28 de septiembre de 2009
Ahora ya
Ahora ya eres como ese personaje fotográfico de alguna ficción que me llenó las noches de mentiras enamoradas, eres ese sueño de insomnios y techos negros, con el grito de la madrugada por la ventana y yo extrañándote entre las sabanas sin saber quien eras. Ahora eres esa presencia anhelada a mi costado, con tu cabello resbalando sobre mi hombro, estrechandome contra tu suave cintura, ese dulce bocado que se deja admirar cuando te estiras cansada, o cuando elevas tu cuello de cisne blanco hacia la luna, hacia el mar de estrellas de donde saliste, para verte tan lejana, tan lejos, tan de otro. Ahora que es tu boca mi lugar favorito, que me pierdo en el caos de tus manos al hablar, que quisiera enloquecer contigo, perderme en tu lógica, matarnos de risa, morirnos de amor. Ahora que tu ser me desquicia, ahora que quisiera tenerte, que ya no puedo, ahora que te vas con él, ahora que regreso sin ti, ahora que no puedo dejar de pensarte, ahora que ya eres tan inalcanzable.
23 de septiembre de 2009
Setiembre
Setiembre seguimos en deuda, seguimos intratables, sin cercanía que nos permita alguna conciliación, las utopías de realidades distintas se desmoronan en tus días, se sigue marcando un final del calendario y ni una primavera tímida disipa lo pensares, pesares. Setiembre nos debemos tanto que la vida nos llegará a quedar corta en algún momento, habrá tiempos en que ligeras treguas permitan algunos días llevaderos y habrá las otras en que simplemente nos duela cada respiro, se escucharan disculpas ripiosas, pero no se aceptará ninguna como de costumbre; los días irán escapando de nuestros arrebatos, sólo me quedo con el quinto día de tu mes, como recuerdo de un ligero brillo, la imagen de un sueño recurrente, de una idea algo contada, la sonrisa primera que regalaste, el...ahora invento de un recuerdo bonito. Septiembre nos necesitamos tanto, como contradicción de nuestras vidas somos conscientes de nuestro rechazo y nuestro apego, sabemos que aunque no nos escojamos, terminamos bailando alguna canción y aunque nos evitamos tanto, terminamos teniendo alguna conversación. Setiembre nos atacamos tanto, que ya los adjetivos se han ido marchando, apenas si nos quedan unos cuantos, que podremos hacer..habrá que inventarnos otros tantos.
1 de septiembre de 2009
Harto
Estoy cansado de tener que ir hacia adelante,
Estoy cansado de que me empujen
De que me vendan secretos para triunfar.
Estoy cansado mamá, no quiero ir
Estoy cansado, no ves, deja de pelear.
Estoy cansado de las mentiras, de que nadie me lea
Estoy cansado de la poesía, de la rima vacía.
Estoy cansado de las crisis, de las soluciones baratas,
Estoy cansado de que tenga que amanecer otra madrugada.
Estoy cansado de estar sin ti
De verte y no tenerte
Estoy cansado de que me veas,
De que sientas que te quiero y no lo sepas.
Estoy cansado de eso que llaman vivir,
Harto de bostezar a dos tiempos,
De dormir de pie, de las manos temblorosas
De las pastillas en el velador.
Estoy cansado de que cada medianoche
tenga que empezar nuevamente el reloj.
Estoy cansado de que me empujen
De que me vendan secretos para triunfar.
Estoy cansado mamá, no quiero ir
Estoy cansado, no ves, deja de pelear.
Estoy cansado de las mentiras, de que nadie me lea
Estoy cansado de la poesía, de la rima vacía.
Estoy cansado de las crisis, de las soluciones baratas,
Estoy cansado de que tenga que amanecer otra madrugada.
Estoy cansado de estar sin ti
De verte y no tenerte
Estoy cansado de que me veas,
De que sientas que te quiero y no lo sepas.
Estoy cansado de eso que llaman vivir,
Harto de bostezar a dos tiempos,
De dormir de pie, de las manos temblorosas
De las pastillas en el velador.
Estoy cansado de que cada medianoche
tenga que empezar nuevamente el reloj.
13 de agosto de 2009
No me ladres
Perro negro no me ladres, eres más furioso que en el sueño y muerdes de verdad, deja de llamar a tu jauría si tú solo ya me estas destrozando, permíteme luchar, la lluvia me entorpece me hace resbalar, se observa que ya tienes experiencia, perro negro, no me muerdas, en el sueño no fue igual.
