30 de enero de 2011

Final de enero

Los tiempos vienen dados, los momentos que compran recuerdos, quizás algún días nos cruzamos, quizás en otros tiempos nos equivocamos. Ahora usted va comprendiedo lo vivido, y lo vivido no le explica del todo, todo. Ya no es el niño que jugaba a la pelota, entiende que la tierra es dado roído ya redondo a fuerza de rodar a la aventura. Son los tiempos y las nostalgias, los aprendizajes y las rutinas. No se olvide que aunque Simth nos habla de la especialización del trabajo y con ello la deshumanización del hombre, Vallejo nos grita sus poemas humanos y nos restrega en la cara la vergüenza y el reclamo del ser humano. A ido entendiendo las respuesta más sublime de nuestros tiempo, lo que nos permite no ir volviéndonos autómatas, a todo ya sabe, siempre diga: Poesía o literatura. " A la rutina, poesía" al cansancio, literatura; a la varicela poesía, a la imaginación, "más de cien mentiras"

Un abrazo Távara y buen final de enero.

La pasamos muy bien anoche

La pasamos muy bien anoche,
Rodando por las escaleras de la secundaria,
Aprendiendo que nadie nace sabiendo,
Jugando a ser otros que no fuimos ayer
Descubriendo el amor, el alcohol y la amistad,
Recordando que hay gente que no puedes olvidar.

La pasamos muy bien anoche,
Empezando a vivir en la universidad,
Resignándonos a estudiar lo que no quisimos estudiar,
Escogiendo hermanos entre extraños,
Haciendo de la confesionalidad una moda
Conciliando sueños de todas las sangres, todas.

La pasamos muy bien anoche,
Redactando por primera vez un Curriculum Vitae,
Archivando los días de Cineplanet en el alma,
Engranando en el sistema laboral,
Blasfemando del sueldo y de la prisa,
Sacando la vuelta a la rutina.

La pasamos muy bien anoche,
Recordando que hay gente que no puedes olvidar,
Conciliando sueños de todas las sangres, todas,
Sacando la vuelta a la rutina,
Y gracias queridos amigos,
Por tantas noches, por tantos recuerdos en el corazón.

7 de enero de 2011

Tilo

En el área de Emergencias:

-Doctor, doctor, a mi hijo le han salido ronchas en todo su cuerpo, hasta en sus partecitas doctor, ha tenido fiebre toda la noche doctor, por favor dígame que tiene.
- Veamos señora, siente a su hijo por aquí. A ver hijo, respira como si estuvieras cansado, muy bien, pon el termómetro debajo de tu axila, abre la boca, mira hacia arriba, levanta la lengua, dame el termómetro, 39. Muy bien
-¿Qué tiene doctor?
- Señora lo que su hijo tiene es Varicela, muy común en chicos de su edad, probablemente algún compañerito en el colegio lo haya contagiado, o algún amigo con quien ande.
- Pero doctor si yo estoy muy atenta de con quien anda, y en ese colegio tan caro donde el estudia no creo que las madres dejen ir a sus hijos enfermos.
- Bueno, de todas formas le recetaré estas medicinas y en una semana vuelve para ver cómo vamos, ¿ok?, ah, un poco de Tilo también le hará bien.
- Muchas gracias doctor, muy amable.
-Hasta luego señora, y cuídese campeón, no se esté rascando que le van a quedar manchas de por vida, lo digo en serio.

Llegando a la casa:

-Menos mal que tenían todo lo que te receto el doctor en la farmacia, ahora solo falta encontrar el Tilo, ya ves lo que te pasa por andar en la calle todo el día quien te habrá contagiado pues, ahora de dónde sacoel bendito Tilo?
-Tilo venden en la bodega de la otra calle mamá, ayer fui con Lucho a comprar, el doctor también le recetó lo mismo.

