24 de octubre de 2010

Sus espejos

La gente pasa totalmente distraída. Es un mar humano que se mezclan en las calles, apenas si te descubres, apenas si te reconoces entre los ventanales de los bancos o en las miradas desconcertadas de los transeúntes. Es raro, lo sabes, es raro seguir el mismo camino, los mismo paraderos de aquella ciudad.
Ahora llevas una chalina por el frío, un libro te acompaña. Acabas de recordar una vieja canción que algún recuerdo propició. Sonríes, sabes que en la otra esquina el bullicio es más notorio, pero esta calle mantiene a los lejanos, algo cercanos. Buscas jugar y te confundes entre la multitud ¿Dónde estoy? Sabes bien donde estoy. Me distraía al no mirar la otra acera, no contar los pasos en cada cuadrado, no repetir el tropiezo con el mismo bache que dejaron al construir la nueva pista de la modernidad. ¿Me permites? Cuando mires al espejo y no te encuentres, no te preocupes, quizás andas extraviada entre la multitud, quizás confundiste el camino, quizás es el apuro de los días, quizás te robaron la mañana, quizás falte más motivos. La ciudad sin presentación se sigue mostrando de a pasos y miradas cansadas y te refleja el charco de la calle garuada. Su arco iris tímido muestra las tonalidades de grises que apenas puede soltar. Y cada vez que te olvidas te vuelves a encontrar entre ventanales de los bancos, charcos de garúa y ojos de lunes.

23 de octubre de 2010

El Detalle que faltaba

Sé que andas por ahí invitando a pecar, convidandome algo de ti, sin conocer realmente tus límites. Sé que llevas una ligera libertad para correr a velocidades emocionantes, exitantes. La idea se te escapa por los sueños, por las noches, mientras el calor acaba en el sudor que derramas entre sábanas. Sé que seras, luego, el motivo del olvido y tendrás que cubrir la ausencia por otros lares, la necesidad, el deseo que va conquistando tu cuerpo poco explorado. Sé que existe un quizás para ti, un tal vez, que te permita seguir los caminos ocultos. Pasajes que se van abriendo. Jugaras con tu atrevimiento y me dejaras irte interpretando de a pocos, de a muchos, según como anden tus deseos, tus ganas de no ir perdiendo el tiempo y aprovechar esa línea anexada que puede haber cuando existe la codificación del mensaje, tu mensaje, la interpretación del bullcio, la sonrisa, la mirada, tu silencio, la cercanía, esa amistad extraviada, ese pecado maldito, bendito. Sé que tú sabes, quizás ahi este el detalle que faltaba.

10 de octubre de 2010

Pretendiente

Soy mejor como pretendiente que como novio, quizás debí decírtelo hace mucho tiempo, pero eso habría arruinado mi estrategia, ya sabes, después de todo fui el mejor pretendiente de todos los que tuviste, por algo conseguí lo que ellos te reclamaban. Ya después nunca nos imaginamos que las cosas saldrían así, solo sé que fui un buen pretendiente, que siempre estuve ahí para abrirte las puertas de la oficina, que sincronice mi horario a tu rutina, que supe colarme entre tus amistades, generarme los momentos para ganarme alguna mirada que se resbalaba por tu espalda y caía a mis pies y sonreírte y comprobar con miedo que me sonreías y que también tenias miedo. Fui un buen pretendiente, sabia cual era mi labor, de aguardar en la esquina un encuentro casual creado tras muchas noches de cálculo y compartir una vereda roja deshojando temas escogidos al azar también, sabía anochecer viendo una foto que te robe desprevenida, donde me sonreías cómplice sin darte cuenta, supe llenar mis sueños con tu cuello y esa cadenita de plata que cubría su desnudes, supe tropezar tus manos con las mías y hasta supe memorizar de casualidad tu poema favorito para nuestro primer beso. Pero luego me cambiaron las reglas del juego, y tenía que luchar en terrenos desconocidos para mí y mis teorías de excelente pretendiente, fallé como amigo, respondí a tus suspiros con historias falsas e impresionantes, nadie me enseñó cómo ganarme a tus padres, no sabía qué hacer con tus ataques de ira, como responder a tus llamados de auxilio, te fallé en la cama, jamás pudimos negociar una estrategia contra ataques de celos. Soy mejor como pretendiente que como novio, quizás debí decírtelo hace mucho tiempo, ahora veamos cómo me va como ex.