Este salirse del camino, estos otros perros que me rodean, yo venía acompañado, se que era una mujer; no, no era ella, pero sé que era una mujer, y que la quería, y que la perdí, no sé donde está, perro negro no te atrevas a dañarla. Si camino despacio quizás te tranquilices y dejes de gruñir mientras me devoras el pantalón sin dañarme la piel, perro negro los otros perros negros me gruñen también, mientras no sé donde esta ella, mientras quiero seguir por el camino. Allá están ellos, tus hermanos, tu jauría, en los campos verdes de alrededor, ladrando, mostrando sus colmillos, la noche oscura no ha permitido lunas que me regalen luz para seguir, las estrellas han callado su auxilio madrugador.
Perro negro, sé que estoy maldito, que vendí mi alma y la estas buscando, pero quién es tu amo perro negro, quién es dueño de los otros también, de quién es este jardín, de quién es la casa a la que me dirijo desesperado mientras tú, gruñendo, pasas del pantalón y comienzas a devorar poco a poco mi piel.
Este salirse del camino, estos otros perros que me rodean, yo venía acompañado, se que era una mujer; no, no era ella, pero sé que era una mujer, y que la quería, y que la perdí, no sé donde está, perro negro no te atrevas a dañarla. Si camino despacio quizás te tranquilices y dejes de gruñir mientras me devoras el pantalón sin dañarme la piel, perro negro los otros perros negros me gruñen también, mientras no sé donde esta ella, mientras quiero seguir por el camino. Allá están ellos, tus hermanos, tu jauría, en los campos verdes de alrededor, ladrando, mostrando sus colmillos, la noche oscura no ha permitido lunas que me regalen luz para seguir, las estrellas han callado su auxilio madrugador.
Perro negro, sé que estoy maldito, que vendí mi alma y la estas buscando, pero quién es tu amo perro negro, quién es dueño de los otros también, de quién es este jardín, de quién es la casa a la que me dirijo desesperado mientras tú, gruñendo, pasas del pantalón y comienzas a devorar poco a poco mi piel.
11 de agosto de 2009
Condenado
Alguna vez te has sentido acorralado, que todo el mundo gira alrededor tuyo, que los pasos se apresuran por alcanzar a tu sombra, que se achican las paredes de tu cuarto. Alguna vez te has sabido condenado y sin ganas de defenderte, alguna vez te acostaste sin pensar en las estrategias que te hicieran parecer menos culpable, no inventaste tretas que desvíen los juicios, no ensayaste números teatrales para transformarla realidad. Alguna vez todas las llamadas eran acusadoras, alguna vez cada mirada te había descubierto, te temblaron las rodillas por el pasado, y no había ya un sueño que te calmara, no tenias hambre, sed, frio, calor; el teléfono timbra, no es, quizás la próxima sea la que esperabas.
Alguna vez recreaste miles de posibilidades que te habrían salvado de estar huyendo, lamentaste tus decisiones estúpidas; porque finalmente, eso fue, una estupidez, tú no eres malo, solo algo torpe, sino hubieras hecho eso, o si quizás no hubieras ido aquel lugar, si esa chica no se hubiese acostado contigo… Alguna vez te pareció que el teléfono sonaba demasiado, que esas preguntas tenían otro trasfondo, que sus caras ya te estaban condenando, que te investigaban, que ellos sabían de tu crimen, y tú sabías que ellos lo sabían, las puertas se te cerraban, nadie se atrevía a dar el primer paso, tú correr, ellos atraparte, tú confesar, ellos culparte; suena el teléfono, una vez más no es lo que esperabas, a seguir con la angustia, el sudor y las rodillas. Maldición, ¿por qué tardará tanto mi verdugo?
Alguna vez recreaste miles de posibilidades que te habrían salvado de estar huyendo, lamentaste tus decisiones estúpidas; porque finalmente, eso fue, una estupidez, tú no eres malo, solo algo torpe, sino hubieras hecho eso, o si quizás no hubieras ido aquel lugar, si esa chica no se hubiese acostado contigo… Alguna vez te pareció que el teléfono sonaba demasiado, que esas preguntas tenían otro trasfondo, que sus caras ya te estaban condenando, que te investigaban, que ellos sabían de tu crimen, y tú sabías que ellos lo sabían, las puertas se te cerraban, nadie se atrevía a dar el primer paso, tú correr, ellos atraparte, tú confesar, ellos culparte; suena el teléfono, una vez más no es lo que esperabas, a seguir con la angustia, el sudor y las rodillas. Maldición, ¿por qué tardará tanto mi verdugo?
