3 de diciembre de 2010

Los días

Un día, los días. Despiertas. Otra vez, esclavo de un sol que te engaña y le da un falso olor a nuevo a la rutina que vienes actuando hace ya un año, cinco meses y diecisiete días. Es martes.

Mientras el agua termina por despertarte recuerdas que hace ocho meses que nadie más te ha visto desnudo, le buscas el lado positivo y te consuelas creyendo que es una ventaja por lo mucho que te ha crecido el abdomen. El agua aun esta fría.

Algún día aprenderás a hacerle nudo a las corbatas, mientras tanto sigues dependiendo de que el gusto de tu hermano coincida con el gusto de tu madre para escoger camisas. Algún día aprenderás a planchar.

Alistas las llaves, la billetera, el celular, las gafas, la bendición de tu madre, las facturas que le debes a tu padre, mientras el perro ciego intenta despedirse, y ruegas por que el reloj estuviese adelantado. Esa corbata no combina con esa camisa.

La mañana que aun no termina de abrirse, te deja esperando un bus no tan lleno donde puedas colarte aunque sea en las escalerillas de la puerta, y siempre te preguntas, ¿para que se molesta tu madre en lustrarte los zapatos si igual te lo van a pisotear una manada de oficinistas tardones y malhumorados, para que cuidar el saco si siempre se van a sentar encima las gordas amas de casas con sus bolsas vacías de mercado con inflación, o para que levantarse más temprano si siempre serás un tardón?.

“Es el día 532” te dices a ti mismo sin que nadie entienda porque cuentas los días que pasas en esa oficina, en ese cubículo, en esa silla giratoria, anatómica, ergonómica, autoregulable. Comienzan el engranaje del reloj, a veces tu jefa te grita por algo que hiciste hace un mes, la semana pasada, o pasado mañana, algunas otras veces te felicita y te dice que puede abrirse una vacante para ti, mejor mañana conversamos del tema, mañana, mañana, mañana.

Archivas, cuentas, sumas, suena el teléfono, la miras, niegas, rechazas, te enamoras, no contestas el teléfono, restas, respondes un e-mail, subes, desconectas tu teléfono, imprimes, la sigues mirando, revisas, reimprimes, tu jefe pregunta ¿Por qué no contestas el teléfono?, bajas, comes, te estiras, bostezas, suena el teléfono, te enamoras otra vez, inventas excusas, respondes reclamos, la miras de costado, estrenas errores, envías cartas que no dictas, que no firmas, ella descubre que la miras, coordinas algunos pendientes para mañana, acomodas la silla (giratoria, anatómica, ergonómica, autoregulable), ella te sonríe coqueta, terminas las sumas, olvidas las restas, abrevias las palabras, suena el teléfono, seis de la tarde, apagas todo, te despides escueto, suena el teléfono.

El viaje de regreso es similar al de salida, solo que más oscuro, regresas a estar tirado sobre la cama renegando por vez 532 de la oficina, cenas, ves un episodio repetido de un serie que acabo hace 8 años, al final ellos se casan. Hablas por teléfono, lees algún libro usado que compraste muy barato en una feria de la universidad, le faltan algunas hojas. Te duermes finalmente. Despiertas. Otra vez, esclavo de un sol que te engaña y le da un falso olor a nuevo a la rutina que vienes actuando hace ya un año, cinco meses y dieciocho días. Es miércoles.

