3 de diciembre de 2010
Los días
Mientras el agua termina por despertarte recuerdas que hace ocho meses que nadie más te ha visto desnudo, le buscas el lado positivo y te consuelas creyendo que es una ventaja por lo mucho que te ha crecido el abdomen. El agua aun esta fría.
Algún día aprenderás a hacerle nudo a las corbatas, mientras tanto sigues dependiendo de que el gusto de tu hermano coincida con el gusto de tu madre para escoger camisas. Algún día aprenderás a planchar.
Alistas las llaves, la billetera, el celular, las gafas, la bendición de tu madre, las facturas que le debes a tu padre, mientras el perro ciego intenta despedirse, y ruegas por que el reloj estuviese adelantado. Esa corbata no combina con esa camisa.
La mañana que aun no termina de abrirse, te deja esperando un bus no tan lleno donde puedas colarte aunque sea en las escalerillas de la puerta, y siempre te preguntas, ¿para que se molesta tu madre en lustrarte los zapatos si igual te lo van a pisotear una manada de oficinistas tardones y malhumorados, para que cuidar el saco si siempre se van a sentar encima las gordas amas de casas con sus bolsas vacías de mercado con inflación, o para que levantarse más temprano si siempre serás un tardón?.
“Es el día 532” te dices a ti mismo sin que nadie entienda porque cuentas los días que pasas en esa oficina, en ese cubículo, en esa silla giratoria, anatómica, ergonómica, autoregulable. Comienzan el engranaje del reloj, a veces tu jefa te grita por algo que hiciste hace un mes, la semana pasada, o pasado mañana, algunas otras veces te felicita y te dice que puede abrirse una vacante para ti, mejor mañana conversamos del tema, mañana, mañana, mañana.
Archivas, cuentas, sumas, suena el teléfono, la miras, niegas, rechazas, te enamoras, no contestas el teléfono, restas, respondes un e-mail, subes, desconectas tu teléfono, imprimes, la sigues mirando, revisas, reimprimes, tu jefe pregunta ¿Por qué no contestas el teléfono?, bajas, comes, te estiras, bostezas, suena el teléfono, te enamoras otra vez, inventas excusas, respondes reclamos, la miras de costado, estrenas errores, envías cartas que no dictas, que no firmas, ella descubre que la miras, coordinas algunos pendientes para mañana, acomodas la silla (giratoria, anatómica, ergonómica, autoregulable), ella te sonríe coqueta, terminas las sumas, olvidas las restas, abrevias las palabras, suena el teléfono, seis de la tarde, apagas todo, te despides escueto, suena el teléfono.
El viaje de regreso es similar al de salida, solo que más oscuro, regresas a estar tirado sobre la cama renegando por vez 532 de la oficina, cenas, ves un episodio repetido de un serie que acabo hace 8 años, al final ellos se casan. Hablas por teléfono, lees algún libro usado que compraste muy barato en una feria de la universidad, le faltan algunas hojas. Te duermes finalmente. Despiertas. Otra vez, esclavo de un sol que te engaña y le da un falso olor a nuevo a la rutina que vienes actuando hace ya un año, cinco meses y dieciocho días. Es miércoles.
1 de diciembre de 2010
Sandalias Lilas
14 de noviembre de 2010
¿Qué es la vida?
No todo es dinero dijo el magnate,
Descansar dijo el obrero,
Un trabajo dijo el vago,
Que me contraten dijo el pasante,
Que me jubilen dijo el contratado.
Libertad escogió el preso,
Paz pidió el soldado,
Crecer quería un niño,
Envejecer temía el adulto,
Sufrir predicó el cura,
Aprender enseñó el sabio.
La soledad dijo la viuda,
La verdad dijo el mentiroso,
Tu amor dijo el amante,
Volverte a ver dijo él ciego,
La mujer dijo el vouyerista
La muerte al fin. Siempre.