25 de septiembre de 2010

Azar

Encontré whisky cuando buscaba té,
Como encontrar dinero en los bolsillos de un pantalón que olvide hace tiempo,
Como levantarme con una resaca insoportable y la chica más guapa de la fiesta a mi costado,
Como sentarse sobre un celular último modelo en el taxi de regreso a casa
Como contestar el teléfono y encontrarte al otro lado de la línea.

Encontré hielo cuando buscaba azúcar,
Como encontrar el deseado ascenso en una reunión de puntualidad,
Como sacar 20 en un sustitutorio,
Como colarse desde Tribuna hasta Platinum,
Como encenderlo un cigarro a Sabina en un bar.

Ahora, si me traen una botella de guaraná,
Unas cerezas para algún experimento de barman,
Dos o tres cajetillas de Lucky Strike,
Y sobre todo si los traes tú,
Podremos olvidar que la noche está perdida y soñolienta
Que el plan era dormirse entre sollozos y lamentaciones,
Que no te has ido, que no hubo despedida esta mañana.

19 de septiembre de 2010

El cielo es el límite

Se trata de reirse un poco de si mismo

Ya es el momento, quizás por fin sea hora de actuar, ponerme mi mejor camisa y decir “señor deme un par de huevos por favor, que me hacen falta”. Quizás ya llegó el reloj a mi hora, y es el tiempo propicio para la caminata en ascenso hacia otro cielo por encima del techo bajo el que me encerré; quizás, madre mía, no sea más un manojo de promesas sin cumplir; quizás, amigos míos, les de los empleos que les prometí al terminar la secundaría, quizás, mi amor, nuestro hijo pueda nacer en una clínica de París, y llamarse en francés con apellido piurano, o quizás hasta eso se podría mejorar con algunos ceros más en la cuenta bancaria. Quién sabe, tal vez solo basta con que desempolve algunas buenas costumbres, saque un hambre nuevo e insaciable por más y más, como un inversionista en la cresta de la ola, quizás coja esos huevos que me compré y pida un mejor sueldo, o mejor un ascenso, eso es, un ascenso, yo no estoy hecho para mi presente, yo no pasé lo que pasé para pelearme por tu parachoque, yo no me amanecía econométricamente para rebajarte la factura por tu llanta de repuesto, yo no estudié cálculo dinámico para armar las cajas del archivo (primero el fondo, después la tapa), yo no estoy con mi título aun brilloso para que me digas “hijito”, “Giancito”, “niño”, “ey tú trae eso para acá”, yo no quiero que me den la peor computadora de la oficina, yo no estoy para quemar mis días resolviendo los errores de conductores suicidas, yo no quiero vivir nadando entre autitos chocadores, ya no quiero saber cómo llegó eso a tu parabrisas, yo no estoy para evaluar choques de autos, yo quiero más, yo quiero llegar más alto, el cielo es el límite, merezco soñar más alto, pasar el techo falso de mi oficina, quiero llegar más alto, ya no quiero trabajar en seguro de autos, ahora mejor voy a trabajar en seguro de aviones.

6 de septiembre de 2010

Volver

Todas las calles guardan un secreto, sobre todo las calles donde crecí, aprendí y olvidé las cosas que me quisieron enseñar, como mis viejas callecitas de la adolescencia donde alguna vez terminé mal una pelea o el portón de la fábrica donde fallé tantos goles imposibles. Todos los caminos se vuelven a pisar dos veces en la vida, ya sea por voluntad propia o por algún pretexto perdido en las excusas de la rutina que hoy me hacen volver. Todas mis calles guardan un dolor, como el umbral de su puerta, por donde pasaba cada mañana para esperarla salir con el cabello castaño recién bañado y su falda a cuadros muy pequeña, mientras yo ensayaba una mueca de casualidad para su umbral y trataba de convencerla todo los días de que teníamos el mismo destino, que ibamos a la misma escuela, y que no me molestaba desviarme 30 minutos diarios de mi ruta para pasar a la misma coincidente hora por su casa.