7 de agosto de 2009
Para que me entiendas
Te explico, mi cerebro es flojo y no es cosa de ahora, siempre me ha pasado. Apenas veo un rostro con facciones similares a las de otra persona conocida, mi memoria las estandariza y llega a hacerme creer que a quien veo es el mismo individuo de hace tantos años. Tardé en llegar a esta conclusión, fue después de tantos errores que comprendí a la gente que me miraba extrañada cuando los saludaba cordialmente (porque no eran quienes yo creía, sino alguien muy similar que por un timo de mis neuronas había supuesto igual). Al principio me pareció que los del problema eran ellos, sobrados como se dice, que me dejaban con el gesto estirado o que fruncían el ceño ante mi sonrisa hueca clavada en el aire, por cuestiones ajenas a mi entendimiento. Pase entonces a una posición defensiva que me evitase ese mal sabor de boca por haber hecho el ridículo o haber actuado como un idiota ante simples desconocidos y sus acompañantes. Dejé de saludar a las personas por más que este seguro de haberlas reconocidos, si ellos buscaban mi hombro con sus manos, o decían mi nombre, el reencuentro se podía llevar a cabo, el saludo, la actualización, y la correspondiente despedida con promesas falsas de volvernos a ver, llamarnos y todas esas cosas que nunca hago, tú sabes.
Aunque me costó muchas veces fama de distraído o de altanero seguí así buen tiempo, hasta que detecte el error de mi cerebro y su flojera, los rostros cada vez eran más los mismos, algunos colegas del trabajo son tan parecidos a los de mi primera casa, otros de la universidad a los del colegio, clientes de mi trabajo a las personas que me insultaron en el supermercado, pasajeros del mismo bus idénticos a maestros o ex jefes. Lo malo de esta flojera mental es que muchas veces se prejuzga a los nuevos conocidos por ser parecidos a personas con las que se han tenido malas experiencias, es decir si su similar fue alguien con quien tuve un altercado en algún ayer del tiempo, este inocente neófito en mi vida deberá cargar el peso de esta situación por lo menos hasta que el mismo logre hacerme borrar esa primera impresión por merito propio. Y viceversa, muchas veces se han ganado mi simpatía personas totalmente detestables, por el simple hecho de traer a mi memoria seres entrañables desde alguna telaraña neuronal. Llegando a este punto tu mejor amiga (que de paso se parece mucho a una buena amiga mía de la primaria), conocedora de mi historial sentimental, me decía que yo siempre he buscado a las mismas mujeres, que sigo un patrón, un gusto muy marcado, la verdad yo no me había dado cuenta de eso, creo que puede tener razón.
La chica del abrigo rojo ayer en el café me hacia recordar a una tía que no visito nunca, el chofer del taxi que la semana pasada me devolvió ebrio a mi casa hasta hablaba igual que ese profesor que nos jaló en el último ciclo de la universidad. Cosas así han llenado mi día a día y mis caminatas por las calles, no es extraño que siempre voltee para ver bien a alguna persona supuestamente reconocida, que desvié mi mirada cuando nos besamos porque pienso que me han descubierto. Finalmente, los lugares también se vuelven familiares, la discoteca donde estuve ayer se me hizo tan similar al café que siempre concurrimos para charlar, las mesas, las sillas, la callecita, el mar, la chica a la que me vista besando anoche se me hizo tan igual a ti, y cosas así, ¿me entiendes?
Aunque me costó muchas veces fama de distraído o de altanero seguí así buen tiempo, hasta que detecte el error de mi cerebro y su flojera, los rostros cada vez eran más los mismos, algunos colegas del trabajo son tan parecidos a los de mi primera casa, otros de la universidad a los del colegio, clientes de mi trabajo a las personas que me insultaron en el supermercado, pasajeros del mismo bus idénticos a maestros o ex jefes. Lo malo de esta flojera mental es que muchas veces se prejuzga a los nuevos conocidos por ser parecidos a personas con las que se han tenido malas experiencias, es decir si su similar fue alguien con quien tuve un altercado en algún ayer del tiempo, este inocente neófito en mi vida deberá cargar el peso de esta situación por lo menos hasta que el mismo logre hacerme borrar esa primera impresión por merito propio. Y viceversa, muchas veces se han ganado mi simpatía personas totalmente detestables, por el simple hecho de traer a mi memoria seres entrañables desde alguna telaraña neuronal. Llegando a este punto tu mejor amiga (que de paso se parece mucho a una buena amiga mía de la primaria), conocedora de mi historial sentimental, me decía que yo siempre he buscado a las mismas mujeres, que sigo un patrón, un gusto muy marcado, la verdad yo no me había dado cuenta de eso, creo que puede tener razón.