1 de diciembre de 2010

Sandalias Lilas

Carla tenía el atuendo de verano y unas sandalias lilas con los que paseaba en un inicio. Ella llevaba muy poco peso en la cartera, pero en la mirada se jalaba la vida. Jorge pensaba en las distancias, el día que la conoció. En las distancias que había entre ella y su atrevimiento de acercarse a conversarle, a preguntarle por la mirada, por la sonrisa, por la tristeza. Carla llevaba el cabello suelto cuando se conocieron y una mirada que demostraba que cargaba mucha tristeza. Quizás eso le gusto a Jorge, su mirada, la tragedia, la distancia. Siempre le acusaron de su facilidad con el drama, tendía a convertir en tragedias, pequeños acontecimiento que le sucedían. Así le pudo conversar a Carla, cuando le pidió información sobre un curso por el cuál podía jalar y terminar dejando la universidad, era su exageración, posiblemente su mejor excusa. Ella, quizás, ahí, también le gusto Jorge. Carla tenía la costumbre de preocuparse por los demás y Jorge encajaba perfecto con su tragedias inventadas. Siempre tenía una para ella y para cantarle alguna canción mientras ella se bañaba con sus sandalias lilas. A él le encantaba aquella sandalias, desde el día en que los trajo por primera vez a su habitación y le dijo que iban a quedarse acá, para andar por el cuarto o bañarse en las mañanas, después de haberse amado durante la noche. En realidad fue lo único que trajo y lo único que dejo. A Jorge le gustaban las sandalias lilas, porque, en las mañanas, era el único atuendo que ella usaba. Desnuda y con sus sandalias lilas, era hermosa verla andar por toda la habitación. Él sonreía mientras ella le respondía con alguna coqueteria. Ahora que ordena el cuarto mientras escucha vieja música, Jorge se percato que se quedaron las sandalias lilas, sabe que pronto tendrán que ser guardadas, quizás quien entra se puede quejar, pero prefiere mientras tanto cantar aquella melodía de antaño mientras mide las distancias que ahora hay entre su cama, las sandalias lilas y ella que lo está mirando.

14 de noviembre de 2010

¿Qué es la vida?

No es solo sexo dijo el virgen,
No todo es dinero dijo el magnate,
Descansar dijo el obrero,
Un trabajo dijo el vago,
Que me contraten dijo el pasante,
Que me jubilen dijo el contratado.

Libertad escogió el preso,
Paz pidió el soldado,
Crecer quería un niño,
Envejecer temía el adulto,
Sufrir predicó el cura,
Aprender enseñó el sabio.

La soledad dijo la viuda,
La verdad dijo el mentiroso,
Tu amor dijo el amante,
Volverte a ver dijo él ciego,
La mujer dijo el vouyerista
La muerte al fin. Siempre.

29 de octubre de 2010

Volteando la mirada

¡Rodriguez Salazar, Javier! Acaban de gritar un nombre y entre tantos sacos y corbatas se levanta uno, algo sorprendido y se acerca al señor. Lleva su sobre naranja que narra escuetamente lo que ha hecho hasta hoy, quizás le sirva luego para no olvidar. Buenos días señor ¿Cómo? ¿Por qué me gustaría trabajar en su empresa? Da una respuesta prolongada. No se cree nada de lo que dijo, inclusive ni siquiera lo entendió. Acá seguimos siendo un mar de soñadores laborales, nos miramos y vamos encontrando nuestro espejo en el otro. Una vez más vuelvo a sentarme con tanto extraño, que ya los voy sintiendo familiares. Las colas, los trajes, la sonrisa y aquellos apretones de mano van marcando la pauta de esos días, promesas de futuros inciertos y el camino al calvario, a la condena de la rutina, pero todos queremos el fuego de Zeus y que luego nos coman las entrañas. Pelearemos por las cadenas con los aromas prestados y los trajes cada vez más gastados, cansados. Es un mar humano y la incertidumbre va imperando en la sala de espera. Tienes un recuerdo esquivo de haber estudiado para algo, algo que no encontrarás acá. Poco a poco fuiste derrotando las ambiciones y conformándote con sueldos miserables. Ya no te encuentras en el espejo, ni en ese cuadro con sombrerito negro y mandil. Ya no recuerdas el gran discurso que le diste a tus compañeros y esa loca idea de ser gestores del cambio, aquel reclamo e indignación por el atropello y la búsqueda libertaria de la dignidad humana. Ahora formas la cola esperando ser llamado, has vuelto a rezar y el insomnio nuestro de cada día no te abandona. ¿Haber dígame? ¿Por qué le gustaría trabajar en nuestra empresa? Me mira, los ojos le brillan y me suelta una respuesta prolongada que ni él se la cree. Leo su currículum. Estudió Ingeniería Industrial y postula para asistente en una oficina de atención al cliente. Veo mi reflejo en sus ojos brillosos y siento su caída honda. Hay un breve silencio, él no me quita la mirada, no encuentra su mirada. Bienvenido.