Hay algunas canciones que le recuerdan rutas a nuestros pies, como ese Volver de Gardel, y no fue apropósito lo juró, fue culpa de mi reproductor musical, y ya luego no pude evitarlo, bajarme en ese viejo paradero donde antes solía leer los encabezados sin comprar nada, pasar por la nueva fachada de mi antiguo hogar, revisar los escondites infalibles a la hora del juego, buscar algún rastro de mi rayuela en la acera. Seguir directo mi camino ritual hasta su casa, mirar de reojo la silla donde la espere, entrar a la panadería desde donde vigilaba que se abriera su puerta y saliera para dejarme acompañarla en ese camino edénico y tartamudo que duraba algunas horas para mi, algunos minutos para ella, donde quizás algún día me atrevía más y fingía tropezarme torpemente para caer a su costado, o inventaba que tenía algo en el cabello para poder desenredar un rayo de sol matutino que se le había quedado prendido en un costado. O la esquina donde quizás se me ocurrió invitarla por primera vez al cine con mis propinas de escolar, o la curva donde quedó escondido mi miedo a morir desangrado en sus pies diciéndole que solo vivía para ella, para acompañarla en las mañanas y soñar todas las noches planeando el día siguiente.

Así los vientos de otros tiempos mejores cambiaron nuestros rumbos, hasta que esa canción me trajo hasta aquí, por aquello de volver, y entre que compraba una empanada de esas que comía de joven cuando se tardaba en salir, la canción de Gardel en mis oídos seguía sonando y quizás tenía razón, y tal vez veinte años no son nada, y podría demostrarle a la vendedora que me había reconocido con lástima que no es tan malo vivir con el alma atrapa en un recuerdo, y que ya no tengo miedo del encuentro, que ya no quiero torturarme todas las noches con futuros inventados y castaños, quizás, quizás aun hay esperanzas, a menos que no sea su sobrino el bebe que lleva en brazos por esa calle que va camino a la escuela.

30 de agosto de 2010

Comunicación

No hay porque preocupar. Yo sólo quería decir alguna palabras hoy, pero bueno dilo tú. No te quiero interrumpir, dime que pasa. Disculpa que me ría pero acabo de recordar lo que hizo Carlos, lo hubieras visto, realmente es un payaso y creo que nato jajaja, pero dime que pasa, porque esa cara. Recuerdo haberte visto así la vez que saliste mal en un examen ¿volviste a jalar? ya bueno, no te interrumpo, dime que pasó. Pero en verdad tu rostro está un poco pálido. Te acuerdas cuando fuimos de viaje a las alturas y tú no podías ya ni caminar, pareciera que estuviéramos ahí y ya me estás empezando a preocupar. ¿No tienes algo que decirme? Tu mirada se ve extraña y ya estas empezando a fruncir de nuevo la ceja. Te dije que te queda hermoso, lo sé, es curioso que lo provoque, pero créame no es intencional, es natural. Creo que te provoco los estados opuestos del ánimo. Por cierto la vez pasada mis amigos me decían que yo siempre tenía la última palabra en nuestra relación...Sí mi amor, jajaja. No te causa risa, ah verdad me ibas a contar algo importante, esta bien ya no te interrumpo, prometo quedarme callado. Mi madre me decía eso cuando entraba a la iglesia. Hijo prométeme que no le vas a andar preguntando al padre en plena misa cómo se llama tal santito o porque tal milagrito no te ha cumplido el divino señor. Y yo siempre prometía como te lo prometo ahora, aunque debo confesar y terminaba confesándome para poder preguntarle ahí al curita sobre mis milagros incumplidos o las ovejas rehenes que tenía de mi nacimiento, pero bueno cuénteme usted....¿Dónde estas? Carajo me quede dormido.

Puntos Suspensivos

Sólo quería poner el punto punto suspensivo, por eso regrese. Luego de escribirle varias veces y recomponer el escrito de tantos borradores, no pude percatarme de esa falla. Ya sabe, anduve distraído, queriendo componer el mundo en un viejo cuento que perdí en nuestro segundo paseo, mientras iba ideando escribirte un poco más, no tanto menos.