La chica del abrigo rojo ayer en el café me hacia recordar a una tía que no visito nunca, el chofer del taxi que la semana pasada me devolvió ebrio a mi casa hasta hablaba igual que ese profesor que nos jaló en el último ciclo de la universidad. Cosas así han llenado mi día a día y mis caminatas por las calles, no es extraño que siempre voltee para ver bien a alguna persona supuestamente reconocida, que desvié mi mirada cuando nos besamos porque pienso que me han descubierto. Finalmente, los lugares también se vuelven familiares, la discoteca donde estuve ayer se me hizo tan similar al café que siempre concurrimos para charlar, las mesas, las sillas, la callecita, el mar, la chica a la que me vista besando anoche se me hizo tan igual a ti, y cosas así, ¿me entiendes?
31 de julio de 2009
Cuentos Perdidos
He perdido muchos cuentos, algunos ni siquiera los escribí, los perdí entre juegos de la mente, hubieron los que me gustaron en el camino y me disgustaron en el papel, otros que escribí en hojas inapropiadas, alguna servilleta con la que luego me limpie el zapato, una etiqueta de botella que luego bote del bolsillo, una separata de algún curso que luego olvide, en un cuaderno viejo que deje en el camino o en alguna piel inapropiada que luego me encargue de borrar; fueron algunos muy personales, otros que saque de lo que veía en el viaje, existieron los que tuvieron dedicatoria y por eso ya no los volví a ver y también los que simplemente no tenían sentido y no vieron la luz; con la tecnología también he sufrido, algún cuento que me olvide guardar, otro que de casualidad borre, están los que guarde en mi usb que acabo de perder, sospecho que es cuestión del destino, bueno esa sería mi respuesta más ociosa, otra sería mi falta de orden y el hecho de no saber usar los materiales y los lugares apropiados, pero bueno eso sería discutible, en todo caso sospecho que no soy el único que ha perdido algunos escritos, solo puedo dedicarles a mis viejos cuentos, este pequeño recuerdo, ya no puedo seguir maldiciendo el olvido, ya vendrán nuevos escritos, y muchos seguirán este camino, que puedo hacer, nunca tuve un lugar ideal para escribir, la inspiración a veces lo agarra a uno desprevenido y se deben dejar salir la ideas.Quien sabe de muchos mamarrachos salen a veces geniales lineas solo espero no volver a perderlas.
20 de julio de 2009
Prometeo en el espejo
Prometeo encadenado, 8 horas al día (más 1 de refrigerio), 6 días a la semana (sábado solo por la mitad); vuelve a casa cuando los arboles ya no pueden distinguir su sombra del asfalto, se cola por las callejuelas plomo y rojas de la urbanización “sueños perdidos”, pasa revista a los 13 faros de la cuadra, ve a 7 adolescentes riendo entre el humo y recordadas botellas extrañas, conversan, ríen, se aman, no llevan grilletes, ¿eres mayor que ellos, Prometeo?, ¿a su edad, ya estabas encadenado? El buitre vuelve y le devora las entrañas todas las tardes, dejándole el hilo de vida suficiente para repetir su ritual alimenticio por la eternidad. Prometeo camina bajo la misma luna, amarilla, menguante, de julio, diciembre, 2012, siglo XXI. De alguna manera logra sonreír, parte del hechizo le hace olvidar las horas de sol y sufrimiento, Prometo saca de un bolsillo las llaves de su hogar, gira el picaporte, le duele en el estomago una cicatriz.
Cansado y sin saber porque se da un baño ritual, desinfecta los alimentos del buitre, se alimenta también él, lee un poco, se distrae, vive de mentira, la soledad no le asusta, ¿no será por llevar tanto tiempo encadenado? El fuego que alguna vez llevo a los hombres no le ha regresado tributo, el sueño de encender las almas de la humanidad le costó grilletes y cadenas de oro.
Prometo duerme, descansa, sueña, se levanta, se alista para su rutina, se frota el vientre, se ve en el espejo, me ve, nos vemos, nos vamos,… nuestro destino nos espera.
