuar...necesito la cura.
Poemas Extraviados
Son mis tardes las que se escapan, las que te buscan en el despiste y se cobijan entre tu cuello
Son las noches las que te retienen y se roban desde mi azotea las distancias que nos imponen.
Son tus ojos que miran, que se esconden, luego buscan y nos dan las excusas del tiempo.
Son las noches las que te retienen y se roban desde mi azotea las distancias que nos imponen.
Son tus ojos que miran, que se esconden, luego buscan y nos dan las excusas del tiempo.
Será que escuchas, será que lees de reojo las líneas fugitivas que se escapan de mi lado.
Será que nuestra cercanía se hace cada vez más inevitable y compartimos el gusto de buscarnos.
Será que nuestra cercanía se hace cada vez más inevitable y compartimos el gusto de buscarnos.
Yo no busco las palabras que se acomoden a esa expresión tuya, no me detengo entre las frases mejores soltadas, ni quiero pedir permiso a la gramática exquisita.
No es que busque las rimas que te reciten los 20 poemas del trovador, ni que me llene de teorías que argumenten mejor la situación, es pura y nítida la explicación, no hay mucho que decorar para querer de cuando en vez.
27 de agosto de 2011
Nudista
Algunos lo vieron corriendo por la berma central, otros lo vieron doblando la esquina, pero todos coincidían en que no llevaba pantalón ni ropa interior. Lo describen como de 1.5m de alto, contextura gruesa, cachetón (por delante y por detrás), cobrizo y poco dotado por la naturaleza. Dicen que cruzó la calle como a mitad de cuadra, entre el banco y la farmacia, trataba de cubrirse las partes íntimas con sus manos, se le notaba con miedo y con frio, no dejaba de correr. Detrás de él iba una señora lanzando amenazas, supusimos que era la agraviada, el tipo dobló la esquina y estimábamos su ruta de escape en función a los gritos que lanzaba la gente con la que se cruzaba, algunos eran de horror, otros eran carcajadas, y no faltó un silbido que llenase la avenida. Subimos unas 3 o 4 cuadras, todos narraban lo mismo, 1.5m de alto, cobrizo, cachetón, calato… según las declaraciones iba en dirección al cerro y detrás corría siempre la misma señora gritando y rogando que se detuviera, lo llamaba por su nombre Jorge, Jose, Joel, los testigos no se pusieron de acuerdo, el caso es que la agraviada lo conocía.
Por un momento perdimos el rastro, las calles que dan al cerro son tan laberínticas que los gritos se mezclaban y las versiones se contradecían. Solo podíamos guiarnos por nuestra lógica, ¿A qué parte del cerro podría ir un tipo sin pantalón?, quizás conocía una especie de cueva donde pueda vestirse o esconderse de su perseguidora. Por suerte, antes de seguir esbozando teorías desafortunadas, lo vimos subiendo por un techo, 1.5 m de alto, cachetón, cobrizo, desnudo. Dos de nosotros fuimos detrás de él, otros dos fueron por la calle paralela para cortar su salida, yo pude hablar con la señora que lo perseguía, me dijo que el nudista se llamaba José, que tenía mucho miedo, que lo ayudemos, que estaba arrepentida.
Lo cogieron en la paralela, uno lo agarró del cuello, y los demás de cada brazo. Aun con el frio el tipo sudaba a cantaros, los pies los tenia heridos de tanto correr descalzo, luchaba por escapar, “suéltenme, suéltenme” gritaba, “me tendieron una trampa, déjenme escapar, no dejen que me atrapen” seguía. Le hicieron algunas preguntas, pero no respondió a ninguna de ellas, repetía lo mismo una y otra vez, al final solo dijo “me han engañado, me han engañado, ella dijo que estaba enferma, la acompañé a la farmacia. Lo tenían todo preparado, ella cerró la puerta, la enfermera esperaba junto a la camilla y el doctor me cogió por detrás, me sacó los zapatos y jaló con tanta fuerza mi pantalón que me lo quitó con todo y ropa interior. Yo luchaba, ella fue a ayudar al doctor, la enfermera preparaba la inyección que me habían recetado. No sé cómo pude librarme, abrí la puerta y corrí, no tuve tiempo de ponerme el pantalón. ¡No dejen que ella me encuentre!, ¡no me quiero poner la inyección!, ¡me ha seguido, está corriendo detrás de mí! ¡Oficiales por favor, no me entreguen a mi madre, no quiero ponerme la inyección, se los ruego!”.
Por un momento perdimos el rastro, las calles que dan al cerro son tan laberínticas que los gritos se mezclaban y las versiones se contradecían. Solo podíamos guiarnos por nuestra lógica, ¿A qué parte del cerro podría ir un tipo sin pantalón?, quizás conocía una especie de cueva donde pueda vestirse o esconderse de su perseguidora. Por suerte, antes de seguir esbozando teorías desafortunadas, lo vimos subiendo por un techo, 1.5 m de alto, cachetón, cobrizo, desnudo. Dos de nosotros fuimos detrás de él, otros dos fueron por la calle paralela para cortar su salida, yo pude hablar con la señora que lo perseguía, me dijo que el nudista se llamaba José, que tenía mucho miedo, que lo ayudemos, que estaba arrepentida.
Lo cogieron en la paralela, uno lo agarró del cuello, y los demás de cada brazo. Aun con el frio el tipo sudaba a cantaros, los pies los tenia heridos de tanto correr descalzo, luchaba por escapar, “suéltenme, suéltenme” gritaba, “me tendieron una trampa, déjenme escapar, no dejen que me atrapen” seguía. Le hicieron algunas preguntas, pero no respondió a ninguna de ellas, repetía lo mismo una y otra vez, al final solo dijo “me han engañado, me han engañado, ella dijo que estaba enferma, la acompañé a la farmacia. Lo tenían todo preparado, ella cerró la puerta, la enfermera esperaba junto a la camilla y el doctor me cogió por detrás, me sacó los zapatos y jaló con tanta fuerza mi pantalón que me lo quitó con todo y ropa interior. Yo luchaba, ella fue a ayudar al doctor, la enfermera preparaba la inyección que me habían recetado. No sé cómo pude librarme, abrí la puerta y corrí, no tuve tiempo de ponerme el pantalón. ¡No dejen que ella me encuentre!, ¡no me quiero poner la inyección!, ¡me ha seguido, está corriendo detrás de mí! ¡Oficiales por favor, no me entreguen a mi madre, no quiero ponerme la inyección, se los ruego!”.
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