Perdone la intromisión en sus sueños, que le robe algunos pensamientos, es que ando buscando la forma de ponerle esos puntos suspensivos. Ya sabe para aclarar la ausencia de aquello que falta descubrir. Algunos argumentos más que se sueltan en la mesa, esas barajas que se pierden en las mangas.

Buscando todos los motivos, puede que suene algo metiche, fetiche, pero no quiero robarle los puntos suspensivos a la historia, ni ponérselo a usted, aunque debo confesar que le quedaría muy bonito, un vestido de puntos suspensivos o tres lunares traviesos por su cuello. Se lo imagina, me permite hacerlo. Dejar inconclusa aquella historia para regresar a terminarla luego, cuando el tiempo no nos reclame tanto y nuestros puntos sean los rastros que dejamos.

3 de agosto de 2010

No me gusta este recuerdo

No me gusta este recuerdo, pero tengo que enfrentarlo, olerlo, sentirlo y sufrirlo siempre, cuando es de día allá afuera, no sé desde hace cuantos veranos. No me gusta este recuerdo, y detesto su sabor salado en mis labios cortados, odio invocarlo en mis heridas y en mis cicatrices. Paso el día elaborando estrategias que me hubieran permitido escapar, las cosas que pudieron haberme salvado de este recuerdo, cada día en el rincón más gastado de mi estancia sigo creyendo tener la estrategia infalible que me evitaría ese momento, el rayo de iluminación que me hiciera desconfiar de esa compañía, la ayuda de un efectivo policial, huir cuando sabia en lo que me metía, luchar y hasta morir para no tener que enfrentar esta maldita sombra que llena mis pasos perdidos, que se mete entre los minutos que deja y que esperan a mi reloj, que pasa a ser todo lo que tengo, un recuerdo que atormenta, que me priva de nuevas memorias.

No me gusta este recuerdo, y es lo único que tengo, es la cruz bajo mi cama y es la noche que ya llega, disfrazada de saco negro que ponen sobre mi cabeza mientras me llevan a una profundidad más oscura cada verano que pasa, y ellos siguen exigiendo saber algo que yo no sé, y ellos cada vez tienen menos paciencia, y el dolor a veces renace en las mismas heridas, y a veces crece estruendosamente en partes desconocidas, y el dolor será un recuerdo, tan solo un maldito recuerdo que no me va a gustar, mañana por la mañana mientras es de día allá afuera.

11 de julio de 2010

Perugia

Y si me largo a Perugia a escribir, si me llevo mi vieja libreta y mi lápiz mordido. Si recojo mi maleta del viaje anterior y me largo de una buena vez. A componer escritos mal dados, a inventar nuevas versiones de una historia y satisfacer mis dedos con los borrones de la creación.

Si me recibes en Perugia viejo amigo nuevo, prometo escribir a tu lado en completo silencio y dejar que esta vez tú dirijas el tour mientras voy llenando las líneas de mucha imaginación y dejaré que los cuentos se vayan mezclando o alejando según el estado de ánimos de los personajes, ya sabes, cuestión de no querer incomodar y caer siempre bien, también a los creados, a los personaje mal inventados y bien encontrados, con casualidades y búsquedas entre momentos que nos suelten los momentos que Perugia nos pueda entregar.

Si me largo a Perugia a escribir y nos mandamos el atrevimiento de mandarlos a la mierda a las vocaciones impertinentes que joden de tanta rutina. Prometo regresar con más de 100 mentiras y dos novelas con destino publicación y alguno que otro poema esquivo y una que otra dedicación, prometo vaciar la maleta de tanta ropa y llenarla de mucho papel de borrón y creación heroica.

Si regreso con la maleta del viaje anterior y la libreta llena de hojas en blanco, habrá que recordarles que Perugia anda algo lejano y entre novelas pude haberme confundido porque quizás siempre anduve en Perú.

25 de junio de 2010

Con algún quizás

Y ahora que el olvido se esconde en el remojo y que andamos un poco alquilados, algo distraidos un tanto permitidos. Ahora que viene el vino prestado, el salud compartido, la mujer presentada y la sonrisas fingidas. Tendremos explicar la mañana justificada, el despertar de los despertares o algún cantar de los juglares o unas mañanitas sin cantar.