Cansado y sin saber porque se da un baño ritual, desinfecta los alimentos del buitre, se alimenta también él, lee un poco, se distrae, vive de mentira, la soledad no le asusta, ¿no será por llevar tanto tiempo encadenado? El fuego que alguna vez llevo a los hombres no le ha regresado tributo, el sueño de encender las almas de la humanidad le costó grilletes y cadenas de oro.
Prometo duerme, descansa, sueña, se levanta, se alista para su rutina, se frota el vientre, se ve en el espejo, me ve, nos vemos, nos vamos,… nuestro destino nos espera.
18 de julio de 2009
Primitivo
Acaso estas rimas no se conjugaron ya antes,
acaso esta tinta no se esparcirá después.
No es igual fin que el de pintar cavernas,
no es igual tarea que la de poblar el desierto.
No es cierto que estas moléculas ya se habían
atraído en otro ciclo Nietzschesiano,
no es verdad que el fuego las consumirá otra vez.
No ha faltado quien las sienta suyas,
quien apele a un dejavú incipiente,
acaso ya no está todo dicho,
acaso hablar no es lo mismo que citar.
Nada invento que no haya estado inventado,
este camino ya está muy caminado,
nada transgredo que no sea ley,
nada remese los cimientos de algún saber.
Pierdo el tiempo deshojando estrellas,
desvió las miradas, cuento lunas, insisto,
cambio el paso, bebo ;leo, luego existo.
Escribo estos versos primitivos
para dejarlos como testigos
de haber hecho lo mejor que he podido.
acaso esta tinta no se esparcirá después.
No es igual fin que el de pintar cavernas,
no es igual tarea que la de poblar el desierto.
No es cierto que estas moléculas ya se habían
atraído en otro ciclo Nietzschesiano,
no es verdad que el fuego las consumirá otra vez.
No ha faltado quien las sienta suyas,
quien apele a un dejavú incipiente,
acaso ya no está todo dicho,
acaso hablar no es lo mismo que citar.
Nada invento que no haya estado inventado,
este camino ya está muy caminado,
nada transgredo que no sea ley,
nada remese los cimientos de algún saber.
Pierdo el tiempo deshojando estrellas,
desvió las miradas, cuento lunas, insisto,
cambio el paso, bebo ;leo, luego existo.
Escribo estos versos primitivos
para dejarlos como testigos
de haber hecho lo mejor que he podido.
8 de julio de 2009
Microclima.
Cuando la conocí, no sabia de donde era, ni como era que le gustaba vivir, yo simplemente me perdí entre sus ojos tan expresivos y busque la excusa en unos trabajos que dejó el profesor para poder conocerla, con el tiempo nos hicimos amigos y empezamos salir para ver que tal nos iba, en verdad no había mucho que perder era una chica simpática que llamaba la atención, y yo un chico enamoradizo que buscaba enamorar.
Yo vivo en un distrito cerca al mar, cuyo invierno es para algunos difícil de tolerar, debo decir que no estoy entre ellos, porque a mi siempre me encanto la neblina y el friesito que había por acá.
Ella vivía en un distrito que estaba al otro lado de la ciudad, donde el clima era más cálido y muchas veces el sol abusaba de su calor, hay algunos a los que no nos gusta mucho, pero ella no estaba entre ellos, porque era de las que disfrutaba de un buen verano con agradable sol.
Estudiábamos en el colegio, cuya ubicación era centrica para los dos, el clima tenía días de buen sol y otros de buen frío, y nosotros sabíamos ubicarnos por ahí, cuando descansábamos en los parques yo me sentaba debajo de un árbol y cubierto por la sombra, mientras ella sin sombra alguna disfrutaba del calor. Todo iba bien, sólo paseábamos por los alrededores, cuando íbamos a clases yo me colaba a su salón o ella al mío y nos quedábamos luego a pasear por ahí, pero un día me invita a su casa, y cual chico conquistador partí hacia allá, llegué y encontré un sol inmenso que hizo insoportable la estadía allí, me saque el abrigo, luego me levante el pantalón y al final le prometí entre bromas no volver, lo mismo me dijo ella cuando fue a mi casa y no tenía más que ponerse para calmar su frío, le preste mis chompas aún así no paraba de temblar, se quejo muchas veces y entre una sensación de resfrío me prometía no volver.