29 de octubre de 2010
Volteando la mirada
28 de octubre de 2010
Vicio
24 de octubre de 2010
Sus espejos
Ahora llevas una chalina por el frío, un libro te acompaña. Acabas de recordar una vieja canción que algún recuerdo propició. Sonríes, sabes que en la otra esquina el bullicio es más notorio, pero esta calle mantiene a los lejanos, algo cercanos. Buscas jugar y te confundes entre la multitud ¿Dónde estoy? Sabes bien donde estoy. Me distraía al no mirar la otra acera, no contar los pasos en cada cuadrado, no repetir el tropiezo con el mismo bache que dejaron al construir la nueva pista de la modernidad. ¿Me permites? Cuando mires al espejo y no te encuentres, no te preocupes, quizás andas extraviada entre la multitud, quizás confundiste el camino, quizás es el apuro de los días, quizás te robaron la mañana, quizás falte más motivos. La ciudad sin presentación se sigue mostrando de a pasos y miradas cansadas y te refleja el charco de la calle garuada. Su arco iris tímido muestra las tonalidades de grises que apenas puede soltar. Y cada vez que te olvidas te vuelves a encontrar entre ventanales de los bancos, charcos de garúa y ojos de lunes.
23 de octubre de 2010
El Detalle que faltaba
10 de octubre de 2010
Pretendiente
25 de septiembre de 2010
Azar
Como encontrar dinero en los bolsillos de un pantalón que olvide hace tiempo,
Como levantarme con una resaca insoportable y la chica más guapa de la fiesta a mi costado,
Como sentarse sobre un celular último modelo en el taxi de regreso a casa
Como contestar el teléfono y encontrarte al otro lado de la línea.
Encontré hielo cuando buscaba azúcar,
Como encontrar el deseado ascenso en una reunión de puntualidad,
Como sacar 20 en un sustitutorio,
Como colarse desde Tribuna hasta Platinum,
Como encenderlo un cigarro a Sabina en un bar.
Ahora, si me traen una botella de guaraná,
Unas cerezas para algún experimento de barman,
Dos o tres cajetillas de Lucky Strike,
Y sobre todo si los traes tú,
Podremos olvidar que la noche está perdida y soñolienta
Que el plan era dormirse entre sollozos y lamentaciones,
Que no te has ido, que no hubo despedida esta mañana.
19 de septiembre de 2010
El cielo es el límite
Ya es el momento, quizás por fin sea hora de actuar, ponerme mi mejor camisa y decir “señor deme un par de huevos por favor, que me hacen falta”. Quizás ya llegó el reloj a mi hora, y es el tiempo propicio para la caminata en ascenso hacia otro cielo por encima del techo bajo el que me encerré; quizás, madre mía, no sea más un manojo de promesas sin cumplir; quizás, amigos míos, les de los empleos que les prometí al terminar la secundaría, quizás, mi amor, nuestro hijo pueda nacer en una clínica de París, y llamarse en francés con apellido piurano, o quizás hasta eso se podría mejorar con algunos ceros más en la cuenta bancaria. Quién sabe, tal vez solo basta con que desempolve algunas buenas costumbres, saque un hambre nuevo e insaciable por más y más, como un inversionista en la cresta de la ola, quizás coja esos huevos que me compré y pida un mejor sueldo, o mejor un ascenso, eso es, un ascenso, yo no estoy hecho para mi presente, yo no pasé lo que pasé para pelearme por tu parachoque, yo no me amanecía econométricamente para rebajarte la factura por tu llanta de repuesto, yo no estudié cálculo dinámico para armar las cajas del archivo (primero el fondo, después la tapa), yo no estoy con mi título aun brilloso para que me digas “hijito”, “Giancito”, “niño”, “ey tú trae eso para acá”, yo no quiero que me den la peor computadora de la oficina, yo no estoy para quemar mis días resolviendo los errores de conductores suicidas, yo no quiero vivir nadando entre autitos chocadores, ya no quiero saber cómo llegó eso a tu parabrisas, yo no estoy para evaluar choques de autos, yo quiero más, yo quiero llegar más alto, el cielo es el límite, merezco soñar más alto, pasar el techo falso de mi oficina, quiero llegar más alto, ya no quiero trabajar en seguro de autos, ahora mejor voy a trabajar en seguro de aviones.