Pero vamos acomodando los lentes, sacudiendo el viejo jean, alguna mochila que carga las viejas notas, papelitos de escritos perdidos, sonetos que recitan los versos, cuentitos que quedaron sin narrar. Y llevemos los motivos si remiendo ni te miento, busquemos las excusas que cuenten mejor tu historia, digamos que te encomiendo mi espíritu o mis libros o tus motivos que tienen un ojalá.

Mientras tanto escribamos las nuevas líneas, rimas y versos que nos ajusten la corbata, que acomoden los botones para el escritor, la publicación de la vieja trova y la melodía de la novela corta. Tendremos que componer la vieja bicicleta y lanzarce al viento viejo que pasa de nuevo, sostener el tramonto en la espalda y cantar a coro en el malecón.

Tendremos que remediar los remedos y ajustar los remiendo antes de que alguien nos ande sonriendo sin descubrir el por qué; de la quiebra de razones, la soltura de las pasiones que llevan queriendo querer ese quizás.

24 de junio de 2010

Princesa

Con todo mi cariño
nadie se ofenda

A veces siento que no entiendo a papá, o que él no me entiende, ya sé, soy su única hija entre tanto desadaptado de mis hermanos, sigo siendo su princesa como cuando tenía 5, su canción de Lucho Barrios que cantan todos los padres. Pero a veces simplemente no lo entiendo, o será como dicen mis libros de psicología que en la adolescencia todos somos rebeldes, y las hormonas y el acné y el vello que crece muy abajo, y el calor y las nuevas sensaciones, y no sigo más porque ya es pecado. O será que los cambios se dan en ellos, que ellos temen perder a sus princesas, que ya no tendrán a quien cantarles boleros antiguos, que vendrá otro príncipe joven con guitarra rockanrolera a llevársela por la ventana hacia una tierra sin futuro, sin oficio ni beneficio, con el pelo largo y los modales por los suelos, pero que pudiste haberle visto a ese muchacho hijita.

A veces no lo entiendo, sé que me quiere, se preocupa por mí, me dice que cuide mi dieta, que ya no soy una niña, que debo estar siempre presentable en el escaparate del amor, y por eso peleamos, como cuando encuentra envolturas de caramelos debajo de mi colchón, o sobrecitos de “princesa” en mi mochila, y otra vez el sermón de la dieta, la figura, el escaparate, y para colmo los bombones te los regalo el rockerito ese, a quien le habrá robado el dinero. Y el día siguiente es domingo, perdón mi vida, vamos a misa, después te compro unas donas.


A veces no sé si lo entiendo, quisiera contarte tantas cosas, en mamá no confió porque finalmente te lo contará a ti, horrorizada y nerviosa como cuando habla de mi prima que se casa en 15 días y nos aviso ayer. Papá a veces quisiera hablarte de él también, quisiera que lo conozcas como yo lo conozco, y que sepas que su guitarra no es rockanrolera, es de protesta, y que habla como él solo sabe, y que es como él solo sabe, todo es tan grave, tan crucial con él, me hizo escuchar a Fito Paez, me enamoro con canciones de Sabina, no le importa lo de la dieta, no le importa que me gusten mucho los bombones, quisiera que lo conocieras papá.

A veces quisiera que me entiendas, pero mejor me quedo callada como todos los domingos después de despegarme una hostia del paladar, y subir al asiento del copiloto en tu auto, y viajar hasta la tienda de donas, ignorando las dietas y los chicos de pelo largo, escuchar la radio, viajar a tu lado como a los 5 años, y escuchar boleros de Lucho Barrios, Blues de Sinatra, tus rancheras de José Alfredo Jiménez, tangos de Gardel y ¡¿eso que estas cantando es Sabina papá?! Claro que sí princesa, si con esa canción besé por primera vez a tu madre.