1 de enero de 2011

12:03

Ahora que se viene el nuevo año ¿Me permiten agarrar la copa? porque yo quiero dedicarles algunas palabras, ya saben, es un discurso de los que se recita poco. Quiero decirles que a pesar de los motivos, de los tiempos, de las excusas que encontremos y de ese perder de la sonrisa. Siempre encontraremos las excusas para buscarle una buena despedida al año y comernos doce uvitas con deseos aplicados. No me interrumpas por favor ya no tardo. Rezaré por lo que prepara, detras de la puerta, el año que asoma su nariz esta noche para vernos bailar y beber. Ya te dije que no tardo. Por eso, sin la interrupciones de quien mira, de quien vigila. Yo seguire mi brindis. Primero entiendan que el choque de copas necesita buenos motivos, un argumento que nos explique o nos reconforte de que cualquier tiempo pasado fue peor, pero no me empuje y deje de mirar el reloj, que yo también se mirar la hora, me lo enseño mi abuelo. No me pregunte de los minutos, sabemos de la velocidad de los segundos, es más no me lleve a la tangente que de trigonometria, la poesía. Sí , ya me entienden, y me entienden. Yo quiero despedir aquel año, decirles que los olvidos son los mejores recuerdos. Salud pues, pero todavia no se abrazen que aun me queda un mensaje para ustedes, ¿quién carajo mira la hora? ¿quién relata el final del cuento? Yo prometo y les prometo que termino antes de que terminen de contar, pero no me apresuren, no empujen, dejen de contar la cuenta regresiva que todavía no termino, carajo que no me gustan los relojes. Usted por qué cuenta hacia atrás. Ya sé que los minutos pasaron, miercoles quien coño dijo que son las 12 y 3 ¡Maldita sea! Feliz 31 y que se joda el año que viene ¿Quién brinda conmigo?

Nota: Escribiendo por fin de año con Giank.

19 de diciembre de 2010

Seguro

¿Seguro que esta vez es seguro?, desde julio que ofrecen contratarte, te dicen: “seguro que de este mes no pasa, no te preocupes”, ¿estás seguro de creerles otra vez?, seguro que esperas un sueldo muy gordo y jugoso, seguro que no te lo dan. Seguro que te atrae eso de ser Ejecutivo de Siniestros en una compañía internacional de Seguros, andar en traje de lunes a jueves con paso seguro y corbatas coloridas que de seguro no riman nunca con tus camisas. ¿Estás seguro?, ya sabes, no es que sea tu vocación, pero eres economista, para bien o para mal, aunque no estés seguro del porque, eres economista, así que ¿acaso vas a sacarle el VAN de los neumáticos pinchados, o vas a calcular la TIR de los guardafangos abollados?, seguro que estas muy ilusionado, pero también es seguro que te vas a aburrir, ya pasamos por esto antes, seguro esta vez juras será diferente, o seguro que hay una muñeca de por medio, seguro alguna chica con cuello de cisne, cintura breve y ojos de luna llena te hace quedarte amarrado a la roca de Prometeo, seguro que es por culpa de la cadenita.

De todas maneras, piénsalo bien, tienes que estar seguro antes de firmar, pensarlo dos veces, saber si es seguro tu futuro en una compañía de seguros, si es seguro que aprenderás algo de lo que seguro no querías estudiar cuando más joven, si es seguro que ella te va a hacer caso esta vez o si seguro que vas a terminar como siempre olvidando en un rincón con el mismo amigo que escucha la historia por quinta vez. Ten cuidado, ¿estás seguro de querer trabajar en una compañía de seguros?

12 de diciembre de 2010

La Cadenita

Todo depende de la estrategia, si la estrategia es buena se puede conseguir cualquier cosa. La primera vez que la vi yo seguía un poco mareado por lo de la noche anterior, no me había cambiado de ropa y más de 3 veces había terminado en el piso de una calle desconocida. Llegué a ver un ómnibus que me llevaba a casa, pero aun no estaba lo suficientemente despierto como para alcanzarlo, me detuve en el paradero a esperar que mejorara mi suerte, sospecho que era lunes porque la calle se llenó de personajes en traje, molestos y apurados, como condenados a un ciclo inacabable de idas y venidas. Entonces apareció ella, el brillo de su cadenita de plata entre tanto hombre gris llamó mi atención, llevaba un saco oscuro y tacones altos, subió a un bus cuya ruta no conocía, pero que por esos días lo tomé religiosamente.

El primer día yo andaba muy mareado para acercarme, ella bajó en Miraflores, y yo seguía estrenando calles esa mañana. Entro a una empresa cuyo nombre no pude distinguir bien desde la esquina, regrese a la avenida principal, tomé el vehículo de regreso a la calle donde la vi por primera vez, y aprendí la ruta que tenía que tomar al día siguiente desde mi casa. La mañana siguiente ya estaba muy despierto, a pesar de haber tenido que madrugar para encontrarla a la misma hora del día anterior; iba con la ropa más limpia que tenia, unos jeans anchos, una casaca con capucha y un par de zapatillas muy cómodas para seguirla todo el día, subimos al bus algo apretados e intente aprovechar esto para crear el primer acercamiento, llevaba la mirada tan fija en su cuello que ella volteó y me miró con miedo, quizás la combinación de mi ropa, tan diferente a la suya y mi mirada tan obsesionada la asustaron e impulsaron a zambullirse en ese mar de gente preocupados por estar llegando tarde a la oficina.