28 de octubre de 2010

Vicio

A veces parece un vicio el no querer dormir, otras veces es inevitable. Cuando tu abdomen tiembla de la impotencia y tu mano escribe lo más rápido que puede las ideas que tu mente vomita por la rabia y por la desesperación de sentirse insatisfecho con la imagen que te regreso el espejo, comofuequellegamosaterminarasi. Respira, como fue, el desorden de los días, las mañanas perdidas en quien sabe que nube o tras cual falda, las derrotas anunciadas en versos de Vallejo, o el simple hecho de saberse perdido en un laberinto de mil y unas noches, ¿quehacemoscarajo?, comoparamosesto. Respira, busca soluciones, es un circulo vicioso, te preocupas, duermes poco y mal, pierdes la misma guerra contra las sabanas todas las mañanas, no tomas un buen desayuno, viajasenunestadodeplorablehambrientoytardon, respira, llegas tarde (otra vez) y ya es la tercera oficina que te contrata este año, entonces te amenazan, te hacen firmar memorándums al por mayor, te preocupas, duermespocoymal,pierdeslamismaguerraetcetcetc. Y si quieres un consuelo, te ahogas en cerveza, escuchas tus discos favoritos, esos que no sirven para nada más que para ponerte peor, llegas ebrio a casa y tu mujer ha tirado tuscosasporlaventana3vecesestemes. Así que vas por ahí esperando que se te pase un poco la borrachera o que se disipe tu mente, hasta que te olvidas de las avenidas, o de los atajos, y saltan dos sombras del callejón más cercano ysellevanelcelularqueaunnoterminasdepagar, respira, ya pasó, y se llevaron también la billetera, y carajo al día siguiente se le ocurre a tu jefe abrazarte efusivamente buscando devolverte la motivación que tenias hace algunos meses y siente todalamarcaquedejoelalcoholentucuerpo, y tu mujer se ha ido para siempre otra vez, y en la noche malditasealanoche, una mano blanca y de mujer se posó en tus rodillas y entregó su boca como un escape, comounasalida, hasta te dio una billetera nueva y las copas fluyeron, pero hasta antes de las 12 mejor que mañana no puedes llegar tarde de nuevo, y lo mejor sería tomar un taxi para ver si la prisa llama al sueño, y malditaseasemequedolabilleteranuevaeneltaxi, respira, ya pasó, tranquilo, así no podras dormir, dile a esamalditamanoquedejedetemblar, vomitas lo poco que has comido y mañana seguro que llegas tarde, o se va otra mujer, o tuvidasiguesintenersentido, carajo, mejor nos secamos la botella de un sorbo.