5 de junio de 2010

Desfasado

Llegó el día, 2 de junio, Vinagre y Rosas en Lima, Joaquín Sabina en el escenario. Las hojas de mi calendario por fin me han llevado a estas horas, por fin cayó la flecha en la marca roja del almanaque. En el trabajo dije que tenía examen, en el examen dije que tenía trabajo, me olvide de mis amigos y de mi novia, naufrague solito hasta mi isla llamada Platinum asiento 46. Llego la hora, y anoche no pude dormir muy bien, en la oficina anduve medio despistado, en la universidad no dieron razón de mi, traté de recuperar un poco de sueño camino a casa, mis audífonos sonaban esperanzados en que cantes esas misma canciones más tarde. Todo estaba listo, tenía mi polo de la gira, una cámara fotográfica prestada para registrar todas las notas de una canción, mi entrada temblando nerviosa por la emoción, hay que inmortalizar el momento me dije y con la cámara prestada me saqué unas fotos a lo Steve Mcqueen, unas también para la entradita que pronto será desglosada y otra junto a la entrada del concierto de Fito Páez por aquello de lo de “Enemigos Íntimos”. Mejor me voy un poco borrachito, porque allá todo ha de estar muy caro, muy precio Platinum, sí, mejor otra chelita más y también me voy comiendo algo, ya se va acercando la hora, una chelita más porsiacaso, ya se hace tarde, ni tiempo para acomodarse el sombrero, ni para acomodarse bien la entrada arranchada de la mesa, correr hasta el paradero, saltar a una combi suicida, ya la hora se acerca, ya bajan en el Jockey Club, ya caminas inmensos jardines hacia tu destino, ya estas cerca Sabina, ya ves el cartel Platinum de Platinum, ya te piden tu entrada, ya la sacas de tu billetera, ya se la das al de la puerta, ya te dicen “el concierto de Fito Páez fue el año pasado”.

19 de mayo de 2010

Rima y verso

Perdona, si me disculpo y para no perder la rima la disculpo. Sólo quiero un par de motivos aunque no pertenezca al club de los que le sobran los motivos. No se preocupe, usted reste, que yo multiplico. No los peces, ni los panes. Aunque el milagro del vino no nos caería mal. Ya sabe para entrar en mejor ritmo. Usted brinda por los olvidos y yo por los amigos. Que vengan aunque no haya mandado el croquis. Y que se pierdan, si andamos los dos algo perdidos o escondidos, según el lado por donde lo mire. Claro, yo. No usted. Ya sabe, soy miope y me aprendí el dicho al revés por lo que miro con las manos y me pierdo entre sus ojos. Aunque no creo que termina así y yo tampoco he terminado. No sé si me explico. No sé si me entiende y mucho menos si somos entendidos. Lo importante es el mensaje, así que no mate al mensajero y menos al que hace el coro. Como le dije, empecemos por el principio, que no me gustan los finales, que saben a despedida y no tengo mucho antojo. Ya sabe, no ando con apetitos, aunque usted en dibujitos me los llevo todos, como estampitas. Viejas fotografías del tiempo ¿mi último sueño? Ser su fotógrafo y que usted ande soñando conmigo. Si quiere le sacamos la del fotógrafo y me voy hospedando en su sueño. Que le parece por un buen tiempo. El que creamos sea conveniente para que usted no se distraiga y no se le pierda la sonrisa y no me pierda también en ella. Usted sabe. No me conozco el camino de regreso y mucho menos el de salida. Por ahora permita el confesionario y que nos condonen alguna deuda. Usted sabe que entre rima y verso la vida es más sabrosa.

12 de mayo de 2010

Vamos pal Sur

¿Y ahora mi general? ¿Qué vamos hacer?
Aceptar la derrota.
Pero siguen cayendo las balas.
Habrá que poner el pecho.
¿Así desangremos?
Sí.
¿Así siga habiendo bajas?
Sí.
Pero esto durará hasta la llegada de la aurora
Lo sé.
¿Podremos soportarlo?
Tendremos que hacerlo.
¿Capitulamos mi general?
Hace mucho tiempo.
¿Este es nuestro Waterloo?
Lo fue
¿Era necesario llegar hasta acá?
No, pero lo hicimos y ahora debemos aceptar la consecuencias.
Mi general, acepta el consejo de un cabo en servicio?
Dígame
No es necesario que siga mirando las ruinas de esta batalla. Miremos las medidas que vayamos a tomar a partir de ahora.
Lo haremos.
Qué le parece si nos quedamos a dialogar.
No, ya está decidido. Nos vamos.
¿Hacía donde nos vamos mi General?
Nos vamos pal sur.