Se hacia difícil comprender los pequeños microclimas que tenía esta ciudad, lo tan distante que nos ponía esa situación, ahora eso se podría superar, pero en aquel entonces eran motivos suficientes para dejar de intentar, decidimos pasear por los alrededores del colegio cada uno defendiendo su lugar, igual ese tema ocupaba nuestro tiempo, los microclimas de una misma ciudad; que por su casa se respira mejor y por la mía se respira agua, una persona con asma se muere, claro ella tenía asma, mientras yo le replicaba que en el mío se puede caminar vasta un buen abrigo y todo normal, en el suyo había quitarse hasta la piel y aun así te morías de calor, claro el que se moría era yo, luego le devolvía, en el mio hay una bonita vista del mar y en el tuyo mucho desierto poco de admirar, y ella me remataba diciendo que en el suyo la belleza de la mujer se podía admirar y en el mío apenas se veían los ojos con tanto abrigo encima que se ponían para caminar un sin fin de sonseras que los chicos podíamos argumentar, igual fue suficiente para que las cosas empiecen a ir mal empezamos a vernos menos, cada uno llevaba sus cursos en su salón, parábamos poco tiempo fuera del colegio y ella se enfermaba cuando le tocaba visitarme y yo agonizaba cuando me tocaba ir allá, no habían ya muchas excusas, las bromas dejaron de provocar risas, y poco a poco la relación fue perdiendo su efecto, era bella no lo niego, pero más bella se veía en la salón una distancia considerable donde el sol que pasaba por la venta le caía en su cabello mientras yo, bajo la sombra del salón me podía perder en esos sus ojos tan expresivos.
3 de julio de 2009
Entre frío y caliente
Me acuerdo cuando la vi, llevaba unos jeans una casaca y su chalina por el frío y yo andaba en el trance de seudo escritor y aficionado lector, en esa época tenia la rutina de ir al malecón a leer en la búsqueda de un lugar más acorde a mi inspiración, después de un baño cogía mi libro y salía de casa imaginando alguna futura historia que se me ocurriera, me sentaba a una distancia en que se vea al mar sin los defectos que aun guarda este malecón, no ubicaba aún lo que iba a ser luego, pero sabia que quería leer todo lo que pueda y dibujar lo que veía, la brisa marina me congelaba, pero pensaba que era poético el frió que sentía y me aguantaba como yo creía debía aguantar un poeta "me congelaba hasta los tuétanos, y de a pocos se me iba partiendo en la cien los pensamientos" me había acostumbrado a esa rutina; después de almuerzo me daba un baño, luego cogía mi libro y me iba al malecón a leer hasta la caída del sol todos los viernes, pero en uno de esos días hubo una risa que me distrajo de mi sueño, digo de mi lectura, era un grupo de chicos mirando el mar y entre ellos había una de perfil cuyo cabello andaba desordenandose por el viento, tenia la nariz roja por el frío y la sonrisa mas bella que había visto, sentía que había encontrado a la musa de mi futura poesía y de las ya escritas, puros mamarrachos sin nombre que ahora iba a cobrar un protagonismo especial en alguna de sus características faciales, era yo el poeta enamorado menos abrigado de ese malecón y ella la musa más cubierta que miraba el mar, en ese contraste de abrigos ella giro la cabeza y poso su mirada sobre la mía y yo que ya me moría de frío empecé a tiritar con una fuerza incontrolable, era inevitable que en cualquier momento me desplomara, ella me regalo una sonrisa pícara y volvió a mirar a sus amigos y yo sentí que la cabeza me daba vueltas de tanto frío y ya no daba más, durante ese día sólo en eso consistió nuestro encuentro, yo llegue a casa quemando en fiebre y mi madre asustada me mando a la cama y me compro pastillas, no podía creer que existía un mañana de nuevo con su mirada y me enfermaba la idea de estar enfermo y en cama por un buen tiempo, eso te pasa por andar desabrigado me decía mi madre mientras me echaba un vinagre para bajar la calentura.
Fue duro el tiempo que pase en cama casi tres días y justo los del fin de semana más un lunes que andaba olvidando, cuando me recupere, seguí en los estudios de la semana, cuando llego el viernes me asusto la idea de ir al malecón, igual me di un baño cogí mi libro y me marche mientras imaginaba una historia donde la casualidad sería la excusa de nuestro nuevo encuentro, cuando llegue al malecón, ya estaban ellos haciéndose bromas, a mi se me cayó el libro cuando recordé que olvide traer de nuevo mi abrigo y aunque hacía frío no pensaba regresar, ella estaba ahí y yo tenia una lectura que continuar, me senté en la banca de siempre, donde el viento corre con más fuerza, bueno esa era mi parecer, que nadie me discutió, igual me senté, temblé y ella ni me miró, se la paso hablando por el celular mientras se mordía los dedos e intentaba arreglarse el cabello, yo me marche antes de que se ocultara el sol, primero porque había una neblina que no me dejo nunca verlo y segundo porque estaba empezando a sentir los mareos de una nueva fiebre que no estaba dispuesto a tener y en la tembladera empecé a escuchar los gritos de mi madre, por eso cerré mi libro busque al sol en vano, busque su mirada en vano, y me despedí de ella en un silencio que ni ella se lo podía imaginar.