24 de octubre de 2010

Sus espejos

La gente pasa totalmente distraída. Es un mar humano que se mezclan en las calles, apenas si te descubres, apenas si te reconoces entre los ventanales de los bancos o en las miradas desconcertadas de los transeúntes. Es raro, lo sabes, es raro seguir el mismo camino, los mismo paraderos de aquella ciudad.
Ahora llevas una chalina por el frío, un libro te acompaña. Acabas de recordar una vieja canción que algún recuerdo propició. Sonríes, sabes que en la otra esquina el bullicio es más notorio, pero esta calle mantiene a los lejanos, algo cercanos. Buscas jugar y te confundes entre la multitud ¿Dónde estoy? Sabes bien donde estoy. Me distraía al no mirar la otra acera, no contar los pasos en cada cuadrado, no repetir el tropiezo con el mismo bache que dejaron al construir la nueva pista de la modernidad. ¿Me permites? Cuando mires al espejo y no te encuentres, no te preocupes, quizás andas extraviada entre la multitud, quizás confundiste el camino, quizás es el apuro de los días, quizás te robaron la mañana, quizás falte más motivos. La ciudad sin presentación se sigue mostrando de a pasos y miradas cansadas y te refleja el charco de la calle garuada. Su arco iris tímido muestra las tonalidades de grises que apenas puede soltar. Y cada vez que te olvidas te vuelves a encontrar entre ventanales de los bancos, charcos de garúa y ojos de lunes.

23 de octubre de 2010

El Detalle que faltaba

Sé que andas por ahí invitando a pecar, convidandome algo de ti, sin conocer realmente tus límites. Sé que llevas una ligera libertad para correr a velocidades emocionantes, exitantes. La idea se te escapa por los sueños, por las noches, mientras el calor acaba en el sudor que derramas entre sábanas. Sé que seras, luego, el motivo del olvido y tendrás que cubrir la ausencia por otros lares, la necesidad, el deseo que va conquistando tu cuerpo poco explorado. Sé que existe un quizás para ti, un tal vez, que te permita seguir los caminos ocultos. Pasajes que se van abriendo. Jugaras con tu atrevimiento y me dejaras irte interpretando de a pocos, de a muchos, según como anden tus deseos, tus ganas de no ir perdiendo el tiempo y aprovechar esa línea anexada que puede haber cuando existe la codificación del mensaje, tu mensaje, la interpretación del bullcio, la sonrisa, la mirada, tu silencio, la cercanía, esa amistad extraviada, ese pecado maldito, bendito. Sé que tú sabes, quizás ahi este el detalle que faltaba.

10 de octubre de 2010

Pretendiente

Soy mejor como pretendiente que como novio, quizás debí decírtelo hace mucho tiempo, pero eso habría arruinado mi estrategia, ya sabes, después de todo fui el mejor pretendiente de todos los que tuviste, por algo conseguí lo que ellos te reclamaban. Ya después nunca nos imaginamos que las cosas saldrían así, solo sé que fui un buen pretendiente, que siempre estuve ahí para abrirte las puertas de la oficina, que sincronice mi horario a tu rutina, que supe colarme entre tus amistades, generarme los momentos para ganarme alguna mirada que se resbalaba por tu espalda y caía a mis pies y sonreírte y comprobar con miedo que me sonreías y que también tenias miedo. Fui un buen pretendiente, sabia cual era mi labor, de aguardar en la esquina un encuentro casual creado tras muchas noches de cálculo y compartir una vereda roja deshojando temas escogidos al azar también, sabía anochecer viendo una foto que te robe desprevenida, donde me sonreías cómplice sin darte cuenta, supe llenar mis sueños con tu cuello y esa cadenita de plata que cubría su desnudes, supe tropezar tus manos con las mías y hasta supe memorizar de casualidad tu poema favorito para nuestro primer beso. Pero luego me cambiaron las reglas del juego, y tenía que luchar en terrenos desconocidos para mí y mis teorías de excelente pretendiente, fallé como amigo, respondí a tus suspiros con historias falsas e impresionantes, nadie me enseñó cómo ganarme a tus padres, no sabía qué hacer con tus ataques de ira, como responder a tus llamados de auxilio, te fallé en la cama, jamás pudimos negociar una estrategia contra ataques de celos. Soy mejor como pretendiente que como novio, quizás debí decírtelo hace mucho tiempo, ahora veamos cómo me va como ex.

25 de septiembre de 2010

Azar

Encontré whisky cuando buscaba té,
Como encontrar dinero en los bolsillos de un pantalón que olvide hace tiempo,
Como levantarme con una resaca insoportable y la chica más guapa de la fiesta a mi costado,
Como sentarse sobre un celular último modelo en el taxi de regreso a casa
Como contestar el teléfono y encontrarte al otro lado de la línea.