Había que cambiar la estrategia, tenía que homogeneizar mi imagen a la de ella, si ella usaba pantalón de vestir, blusa y saquito, yo me conseguiría unos zapatos, pantalón de un traje incompleto y camisa, hasta me peine con raya al costado y todo, cogí un libro de esos que me dejó mi padre para redondear la imagen de hombre decente e intelectual, desde que llegamos al paradero ella notó mi presencia, no necesite acercarme, subimos juntos al bus, nos sumergimos juntos en el mar de empleados tardones, tropezamos algunas miradas, nuestros dedos se buscaban en el pasamanos, nos pisamos también algunas veces. Yo me bajé en Surquillo, de ahí tome el carro hacia mi casa, ella no se sí habrá llegado a Miraflores, si habrá bajado detrás mío, o si fue muchas cuadras después cuando se dio cuenta que le faltaba la cadenita.

3 de diciembre de 2010

Los días

Un día, los días. Despiertas. Otra vez, esclavo de un sol que te engaña y le da un falso olor a nuevo a la rutina que vienes actuando hace ya un año, cinco meses y diecisiete días. Es martes.

Mientras el agua termina por despertarte recuerdas que hace ocho meses que nadie más te ha visto desnudo, le buscas el lado positivo y te consuelas creyendo que es una ventaja por lo mucho que te ha crecido el abdomen. El agua aun esta fría.

Algún día aprenderás a hacerle nudo a las corbatas, mientras tanto sigues dependiendo de que el gusto de tu hermano coincida con el gusto de tu madre para escoger camisas. Algún día aprenderás a planchar.

Alistas las llaves, la billetera, el celular, las gafas, la bendición de tu madre, las facturas que le debes a tu padre, mientras el perro ciego intenta despedirse, y ruegas por que el reloj estuviese adelantado. Esa corbata no combina con esa camisa.

La mañana que aun no termina de abrirse, te deja esperando un bus no tan lleno donde puedas colarte aunque sea en las escalerillas de la puerta, y siempre te preguntas, ¿para que se molesta tu madre en lustrarte los zapatos si igual te lo van a pisotear una manada de oficinistas tardones y malhumorados, para que cuidar el saco si siempre se van a sentar encima las gordas amas de casas con sus bolsas vacías de mercado con inflación, o para que levantarse más temprano si siempre serás un tardón?.

“Es el día 532” te dices a ti mismo sin que nadie entienda porque cuentas los días que pasas en esa oficina, en ese cubículo, en esa silla giratoria, anatómica, ergonómica, autoregulable. Comienzan el engranaje del reloj, a veces tu jefa te grita por algo que hiciste hace un mes, la semana pasada, o pasado mañana, algunas otras veces te felicita y te dice que puede abrirse una vacante para ti, mejor mañana conversamos del tema, mañana, mañana, mañana.

Archivas, cuentas, sumas, suena el teléfono, la miras, niegas, rechazas, te enamoras, no contestas el teléfono, restas, respondes un e-mail, subes, desconectas tu teléfono, imprimes, la sigues mirando, revisas, reimprimes, tu jefe pregunta ¿Por qué no contestas el teléfono?, bajas, comes, te estiras, bostezas, suena el teléfono, te enamoras otra vez, inventas excusas, respondes reclamos, la miras de costado, estrenas errores, envías cartas que no dictas, que no firmas, ella descubre que la miras, coordinas algunos pendientes para mañana, acomodas la silla (giratoria, anatómica, ergonómica, autoregulable), ella te sonríe coqueta, terminas las sumas, olvidas las restas, abrevias las palabras, suena el teléfono, seis de la tarde, apagas todo, te despides escueto, suena el teléfono.

El viaje de regreso es similar al de salida, solo que más oscuro, regresas a estar tirado sobre la cama renegando por vez 532 de la oficina, cenas, ves un episodio repetido de un serie que acabo hace 8 años, al final ellos se casan. Hablas por teléfono, lees algún libro usado que compraste muy barato en una feria de la universidad, le faltan algunas hojas. Te duermes finalmente. Despiertas. Otra vez, esclavo de un sol que te engaña y le da un falso olor a nuevo a la rutina que vienes actuando hace ya un año, cinco meses y dieciocho días. Es miércoles.