Muchos viernes pasaron sin encontrarnos, yo me compenetre más con mi lectura y la termine en mi casa, luego no encontraba otra lectura con cuál empezar mi nueva aventura, tarde mucho en volver mientras tanto me iba enamorando de otras chica que iba viendo en mi andar, era un adolescente que se había convertido en un enamoradizo incontrolable, pero sabia que sólo ella me había hecho temblar de frío y llevado a una fiebre crónica, por eso no la olvidaba, ni a las dos ampolletas que recibí para que las cosas mejoraran. Un día volví con un pequeño libro que me había llamado la atención y en mi asiento estaba ella sentada y sola, y como de costumbre, yo había olvidado el abrigo, no hacia mucho frío y podía ver el sol, me pare donde la vi a ella por primera vez y pose mi mirada una y otra vez sobre la dirección en que debía estar la suya, pero parece que ella andaba por otra ruta, yo andaba decido a acercarme a hablar con ella, pero mis piernas no compartía la idea y mucho menos mi respiración que se aceleraba cuando hacia cuentas regresivas, luego ella de nuevo me dio una mirada fatal, andaba con los ojos brillosos y empezó a llorar, su cabello cayó sobre su rostro como un acto de refugio para una imagen tan triste y tan bella a la vez, me paso la idea de acercarme a consolarla, pero luego pensé que podía ser incomodo para ella y si había ido al malecón sola era justamente porque quería y necesitaba de esa soledad, así que me quede contemplándola mientras ella se hacia añicos quizás por algún chico que la estaba haciendo sufrir, o algún problema que en casa podía acontecer, luego cuando ella se calmo y se limpio la cara paso por mi lado y me dijo, no te preocupes ahí esta tu asiento, te lo robe solo un ratito, pero ya te puedes sentar y yo le sonreí y le dije gracias, me senté asombrado porque sabia que me sentaba ahí y porque se me acercado a hablar, era raro la sensación que pasaba por mi cabeza y anduve tan distraído que luego tuve que regresar corriendo en búsqueda del libro que había dejado olvidado en la banca.
Fueron pocas la veces que cruzamos palabras, las últimas veces que nos vimos inclusive nos saludábamos con una alzada de ceja o una sonrisa, ella siempre acompañada con su grupo de amigos y yo entre mis lecturas y mi falta de abrigo, igual a ella le dedique muchos malos poemas y unos momentos en algunos cuentos posteriores, ella no se si me habrá dedicado algunos pensamientos en todo caso la recordaré como aquella chica que me hizo tiritar de frío y quemar en fiebre en un mismo día.
6 de junio de 2009
Ladrón que roba a ladrón
Y ahora la noche musita, susurra suavemente el deleite musical. Ahora viene de nuevo una melodía cautiva y nos sorprende en la mirada ¿qué me dices te animas bailar? dejar que esa canción nos robe las excusas, te prometo inventar los pasos para que te vuelvas a tropezar y de nuevo caigas sobre mí y de nuevo le exiga a la casualidad. Tus labios, nuestra cercanía, la comunicación corporal, ese encanto nuevo que habíamos alquilado de a pocos, para luego hacerlo nuestra propiedad. Eran los motivos suficientes, yo tenía algunos más por si faltaban, tú seguramente, no pensabas ninguno anular. Andábamos excluyendo los presentes, nos fijábamos tan solo en el otro, quizás hubo más para los ausentes, que escucharon una historia más audaz. Tú me decías, pequeño ya no sumes, y yo respondía, mujer no te preocupes. Te parece que mientras le robas la sonrisa al extraño y yo me robo los tuyos con cada timidez ya dominada, con cada soltura mal inventada, seguro habrá quien nos regale esos 100 años de perdón, aunque ni tú ya lo pidas y aunque ni yo ya los robe.