Encontré hielo cuando buscaba azúcar,
Como encontrar el deseado ascenso en una reunión de puntualidad,
Como sacar 20 en un sustitutorio,
Como colarse desde Tribuna hasta Platinum,
Como encenderlo un cigarro a Sabina en un bar.

Ahora, si me traen una botella de guaraná,
Unas cerezas para algún experimento de barman,
Dos o tres cajetillas de Lucky Strike,
Y sobre todo si los traes tú,
Podremos olvidar que la noche está perdida y soñolienta
Que el plan era dormirse entre sollozos y lamentaciones,
Que no te has ido, que no hubo despedida esta mañana.

19 de septiembre de 2010

El cielo es el límite

Se trata de reirse un poco de si mismo

Ya es el momento, quizás por fin sea hora de actuar, ponerme mi mejor camisa y decir “señor deme un par de huevos por favor, que me hacen falta”. Quizás ya llegó el reloj a mi hora, y es el tiempo propicio para la caminata en ascenso hacia otro cielo por encima del techo bajo el que me encerré; quizás, madre mía, no sea más un manojo de promesas sin cumplir; quizás, amigos míos, les de los empleos que les prometí al terminar la secundaría, quizás, mi amor, nuestro hijo pueda nacer en una clínica de París, y llamarse en francés con apellido piurano, o quizás hasta eso se podría mejorar con algunos ceros más en la cuenta bancaria. Quién sabe, tal vez solo basta con que desempolve algunas buenas costumbres, saque un hambre nuevo e insaciable por más y más, como un inversionista en la cresta de la ola, quizás coja esos huevos que me compré y pida un mejor sueldo, o mejor un ascenso, eso es, un ascenso, yo no estoy hecho para mi presente, yo no pasé lo que pasé para pelearme por tu parachoque, yo no me amanecía econométricamente para rebajarte la factura por tu llanta de repuesto, yo no estudié cálculo dinámico para armar las cajas del archivo (primero el fondo, después la tapa), yo no estoy con mi título aun brilloso para que me digas “hijito”, “Giancito”, “niño”, “ey tú trae eso para acá”, yo no quiero que me den la peor computadora de la oficina, yo no estoy para quemar mis días resolviendo los errores de conductores suicidas, yo no quiero vivir nadando entre autitos chocadores, ya no quiero saber cómo llegó eso a tu parabrisas, yo no estoy para evaluar choques de autos, yo quiero más, yo quiero llegar más alto, el cielo es el límite, merezco soñar más alto, pasar el techo falso de mi oficina, quiero llegar más alto, ya no quiero trabajar en seguro de autos, ahora mejor voy a trabajar en seguro de aviones.

6 de septiembre de 2010

Volver

Todas las calles guardan un secreto, sobre todo las calles donde crecí, aprendí y olvidé las cosas que me quisieron enseñar, como mis viejas callecitas de la adolescencia donde alguna vez terminé mal una pelea o el portón de la fábrica donde fallé tantos goles imposibles. Todos los caminos se vuelven a pisar dos veces en la vida, ya sea por voluntad propia o por algún pretexto perdido en las excusas de la rutina que hoy me hacen volver. Todas mis calles guardan un dolor, como el umbral de su puerta, por donde pasaba cada mañana para esperarla salir con el cabello castaño recién bañado y su falda a cuadros muy pequeña, mientras yo ensayaba una mueca de casualidad para su umbral y trataba de convencerla todo los días de que teníamos el mismo destino, que ibamos a la misma escuela, y que no me molestaba desviarme 30 minutos diarios de mi ruta para pasar a la misma coincidente hora por su casa.