1 de diciembre de 2010

Sandalias Lilas

Carla tenía el atuendo de verano y unas sandalias lilas con los que paseaba en un inicio. Ella llevaba muy poco peso en la cartera, pero en la mirada se jalaba la vida. Jorge pensaba en las distancias, el día que la conoció. En las distancias que había entre ella y su atrevimiento de acercarse a conversarle, a preguntarle por la mirada, por la sonrisa, por la tristeza. Carla llevaba el cabello suelto cuando se conocieron y una mirada que demostraba que cargaba mucha tristeza. Quizás eso le gusto a Jorge, su mirada, la tragedia, la distancia. Siempre le acusaron de su facilidad con el drama, tendía a convertir en tragedias, pequeños acontecimiento que le sucedían. Así le pudo conversar a Carla, cuando le pidió información sobre un curso por el cuál podía jalar y terminar dejando la universidad, era su exageración, posiblemente su mejor excusa. Ella, quizás, ahí, también le gusto Jorge. Carla tenía la costumbre de preocuparse por los demás y Jorge encajaba perfecto con su tragedias inventadas. Siempre tenía una para ella y para cantarle alguna canción mientras ella se bañaba con sus sandalias lilas. A él le encantaba aquella sandalias, desde el día en que los trajo por primera vez a su habitación y le dijo que iban a quedarse acá, para andar por el cuarto o bañarse en las mañanas, después de haberse amado durante la noche. En realidad fue lo único que trajo y lo único que dejo. A Jorge le gustaban las sandalias lilas, porque, en las mañanas, era el único atuendo que ella usaba. Desnuda y con sus sandalias lilas, era hermosa verla andar por toda la habitación. Él sonreía mientras ella le respondía con alguna coqueteria. Ahora que ordena el cuarto mientras escucha vieja música, Jorge se percato que se quedaron las sandalias lilas, sabe que pronto tendrán que ser guardadas, quizás quien entra se puede quejar, pero prefiere mientras tanto cantar aquella melodía de antaño mientras mide las distancias que ahora hay entre su cama, las sandalias lilas y ella que lo está mirando.

14 de noviembre de 2010

¿Qué es la vida?

No es solo sexo dijo el virgen,
No todo es dinero dijo el magnate,
Descansar dijo el obrero,
Un trabajo dijo el vago,
Que me contraten dijo el pasante,
Que me jubilen dijo el contratado.

Libertad escogió el preso,
Paz pidió el soldado,
Crecer quería un niño,
Envejecer temía el adulto,
Sufrir predicó el cura,
Aprender enseñó el sabio.

La soledad dijo la viuda,
La verdad dijo el mentiroso,
Tu amor dijo el amante,
Volverte a ver dijo él ciego,
La mujer dijo el vouyerista
La muerte al fin. Siempre.

29 de octubre de 2010

Volteando la mirada

¡Rodriguez Salazar, Javier! Acaban de gritar un nombre y entre tantos sacos y corbatas se levanta uno, algo sorprendido y se acerca al señor. Lleva su sobre naranja que narra escuetamente lo que ha hecho hasta hoy, quizás le sirva luego para no olvidar. Buenos días señor ¿Cómo? ¿Por qué me gustaría trabajar en su empresa? Da una respuesta prolongada. No se cree nada de lo que dijo, inclusive ni siquiera lo entendió. Acá seguimos siendo un mar de soñadores laborales, nos miramos y vamos encontrando nuestro espejo en el otro. Una vez más vuelvo a sentarme con tanto extraño, que ya los voy sintiendo familiares. Las colas, los trajes, la sonrisa y aquellos apretones de mano van marcando la pauta de esos días, promesas de futuros inciertos y el camino al calvario, a la condena de la rutina, pero todos queremos el fuego de Zeus y que luego nos coman las entrañas. Pelearemos por las cadenas con los aromas prestados y los trajes cada vez más gastados, cansados. Es un mar humano y la incertidumbre va imperando en la sala de espera. Tienes un recuerdo esquivo de haber estudiado para algo, algo que no encontrarás acá. Poco a poco fuiste derrotando las ambiciones y conformándote con sueldos miserables. Ya no te encuentras en el espejo, ni en ese cuadro con sombrerito negro y mandil. Ya no recuerdas el gran discurso que le diste a tus compañeros y esa loca idea de ser gestores del cambio, aquel reclamo e indignación por el atropello y la búsqueda libertaria de la dignidad humana. Ahora formas la cola esperando ser llamado, has vuelto a rezar y el insomnio nuestro de cada día no te abandona. ¿Haber dígame? ¿Por qué le gustaría trabajar en nuestra empresa? Me mira, los ojos le brillan y me suelta una respuesta prolongada que ni él se la cree. Leo su currículum. Estudió Ingeniería Industrial y postula para asistente en una oficina de atención al cliente. Veo mi reflejo en sus ojos brillosos y siento su caída honda. Hay un breve silencio, él no me quita la mirada, no encuentra su mirada. Bienvenido.