6 de septiembre de 2010
Volver
Hay algunas canciones que le recuerdan rutas a nuestros pies, como ese Volver de Gardel, y no fue apropósito lo juró, fue culpa de mi reproductor musical, y ya luego no pude evitarlo, bajarme en ese viejo paradero donde antes solía leer los encabezados sin comprar nada, pasar por la nueva fachada de mi antiguo hogar, revisar los escondites infalibles a la hora del juego, buscar algún rastro de mi rayuela en la acera. Seguir directo mi camino ritual hasta su casa, mirar de reojo la silla donde la espere, entrar a la panadería desde donde vigilaba que se abriera su puerta y saliera para dejarme acompañarla en ese camino edénico y tartamudo que duraba algunas horas para mi, algunos minutos para ella, donde quizás algún día me atrevía más y fingía tropezarme torpemente para caer a su costado, o inventaba que tenía algo en el cabello para poder desenredar un rayo de sol matutino que se le había quedado prendido en un costado. O la esquina donde quizás se me ocurrió invitarla por primera vez al cine con mis propinas de escolar, o la curva donde quedó escondido mi miedo a morir desangrado en sus pies diciéndole que solo vivía para ella, para acompañarla en las mañanas y soñar todas las noches planeando el día siguiente.
Así los vientos de otros tiempos mejores cambiaron nuestros rumbos, hasta que esa canción me trajo hasta aquí, por aquello de volver, y entre que compraba una empanada de esas que comía de joven cuando se tardaba en salir, la canción de Gardel en mis oídos seguía sonando y quizás tenía razón, y tal vez veinte años no son nada, y podría demostrarle a la vendedora que me había reconocido con lástima que no es tan malo vivir con el alma atrapa en un recuerdo, y que ya no tengo miedo del encuentro, que ya no quiero torturarme todas las noches con futuros inventados y castaños, quizás, quizás aun hay esperanzas, a menos que no sea su sobrino el bebe que lleva en brazos por esa calle que va camino a la escuela.
30 de agosto de 2010
Comunicación
Puntos Suspensivos
3 de agosto de 2010
No me gusta este recuerdo
No me gusta este recuerdo, y es lo único que tengo, es la cruz bajo mi cama y es la noche que ya llega, disfrazada de saco negro que ponen sobre mi cabeza mientras me llevan a una profundidad más oscura cada verano que pasa, y ellos siguen exigiendo saber algo que yo no sé, y ellos cada vez tienen menos paciencia, y el dolor a veces renace en las mismas heridas, y a veces crece estruendosamente en partes desconocidas, y el dolor será un recuerdo, tan solo un maldito recuerdo que no me va a gustar, mañana por la mañana mientras es de día allá afuera.
11 de julio de 2010
Perugia
Y si me largo a Perugia a escribir, si me llevo mi vieja libreta y mi lápiz mordido. Si recojo mi maleta del viaje anterior y me largo de una buena vez. A componer escritos mal dados, a inventar nuevas versiones de una historia y satisfacer mis dedos con los borrones de la creación.
Si me recibes en Perugia viejo amigo nuevo, prometo escribir a tu lado en completo silencio y dejar que esta vez tú dirijas el tour mientras voy llenando las líneas de mucha imaginación y dejaré que los cuentos se vayan mezclando o alejando según el estado de ánimos de los personajes, ya sabes, cuestión de no querer incomodar y caer siempre bien, también a los creados, a los personaje mal inventados y bien encontrados, con casualidades y búsquedas entre momentos que nos suelten los momentos que Perugia nos pueda entregar.
Si me largo a Perugia a escribir y nos mandamos el atrevimiento de mandarlos a la mierda a las vocaciones impertinentes que joden de tanta rutina. Prometo regresar con más de 100 mentiras y dos novelas con destino publicación y alguno que otro poema esquivo y una que otra dedicación, prometo vaciar la maleta de tanta ropa y llenarla de mucho papel de borrón y creación heroica.
Si regreso con la maleta del viaje anterior y la libreta llena de hojas en blanco, habrá que recordarles que Perugia anda algo lejano y entre novelas pude haberme confundido porque quizás siempre anduve en Perú.