Hay algunas canciones que le recuerdan rutas a nuestros pies, como ese Volver de Gardel, y no fue apropósito lo juró, fue culpa de mi reproductor musical, y ya luego no pude evitarlo, bajarme en ese viejo paradero donde antes solía leer los encabezados sin comprar nada, pasar por la nueva fachada de mi antiguo hogar, revisar los escondites infalibles a la hora del juego, buscar algún rastro de mi rayuela en la acera. Seguir directo mi camino ritual hasta su casa, mirar de reojo la silla donde la espere, entrar a la panadería desde donde vigilaba que se abriera su puerta y saliera para dejarme acompañarla en ese camino edénico y tartamudo que duraba algunas horas para mi, algunos minutos para ella, donde quizás algún día me atrevía más y fingía tropezarme torpemente para caer a su costado, o inventaba que tenía algo en el cabello para poder desenredar un rayo de sol matutino que se le había quedado prendido en un costado. O la esquina donde quizás se me ocurrió invitarla por primera vez al cine con mis propinas de escolar, o la curva donde quedó escondido mi miedo a morir desangrado en sus pies diciéndole que solo vivía para ella, para acompañarla en las mañanas y soñar todas las noches planeando el día siguiente.

Así los vientos de otros tiempos mejores cambiaron nuestros rumbos, hasta que esa canción me trajo hasta aquí, por aquello de volver, y entre que compraba una empanada de esas que comía de joven cuando se tardaba en salir, la canción de Gardel en mis oídos seguía sonando y quizás tenía razón, y tal vez veinte años no son nada, y podría demostrarle a la vendedora que me había reconocido con lástima que no es tan malo vivir con el alma atrapa en un recuerdo, y que ya no tengo miedo del encuentro, que ya no quiero torturarme todas las noches con futuros inventados y castaños, quizás, quizás aun hay esperanzas, a menos que no sea su sobrino el bebe que lleva en brazos por esa calle que va camino a la escuela.

30 de agosto de 2010

Comunicación

No hay porque preocupar. Yo sólo quería decir alguna palabras hoy, pero bueno dilo tú. No te quiero interrumpir, dime que pasa. Disculpa que me ría pero acabo de recordar lo que hizo Carlos, lo hubieras visto, realmente es un payaso y creo que nato jajaja, pero dime que pasa, porque esa cara. Recuerdo haberte visto así la vez que saliste mal en un examen ¿volviste a jalar? ya bueno, no te interrumpo, dime que pasó. Pero en verdad tu rostro está un poco pálido. Te acuerdas cuando fuimos de viaje a las alturas y tú no podías ya ni caminar, pareciera que estuviéramos ahí y ya me estás empezando a preocupar. ¿No tienes algo que decirme? Tu mirada se ve extraña y ya estas empezando a fruncir de nuevo la ceja. Te dije que te queda hermoso, lo sé, es curioso que lo provoque, pero créame no es intencional, es natural. Creo que te provoco los estados opuestos del ánimo. Por cierto la vez pasada mis amigos me decían que yo siempre tenía la última palabra en nuestra relación...Sí mi amor, jajaja. No te causa risa, ah verdad me ibas a contar algo importante, esta bien ya no te interrumpo, prometo quedarme callado. Mi madre me decía eso cuando entraba a la iglesia. Hijo prométeme que no le vas a andar preguntando al padre en plena misa cómo se llama tal santito o porque tal milagrito no te ha cumplido el divino señor. Y yo siempre prometía como te lo prometo ahora, aunque debo confesar y terminaba confesándome para poder preguntarle ahí al curita sobre mis milagros incumplidos o las ovejas rehenes que tenía de mi nacimiento, pero bueno cuénteme usted....¿Dónde estas? Carajo me quede dormido.

Puntos Suspensivos

Sólo quería poner el punto punto suspensivo, por eso regrese. Luego de escribirle varias veces y recomponer el escrito de tantos borradores, no pude percatarme de esa falla. Ya sabe, anduve distraído, queriendo componer el mundo en un viejo cuento que perdí en nuestro segundo paseo, mientras iba ideando escribirte un poco más, no tanto menos.