28 de octubre de 2010

Vicio

A veces parece un vicio el no querer dormir, otras veces es inevitable. Cuando tu abdomen tiembla de la impotencia y tu mano escribe lo más rápido que puede las ideas que tu mente vomita por la rabia y por la desesperación de sentirse insatisfecho con la imagen que te regreso el espejo, comofuequellegamosaterminarasi. Respira, como fue, el desorden de los días, las mañanas perdidas en quien sabe que nube o tras cual falda, las derrotas anunciadas en versos de Vallejo, o el simple hecho de saberse perdido en un laberinto de mil y unas noches, ¿quehacemoscarajo?, comoparamosesto. Respira, busca soluciones, es un circulo vicioso, te preocupas, duermes poco y mal, pierdes la misma guerra contra las sabanas todas las mañanas, no tomas un buen desayuno, viajasenunestadodeplorablehambrientoytardon, respira, llegas tarde (otra vez) y ya es la tercera oficina que te contrata este año, entonces te amenazan, te hacen firmar memorándums al por mayor, te preocupas, duermespocoymal,pierdeslamismaguerraetcetcetc. Y si quieres un consuelo, te ahogas en cerveza, escuchas tus discos favoritos, esos que no sirven para nada más que para ponerte peor, llegas ebrio a casa y tu mujer ha tirado tuscosasporlaventana3vecesestemes. Así que vas por ahí esperando que se te pase un poco la borrachera o que se disipe tu mente, hasta que te olvidas de las avenidas, o de los atajos, y saltan dos sombras del callejón más cercano ysellevanelcelularqueaunnoterminasdepagar, respira, ya pasó, y se llevaron también la billetera, y carajo al día siguiente se le ocurre a tu jefe abrazarte efusivamente buscando devolverte la motivación que tenias hace algunos meses y siente todalamarcaquedejoelalcoholentucuerpo, y tu mujer se ha ido para siempre otra vez, y en la noche malditasealanoche, una mano blanca y de mujer se posó en tus rodillas y entregó su boca como un escape, comounasalida, hasta te dio una billetera nueva y las copas fluyeron, pero hasta antes de las 12 mejor que mañana no puedes llegar tarde de nuevo, y lo mejor sería tomar un taxi para ver si la prisa llama al sueño, y malditaseasemequedolabilleteranuevaeneltaxi, respira, ya pasó, tranquilo, así no podras dormir, dile a esamalditamanoquedejedetemblar, vomitas lo poco que has comido y mañana seguro que llegas tarde, o se va otra mujer, o tuvidasiguesintenersentido, carajo, mejor nos secamos la botella de un sorbo.

24 de octubre de 2010

Sus espejos

La gente pasa totalmente distraída. Es un mar humano que se mezclan en las calles, apenas si te descubres, apenas si te reconoces entre los ventanales de los bancos o en las miradas desconcertadas de los transeúntes. Es raro, lo sabes, es raro seguir el mismo camino, los mismo paraderos de aquella ciudad.
Ahora llevas una chalina por el frío, un libro te acompaña. Acabas de recordar una vieja canción que algún recuerdo propició. Sonríes, sabes que en la otra esquina el bullicio es más notorio, pero esta calle mantiene a los lejanos, algo cercanos. Buscas jugar y te confundes entre la multitud ¿Dónde estoy? Sabes bien donde estoy. Me distraía al no mirar la otra acera, no contar los pasos en cada cuadrado, no repetir el tropiezo con el mismo bache que dejaron al construir la nueva pista de la modernidad. ¿Me permites? Cuando mires al espejo y no te encuentres, no te preocupes, quizás andas extraviada entre la multitud, quizás confundiste el camino, quizás es el apuro de los días, quizás te robaron la mañana, quizás falte más motivos. La ciudad sin presentación se sigue mostrando de a pasos y miradas cansadas y te refleja el charco de la calle garuada. Su arco iris tímido muestra las tonalidades de grises que apenas puede soltar. Y cada vez que te olvidas te vuelves a encontrar entre ventanales de los bancos, charcos de garúa y ojos de lunes.