29 de mayo de 2009
Para ser de noche
Para que sea de noche, hay que invocar una brisa fría, húmeda, sepulcral. Hay que oxidar los barrotes de las jaulas, pintar fuera de las líneas, romper cristales, olvidar al reloj y su tictac. Para que la luz no se encienda en tus pupilas, hay que verse tres veces al espejo, no reconocerse en ninguna, hay que verse más viejo, más cansado, más gato, hay que pasar por todos los mares, volar en halcones, bailar desnudos. Hay que remedar novedades, derribar castillos, no escatimar en escalofríos, no hay que permitir vanidades. Para que oscurezca bien, para que pase, hay que rezar nuevas oraciones, beber los mismos licores, duplicarle la apuesta a la prescripción, buscar escaleras de caracol, balcones griegos, pétalos de sal. Hay que dejar pasar a la melancolía, meterse en la neblina, buscar pretextos para la tristeza, volverse inmune al cigarrillo, preferir el olvido, encontrar rincones escondidos, tejer telarañas, matar rayitos de esperanza. Para que sea, para ser de noche, hay que coleccionar lagrimas de plata, hay que perderse, hay que robarse el oro de los tigres, deshojar estrellas; y si la luna falla, es cuestión de correr un poco la persiana.
22 de mayo de 2009
Querido Genio
Yo quisiera bañar de rojo los calendarios, dinamitar los lunes húmedos, multiplicar los sábados y los feriados, caer de a pocos porque tengo espacio. Yo quisiera respirar un poco de libertad, comprobar que el sol también existe, que hay mundo fuera de esta oficina, que la vida es más que ver pasar a la gente por el cristal. Yo quisiera un mejor amigo que este computador, o por lo menos alguien más entendible, quisiera andar descalzo por el asfalto, inventar pasos en la acera, salir del ciclo del despertador, dormir más porque no hay escuelas.
Yo quisiera vacaciones de verano, cierres de estación, primavera todo el año, con viajes y sin presión. Yo quisiera un poco menos de recibos, disminuir tarifas, deshacer corbatas, volver a mi blue Jean, sacar a las muchachas con propinas de papá. Yo quisiera desaprender el código de adulto, huir del restauran sin pagar, amarrarme el cabello, bañarme a las tres. Yo quisiera volver a mi imaginación, resucitar a la rebeldía, no caer nunca del árbol, quedarme en la madurez de Peter Pan; yo quisiera, querido genio, tener 17 unos cinco años más.
Yo quisiera vacaciones de verano, cierres de estación, primavera todo el año, con viajes y sin presión. Yo quisiera un poco menos de recibos, disminuir tarifas, deshacer corbatas, volver a mi blue Jean, sacar a las muchachas con propinas de papá. Yo quisiera desaprender el código de adulto, huir del restauran sin pagar, amarrarme el cabello, bañarme a las tres. Yo quisiera volver a mi imaginación, resucitar a la rebeldía, no caer nunca del árbol, quedarme en la madurez de Peter Pan; yo quisiera, querido genio, tener 17 unos cinco años más.
14 de mayo de 2009
Nosocomio
Si no creyera en lo que observo, si yo no viera tanto de esto, si todo fuera no más que un sueño y no quedaran esos recuerdos. Si yo tuviera en el pensamiento las cosas sublimes que da la vida, si algunas historias no fueran ciertas y otros cuentos si fueran buenos. Si ya tu imagen no repitiera esos retratos que ya no busco, si se pudiera ser más urgente con las desgracias de estos días, si esos llantos que aun se escuchan no estuvieran en la otra esquina, si los enfermos no tuvieran prisa y sus dolores no griten por ellos, si sus condenas no fueran esas y haya más alivio en sus rutinas, si no te viera con esa queja y no la viera también a ella, si no escondiera ya la tristeza y todos ellos no la compartiera con aquel que mira con el mismo asombro y el dolor del primer día. Si esos colores no fueran fríos y ese frío no sea la vida, si ya todo tuviera un brillo que indicara cuando es la partida, si los dolores se compartieran así menguaran tanto quejido si yo pudiera cambiar historias y las historias no me cambiaran los días, que tanto hubiera de esa dicha y cuanto tiempo disfrutaría, si este edificio en algún momento no se convierte en el hogar del despido, que no me dejen en las urgencias, que no los dejen a los que quejan. Si tanto de esto no se repitiera, ya hay dolores que son cercanos y los ajenos igual conviven con quien se acerque y quien los mire. Si todo fuera ya más tranquilo y estas líneas se hicieran ciertas, se permitiría el gran respiro y despediría mejor la vida.
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