Perdone la intromisión en sus sueños, que le robe algunos pensamientos, es que ando buscando la forma de ponerle esos puntos suspensivos. Ya sabe para aclarar la ausencia de aquello que falta descubrir. Algunos argumentos más que se sueltan en la mesa, esas barajas que se pierden en las mangas.

Buscando todos los motivos, puede que suene algo metiche, fetiche, pero no quiero robarle los puntos suspensivos a la historia, ni ponérselo a usted, aunque debo confesar que le quedaría muy bonito, un vestido de puntos suspensivos o tres lunares traviesos por su cuello. Se lo imagina, me permite hacerlo. Dejar inconclusa aquella historia para regresar a terminarla luego, cuando el tiempo no nos reclame tanto y nuestros puntos sean los rastros que dejamos.

3 de agosto de 2010

No me gusta este recuerdo

No me gusta este recuerdo, pero tengo que enfrentarlo, olerlo, sentirlo y sufrirlo siempre, cuando es de día allá afuera, no sé desde hace cuantos veranos. No me gusta este recuerdo, y detesto su sabor salado en mis labios cortados, odio invocarlo en mis heridas y en mis cicatrices. Paso el día elaborando estrategias que me hubieran permitido escapar, las cosas que pudieron haberme salvado de este recuerdo, cada día en el rincón más gastado de mi estancia sigo creyendo tener la estrategia infalible que me evitaría ese momento, el rayo de iluminación que me hiciera desconfiar de esa compañía, la ayuda de un efectivo policial, huir cuando sabia en lo que me metía, luchar y hasta morir para no tener que enfrentar esta maldita sombra que llena mis pasos perdidos, que se mete entre los minutos que deja y que esperan a mi reloj, que pasa a ser todo lo que tengo, un recuerdo que atormenta, que me priva de nuevas memorias.

No me gusta este recuerdo, y es lo único que tengo, es la cruz bajo mi cama y es la noche que ya llega, disfrazada de saco negro que ponen sobre mi cabeza mientras me llevan a una profundidad más oscura cada verano que pasa, y ellos siguen exigiendo saber algo que yo no sé, y ellos cada vez tienen menos paciencia, y el dolor a veces renace en las mismas heridas, y a veces crece estruendosamente en partes desconocidas, y el dolor será un recuerdo, tan solo un maldito recuerdo que no me va a gustar, mañana por la mañana mientras es de día allá afuera.

11 de julio de 2010

Perugia

Y si me largo a Perugia a escribir, si me llevo mi vieja libreta y mi lápiz mordido. Si recojo mi maleta del viaje anterior y me largo de una buena vez. A componer escritos mal dados, a inventar nuevas versiones de una historia y satisfacer mis dedos con los borrones de la creación.

Si me recibes en Perugia viejo amigo nuevo, prometo escribir a tu lado en completo silencio y dejar que esta vez tú dirijas el tour mientras voy llenando las líneas de mucha imaginación y dejaré que los cuentos se vayan mezclando o alejando según el estado de ánimos de los personajes, ya sabes, cuestión de no querer incomodar y caer siempre bien, también a los creados, a los personaje mal inventados y bien encontrados, con casualidades y búsquedas entre momentos que nos suelten los momentos que Perugia nos pueda entregar.

Si me largo a Perugia a escribir y nos mandamos el atrevimiento de mandarlos a la mierda a las vocaciones impertinentes que joden de tanta rutina. Prometo regresar con más de 100 mentiras y dos novelas con destino publicación y alguno que otro poema esquivo y una que otra dedicación, prometo vaciar la maleta de tanta ropa y llenarla de mucho papel de borrón y creación heroica.

Si regreso con la maleta del viaje anterior y la libreta llena de hojas en blanco, habrá que recordarles que Perugia anda algo lejano y entre novelas pude haberme confundido porque quizás siempre anduve en Perú.