23 de octubre de 2010

El Detalle que faltaba

Sé que andas por ahí invitando a pecar, convidandome algo de ti, sin conocer realmente tus límites. Sé que llevas una ligera libertad para correr a velocidades emocionantes, exitantes. La idea se te escapa por los sueños, por las noches, mientras el calor acaba en el sudor que derramas entre sábanas. Sé que seras, luego, el motivo del olvido y tendrás que cubrir la ausencia por otros lares, la necesidad, el deseo que va conquistando tu cuerpo poco explorado. Sé que existe un quizás para ti, un tal vez, que te permita seguir los caminos ocultos. Pasajes que se van abriendo. Jugaras con tu atrevimiento y me dejaras irte interpretando de a pocos, de a muchos, según como anden tus deseos, tus ganas de no ir perdiendo el tiempo y aprovechar esa línea anexada que puede haber cuando existe la codificación del mensaje, tu mensaje, la interpretación del bullcio, la sonrisa, la mirada, tu silencio, la cercanía, esa amistad extraviada, ese pecado maldito, bendito. Sé que tú sabes, quizás ahi este el detalle que faltaba.

10 de octubre de 2010

Pretendiente

Soy mejor como pretendiente que como novio, quizás debí decírtelo hace mucho tiempo, pero eso habría arruinado mi estrategia, ya sabes, después de todo fui el mejor pretendiente de todos los que tuviste, por algo conseguí lo que ellos te reclamaban. Ya después nunca nos imaginamos que las cosas saldrían así, solo sé que fui un buen pretendiente, que siempre estuve ahí para abrirte las puertas de la oficina, que sincronice mi horario a tu rutina, que supe colarme entre tus amistades, generarme los momentos para ganarme alguna mirada que se resbalaba por tu espalda y caía a mis pies y sonreírte y comprobar con miedo que me sonreías y que también tenias miedo. Fui un buen pretendiente, sabia cual era mi labor, de aguardar en la esquina un encuentro casual creado tras muchas noches de cálculo y compartir una vereda roja deshojando temas escogidos al azar también, sabía anochecer viendo una foto que te robe desprevenida, donde me sonreías cómplice sin darte cuenta, supe llenar mis sueños con tu cuello y esa cadenita de plata que cubría su desnudes, supe tropezar tus manos con las mías y hasta supe memorizar de casualidad tu poema favorito para nuestro primer beso. Pero luego me cambiaron las reglas del juego, y tenía que luchar en terrenos desconocidos para mí y mis teorías de excelente pretendiente, fallé como amigo, respondí a tus suspiros con historias falsas e impresionantes, nadie me enseñó cómo ganarme a tus padres, no sabía qué hacer con tus ataques de ira, como responder a tus llamados de auxilio, te fallé en la cama, jamás pudimos negociar una estrategia contra ataques de celos. Soy mejor como pretendiente que como novio, quizás debí decírtelo hace mucho tiempo, ahora veamos cómo me va como ex.

25 de septiembre de 2010

Azar

Encontré whisky cuando buscaba té,
Como encontrar dinero en los bolsillos de un pantalón que olvide hace tiempo,
Como levantarme con una resaca insoportable y la chica más guapa de la fiesta a mi costado,
Como sentarse sobre un celular último modelo en el taxi de regreso a casa
Como contestar el teléfono y encontrarte al otro lado de la línea.

Encontré hielo cuando buscaba azúcar,
Como encontrar el deseado ascenso en una reunión de puntualidad,
Como sacar 20 en un sustitutorio,
Como colarse desde Tribuna hasta Platinum,
Como encenderlo un cigarro a Sabina en un bar.

Ahora, si me traen una botella de guaraná,
Unas cerezas para algún experimento de barman,
Dos o tres cajetillas de Lucky Strike,
Y sobre todo si los traes tú,
Podremos olvidar que la noche está perdida y soñolienta
Que el plan era dormirse entre sollozos y lamentaciones,
Que no te has ido, que no hubo despedida esta mañana.